Entre las joyas de Granada, estas cumbres coronan una larga lista de sugerentes tentaciones. Declaradas parque natural y nacional, poseen todos los ingredientes para atrapar a los amantes de los deportes blancos. Y sobre todo estos días, cuando la estación ofrece mil posibilidades de ocio: esquí, 'snowboard', patinaje sobre hielo, paseos en trineo...
Acariciar las nubes no resulta muy difícil cuando la altura no es un problema. El vértigo se convierte en una poderosa sensación que se adueña del pecho de quien hace surcos sobre una o dos tablas. Sierra Nevada abre las puertas a este tipo de emociones a muchos metros sobre el nivel del mar y a sólo media hora de Granada. Ése es el tiempo que el viajero invierte en llegar hasta el conjunto de picachos más altos de la península desde una de las ciudades más bellas del mundo.
Cuando los cronistas románticos del XIX dictaron que Granada era una de las provincias más completas y fascinantes de Europa sabían bien lo que escribían. No existe una tierra en toda Andalucía donde los contrastes estén tan acentuados. Mar y montaña parecen aliarse para regalar al caminante momentos de extraordinaria viveza y sensación. En poco más de treinta kilómetros el viajero alcanza las cotas montañosas más altas de la Península Ibérica. Los árabes la llamaron la montaña del sol y dieron el nombre de Mulhacén al pico más alto de la cordillera. A su lado se alza el Veleta, la montaña más simbólica del macizo. Sierra Nevada está considerada parque nacional y su estación de esquí figura entre las más modernas de Europa.
El centro de visitantes de El Dornajo, que está a mitad de camino de la carretera que sube hasta la estación de Pradollano, es un buen punto de partida para entender los valores ecológicos que encierran el parque natural y el parque nacional de Sierra Nevada. En su interior toma asiento el Museo de la Montaña, un conjunto de salas que ilustran al visitante de los intentos del hombre por dominar la montaña.
Desde la estación de Pradollano es visible el pico de El Veleta que se eleva a 3.398 metros de altura sobre el nivel del mar. Su original forma geológica ha hecho de la montaña el emblema de toda Sierra Nevada. En invierno, El Veleta está cubierto por inmensas capas de hielo y nieve, pero en verano es aconsejable subir hasta él y admirar las vistas que se dominan a estas alturas.
Desde Granada y La Vega es imposible ver el Mulhacén, puesto que está oculto por el vecino pico de El Veleta.
Por detrás queda el Mulhacén, el pico más alto de la Península Ibérica. Se alza a 3.482 metros de altura. Desde Granada y La Vega es imposible verlo, puesto que está oculto por el vecino pico de El Veleta. La leyenda cuenta que en su cumbre fue enterrado el rey nazarí Muley Hacem, por orden de su concubina favorita Isabel de Solís. Es posible acceder hasta su cúspide en épocas de deshielo por un sendero de gran belleza que parte de las faldas del pico Veleta.
La estación de esquí de Pradollano, una gran ciudad de invierno, acoge una de las instalaciones más modernas de Europa para la práctica de los deportes blancos. A la sombra del pico Veleta se extienden más de sesenta kilómetros de pistas esquiables donde practicar disciplinas como el esquí alpino, el esquí de fondo, el esquí artístico, el esquí de travesía, el telemark o el snowboard. La temporada de esquí suele abrirse a mediados de noviembre y se alarga hasta el mes de abril. La pista del Río es la más famosa y concurrida de todas. Parte de Borreguiles, un área de descanso situada a 2.800 metros de altitud, y desciende hasta Pradollano, donde se sitúan los telecabinas y telesillas.
Antes de coronar Pradollano salen al encuentro del visitante un puñado de miradores desde los que se advierte en la lejanía las diferentes comarcas que conforman la provincia de Granada. Se advierte la Vega, la Alpujarra y las aristas montañosas de la cordillera penibética. Pradollano es toda una ciudad. Eso sí, una ciudad a dos mil metros de altitud. El Mundial de Esquí de 1996 hizo de ella la estación invernal más moderna de la Europa del sur. Hoteles, restaurantes, exclusivas tiendas, centros deportivos de alto rendimiento, urbanizaciones de lujo, complejos comerciales...
Los deshielos dibujarán una suerte de abigarrados arroyos que alimentarán, kilómetros abajo, las vegas de la provincia.
Un sinfín de tentaciones para los amantes del deporte blanco. Por la noche, después de un agotador día de esquí, Pradollano es una ciudad casquivana y concupiscente. Pubes, tascas de todo pelaje, discotecas abiertas hasta altas horas de la madrugada, garantizan diversión a todo visitante que se deje caer por estas alturas.
La primavera llega con sus veneros de agua. Los deshielos dibujarán una suerte de abigarrados arroyos que alimentarán, kilómetros abajo, las vegas de la provincia. Será el momento de ejercitar las piernas, de tomar la bicicleta de montaña y de adentrarse por las escarpadas sendas que rodean los picachos más altos del macizo. Empresas de turismo activo ofertan entonces la posibilidad de realizar una agotadora travesía por la Integral de los Tres Mil, un paseo demoledor de subidas y bajadas por los picos que superan estas alturas. Entre nieves perpetuas, tajos y borreguiles será posible admirar la majestuosa estampa de la cabra hispánica, que merodea cada mañana y cada tarde por los rellanos y las lagunas glaciares. Es duro, pero la recompensa no puede ser mejor.
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