Sopa de jazz
Cuentan que Louis Arsmtrong llegó a jurar que sería capaz de dejarse arrojar al Missisippi atado de pies y manos con tal de que antes le hubiesen permitido soplar una trompeta junto a Joe King Oliver, eso sí, después de haber compartido con él unos frijoles rojos con arroz y salchicas ahumadas con salsa criolla.

También se dice que la salsa criolla, con su sal, ajo, cebolla, tomillo, albahaca y pimentón dulce sirvió de inspiración al maestro Arsmtrong para crear maravillas como Wets End Blues... Y qué decir de su Potato Head Blues o su Cornet Chop Suey... ¡Se me hace la boca agua!
La música y la cocina. Hay una melodía en la varilla intentando llevar a punto de nieve unas claras de huevo. Hay música cuando hierve el agua, cuando se carameliza una cebolla, cuando se frie un huevo frito... La historia de la gastronomía podría dejar de escribirse con tinta de calamar para hacerlo con las notas emitidas desde un piano o un saxofón. Música y gastronomía, esa pareja de hecho inseparable: el jazz con los guisos de New Orleans; el brunch –desayuno tardío- y el gospel; los guisos gitanos y el flamenco...
Se sabe que el señor Rossini era un gourmet como pocos. Su buen paladar y entusiasmo por la gastronomía hicieron que muchos cocineros utilizaran sus composiciones como fuente de inspiración para crear algunos de los grandes platos de la historia de la gastronoomía mundial. Y, si no, ¿qué me dicen del filet de boeuf a la Rossini de Escoffier?
En esta línea de música clásica, el cocinero Joan Roca acaba de sacar un libro de recetas –Diez menús para un concierto- unidas a piezas de Bach, Mozart, Beethoven, Rossini, Verdi, Saint-Saëns, Puccini, Mahler y Todrà. El domingo pasado reviví ese acercamiento entre el brunch y la música. La cita fue en la librería A Punto. El encuentro consistió en prepararnos nuestro propio desayuno y luego comérnoslo disfrutando de música jazz en directo. Y aquí llegó la sorpresa.
Desde que se cerró –a mi parecer injustamente- el Bogui Jazz en la calle Barquillo 29 he dejado de ir con tanta frecuencia a escuchar jazz a las salas madrileñas. Por eso me fue grato descubrir a gente como la excelente pianista Marta Sánchez, el saxofonista Ariel Bringuez y la cantante Ángela Cervantes haciendo con su jazz uno de los más bellos espectáculos que haya visto un domingo de resaca en Madrid. En la librería, mientras, el resto de los asistentes se zampaba unos huevos benedictine y un bloody Mary. Desde entonces no hago más que pensar ¿qué tipo de plato haría inspirándome en el último disco de Marta Sánchez Trio –Lunas, soles, elefantes—?
Sobre el jazz y la cocina, La vuelta al mundo en 80 mundos (Tomo II) de Julio Cortázar.
A Punto (Pelayo, 60. ).
Marta Sánchez Trio (www.myspace.com/martasancheztrio).