Cualquier época es buena para visitar el norte del antiguo reino de Valencia pero durante el invierno no son raros los días en que se superan los 18º a orillas del Mediterráneo y posiblemente sea el mejor momento para descubrir, tanto su patrimonio natural, como sus muchos monumentos.
Lo primero que llama la atención de esta hermosa Costa Azahar es precisamente sus 120 kilómetros de litoral, donde destaca un lugar tan insólito como el promontorio rocoso de Peñíscola, en el que podemos explorar con tranquilidad y sin los agobios del verano la fortaleza construida por los templarios donde se refugió aquel extraordinario personaje que todos conocemos como el Papa Luna. Luego habrá que seguir la mirada atenta de los enormes acantilados de la Sierra de Irta, descubriendo playas y calas donde volver durante el verano, hasta la costa de Alcossebre, cuya población de origen árabe se refugia en el interior.
A la altura de Oropesa del Mar se nos ofrece la oportunidad de conocer el Parque Natural del Prat de Cabanes-Torreblanca, una importante zona húmeda que conserva valiosas especies vegetales y animales. A Benicassim, algo más al sur, se le conoce por sus playas y por el FIB, su famoso Festival de Música, pero fuera de temporada destaca sobre todo por su preciosa colección de villas modernistas frente al mar y por ese singular desierto de las Palmas, donde se dominan los 14 kilómetros de playas ininterrumpidas de esta costa mientras se alimenta el alma de las buenas vibraciones que emanan del centro espiritual. A lo lejos se ve el Grao de Castellón de la Plana, el lugar perfecto para alimentar el cuerpo en restaurantes como la Tasca del Puerto o en la de Rafael.
Y por qué no acercarse hasta el centro de la capital de la provincia más desconocida de nuestra costa, una ciudad llena de luz con monumentos como la Torre del Fadrí de 1598, su símbolo por antonomasia, pero también cuajada de buena arquitectura contemporánea, como el premiado Museo de Bellas Artes, obra de los arquitectos Muñón y Mansilla, el Espai d'Art Contemporani o el conjunto de volúmenes asimétricos rodeados de naranjos que Carlos Ferrater ha ideado para el Auditorio y el Palacio de Congresos. Y sin dejar todavía la costa, tampoco habría que olvidarse de Vinarós, salpicada de edificios góticos y barrocos, o Benicarló, desde donde adentrarse en ese interior mágico de la provincia de Castellón.
En muy pocos minutos se alcanza la comarca de Els Ports (un paisaje esculpido por el tiempo), cuya capital es Morella, que cuenta con uno de los conjuntos monumentales más completos de la Comunidad Valenciana. Más al interior se entra en la misteriosa Tinença de Benifassà, donde se esconde la Reserva Nacional de la Capra Hispánica de los Puertos de Beceite, pero también un monasterio recientemente restaurado. Otra de las joyas de ese paisaje interior montañoso y agreste, aunque perfectamente asequible desde la costa, es el Maestrazgo, que se extiende alrededor del macizo de Penyagolosa, vigía de esta comarca donde el turismo de salud tiene sus dos máximos exponentes en Catí (balneario de l'Avellà) y Benassal (balneario de la Font en Segures). Un buen sitio para hacer noche o tomarse un descanso es Sant Mateu, la principal población de la zona.
Más al sur, la Sierra de Espadán, declarada Parque Natural, nutre de aguas al río subterráneo San José de la Vall d'Uixó, constituyendo el río subterráneo navegable más largo de Europa. En su entorno también llama la atención un sobrecogedor bosque de alcornocales. Cada uno va a encontrar su lugar favorito. Así los amantes del arte contemporáneo no pueden perderse Villafamés y a lo mejor quedarse en alguna de sus alojamientos con encanto. El que le guste la cerámica no puede pasar por alto sin embargo el Museo de Cerámica de Alcora que recoge la herencia de la Real Fábrica del Conde de Aranda.
Los aficionados a la arqueología en cambio tienen que acercarse a la Vall d'Uxó y los que busquen arte antiguo, la Catedral de Segorbe es una referencia. Aún habría que mencionar la posibilidad recorrer el río Palancia a pie siguiendo el sonido de sus manantiales o el Mijares para luego terminar en Montanejos donde hace muy poco se ha inaugurado un balneario. Y ya que estamos en la Costa Azahar por qué no dejarse embriagar por el perfume que desprenden los inmensos campos de naranjales del sur del provincia.
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