'La perla de Vietnam', como la denominan los folletos turísticos, es la mayor isla de este país asiático, con una extensión semejante a la de Singapur o, por buscar una referencia más próxima, a la de Lanzarote.
Algo tendrá esta isla cuando tanto se la disputan Camboya y Vietnam. Durante años fue un lugar estratégico para el ejército vietnamita, pero hace ya un tiempo que ha sido abierta al turismo y así podemos descubrir ahora sus increíbles playas de arena finísima, su clima ideal, sus interminables puestas de sol y sus tupidas selvas vírgenes, protegidas por la UNESCO como Reserva de la Biosfera.
La perla de Vietnam, como la denominan los folletos turísticos, es la mayor isla de este país asiático, con una extensión semejante a la de Singapur o, por buscar una referencia más próxima, a la de Lanzarote. Tiene forma de flecha, con la base situada a sólo cuatro kilómetros de las costas de Camboya y el vértice apuntando al sur del Golfo de Tailandia. No hay en Phu Quoc carreteras propiamente dichas, sino caminos de tierra que hay que transitar con tiento entre nubes de polvo. Se trata, pues, de un lugar remoto, sin contaminar, al margen del desarrollismo que ha estropeado tantos paraísos.
Quizá por eso resulte tan atractivo como destino turístico, ya que todo lo que se descubre es genuino, desde el silencio que reina por doquier hasta la larga franja de treinta kilómetros de playa solitaria, Long Beach, que recorre un buen trecho de la costa occidental. Aquí, en las proximidades de la capital, Duong Dong, es donde se concentran la mayoría de los escasos hoteles y pequeños Resorts con que cuenta la isla.
¿Qué hacer en un lugar así? Lo mejor quizá sea lo que no hay que hacer. Nada de visitar templos, palacios ni monumentos. Una de las mejores formas de disfrutar de esta naturaleza es dejarse llevar por la corriente de sus ríos, mientras se disfruta de un paisaje verde y virginal. El más largo tiene sólo quince kilómetros, así que no se trata de hacer el descenso del Colorado, sino de flotar suavemente, corriente abajo, entre la feraz vegetación del entorno.
El buceo es una de las aficiones favoritas de los extranjeros que viven aquí, junto a la de comer por dos euros
Los amantes del buceo encontrarán en el norte fantásticos corales y una fauna marina tan variada como poco castigada. Los centros de buceo son escasos, pero están bien equipados y conocen perfectamente los mejores lugares para la inmersión. De hecho, el buceo es una de las aficiones favoritas de los extranjeros que viven aquí, junto a la de comer por dos euros los mejores pescados que se pueda imaginar. De hecho, si se conoce a Phu Quoc en Vietnam es sobre todo, por su famosísisma Salsa de Pescado -Phu Quoc Fish Sauce-, elaborada enteramente en la isla a partir de anchoas pescadas y saladas aquí.
Otro entretenimiento con mucha aceptación es alquilar una ‘motorbike’, una moto de poca cilindrada que permite meterse en todos los rincones y descubrir infinidad de lugares sorprendentes. Como las extraordinarias plantaciones de pimienta, tenida como la mejor del mundo y una fuente importante de ingresos para la economía local. O los viveros de ostras, de las que se obtienen perlas cultivadas que pueden comprarse a muy buen precio. La mayoría de los pescadores venden directamente al público, así que otro espectáculo es presenciar el alboroto que se forma cuando llegan los barcos a la playa y extienden las capturas en el suelo, mientras las mujeres seleccionan lo que quieren comprar y discuten el precio a voces.
Aunque el setenta por ciento de la isla es un Parque Nacional protegido y con acceso restringido en muchas zonas, por tratarse de las únicas selvas vírgenes que quedan en Vietnam, sin embargo, se pueden hacer fantásticas marchas por las noventa y nueve montañas que recorren la isla de norte a sur como un auténtico espinazo. De hecho, las autoridades quieren convertir Phu Quoc en un destino especializado en ecoturismo, aunque el atractivo de las playas y la tranquilidad de sus aguas cristalinas hace que muchos ecoturistas opten finalmente por entregarse al dolce far niente de la tumbona. Al fin y al cabo, en pocos lugares se puede disfrutar de playas tan extraordinarias sin agobios.
Un servidor, en cambio, decidió recorrer la isla de cabo a rabo. Nada de motorbike, taxi puro y duro con un taxista de aspecto adolescente, pero silencioso y concentrado. Si, resultaba muy laborioso entenderse, pero nos las arreglamos para visitar lo más destacado del norte y del sur, en dos etapas diferenciadas. Vi puertos pesqueros, mercados, ciudades, pueblos, rebaños de vacuno y bastantes restaurantes con muy buena pinta. Mi improvisado guía me metió hasta en el tinglado de un par de bodas, de blanco ambos contrayentes, y totalmente pasados de copas de vino de arroz los invitados. Como en cualquier parte, vamos. Terminamos en la capital disfrutando del fantástico puerto pesquero que hay en la desembocadura del río Duong Dong, el más importante de la isla.
Aunque para puerto pesquero, el de Gannh Dau, al noroeste, frente a Camboya. Allí los barcos se extienden anclados por toda la bahía. Los hay de todos los tamaños, formas y estilos. Es un espectáculo bellísimo al atardecer, cuando el sol del ocaso pinta el paisaje de oro viejo. Los distintos restaurantes que se extienden a lo largo de la playa sirven los pescados y mariscos frescos que traen los pescadores tras faenar toda la noche.
Para terminar, un consejo: si quieren ver la isla tal como la describo no se demoren. Ya existen planes y un proyecto faraónico para llenarla de campos de golf, urbanizaciones y megahoteles. Entonces, será otra cosa.
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