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Chiang Mai: Templos y mercadillos tailandeses

Más de trescientos templos, tantos como en Bangkok, embellecen las calles de la antigua capital del reino Lanna, que aún se tiene por 'cuna' de la cultura thai. Y en sus afamados Mercado Dominical y Bazar Nocturno, los artesanos y artistas de toda la comarca ofrecen sus productos directamente al consumidor.

Texto | Fotos: Francisco López-Seivane

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Actualizado martes 05/01/2010 13:07 horas

Aparentemente, templos y mercadillos son cosas que nada tienen en común, pero hay que recordar que siempre ha existido entre ambos una estrecha relación. Las catedrales de la Edad Media se construían para atraer comerciantes y compradores que mercadeaban tras los oficios, enriqueciendo, de paso, a los conventos con el impuesto que cobraban por vender en su territorio. Los mercados florecientes terminaban dando lugar a ciudades florecientes, y Chiang Mai no fue una excepción. Muchos de sus templos fueron construidos por mercaderes birmanos que se establecieron en la ciudad en el siglo XIX para comerciar con la apreciada madera de teka que abunda en los bosques circundantes.

Las murallas de ladrillo levantadas por Kavila en el año 1800 han desaparecido
en casi su totalidad

Más de trescientos templos, tantos como en Bangkok, embellecen las calles de la antigua capital del reino Lanna, que aún se tiene por cuna de la cultura thai. Su centro histórico lo delimita un rectángulo amurallado, defendido por un foso de agua que no logró, sin embargo, resistir el ataque de los ejércitos birmanos de Bagán, que la dominaron durante doscientos años. Hoy, el perfecto rectángulo de dos mil metros por mil ochocientos de lado, sigue delimitando el corazón de la ciudad, aunque las murallas de ladrillo levantadas por Kavila en el año 1800 han desaparecido en casi su totalidad.

La antigua entrada oriental es ahora una vía principal denominada Thanon Ratchadamnoen. Los domingos se cierra al tráfico y, a eso de las seis de la tarde, se convierte en el afamado Mercado Dominical, en el que los artesanos y artistas de toda la comarca ofrecen sus productos directamente al consumidor. Entre los numerosos turistas que lo abarrotan, porque acudir es casi una obligación de todo visitante, y la gente local que lo transita ociosamente para entretenerse, resulta sencillamente agobiante y nada recomendable a quienes padezcan agorafobia.

En las épocas álgidas, como las vacaciones de Navidad, la densidad humana que puebla el mercado puede calcularse, a ojo de buen cubero y con escaso margen de error, en unas diez personas por metro cuadrado. Casi resulta imposible pararse en los tenderetes porque dos ríos humanos te arrastran en direcciones opuestas, el de la izquierda hacia oriente y el de la derecha hacia poniente. Alcanzar cualquier orilla y escapar del marasmo supone un alivio indecible. Quienes tengan interés en comprar es mejor que acudan temprano y se larguen con viento fresco en cuanto consigan lo que buscan.

Compras de noche

El Bazar Nocturno es otra cosa. Está abierto todas la noches del año y, a diferencia de los de Bangkok, por ejemplo, no ofrece únicamente pobres imitaciones de grandes marcas. En su interior hay productos de calidad y agradables boutiques de todo tipo. Se pueden encontrar antigüedades, sedas, tallas de madera, y también camisetas y pantalones de algodón a precios sensiblemente más baratos que en la capital. Además, los vendedores no acosan y uno puede curiosear sin agobios en un ambiente relajado. Los fanáticos de las compras ya saben donde está su paraíso.

El primer templo que visité en Chiang Mai fue el Doi Suthep, una popular pagoda situada a 1.676 metros de altura, en lo alto de una de las montañas que circundan la ciudad. Como a tantos santuarios, le ha crecido un pequeño poblado de tiendas, tenderetes, comercios y bebercios varios. En lo más alto, sin embargo, al final de la inacabable escalinata que lleva a la pagoda principal, que atesora en su relicario la clavícula derecha de Buda, y sus capillas asociadas, la devoción es la nota predominante. Los fieles acuden con ofrendas, recorren los altares, se postran ante las figuras de Buda, queman incienso y salen en paz. Desde allí, la ciudad parece un belén.

Pero quizá el templo más visitado de Chiang Mai sea el Wat Chedi Luang, que data del siglo XIV y guarda en uno de sus edificios la primera piedra de la ciudad -una columna, en realidad- que el rey Mang Rai fundara en 1296. El templo principal es una mole gigantesca de ladrillo, actualmente en desuso, donde fue encontrado en su día el famosos Buda Esmeralda que se exhibe en el Palacio Real de Bangkok. El complejo ha ido creciendo con nuevas capillas, librerías y hasta un monasterio donde los monjes aprenden filosofía. Los amantes del budismo encontrarán a jóvenes monjes dispuestos a charlar libremente sobre cualquier tema. Yo probé con el Real Madrid y se sabían la alineación de memoria.

Un Buda muy generoso

Pared con pared con el Chedi se encuentra el Wat Phan Tao, enteramente construido de madera de teka, incluidas las veinte columnas -las conté una a una-, de 15 metros de altura que lo sustentan. También data del siglo XIV y es uno de los templos más antiguos y venerados de la ciudad. El Buda que lo preside, una formidable imagen de 10 metros de altura completamente cubierta de láminas de oro, tiene fama de devolver mil por uno, así que los devotos depositan en el cepillo –una caja fuerte de acero plantada en mitad del pasillo, a la misma entrada- generosos donativos con la esperanza de que se traduzcan en bienes sin cuento.

El complejo consta de tres capillas deliciosas y una gran estupa blanca que aparece encintada con telas
de color limón

No lejos de allí, se alza otro templo coetáneo, el Wat Phar Singha, cuyos monjes custodian la estatua más popular de Buda de toda la ciudad, la que se pasea en procesión el día de Año Nuevo (el 13 de abril). El complejo consta de tres capillas deliciosas, bellísimas, y una gran estupa blanca que aparece encintada con telas de color limón.

Si empecé mi peregrinación por los templos de Chiang Mai en lo alto de una montaña, del mismo modo la termino. A una hora en coche, aproximadamente, de la ciudad, se encuentra el Doi Inthanon, la montaña más alta de Tailandia, con sus 2.565 metros. Cerca de la cumbre, dos modernas pagodas se recortan contra el cielo, una frente a la otra, entre primorosos jardines. La más llamativa, de aguda cúpula dorada, está dedicada al rey; la otra, plateada, a la reina. Se construyeron hace poco más de veinte años para celebrar el sexagésimo aniversario de Su Majestad. Aunque he de decir que lo que más me impresionó de esa visista fue el espectacular paseo por la jungla hasta la cumbre. Dicho queda.

 
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