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ESPECIAL NAVIDAD

Milán y las delicias de Lombardía

Menos conocida que sus ilustres vecinas, el Véneto o la Toscana, Lombardía no sólo es la locomotora económica de Italia: con Milán a la cabeza es también una región en la que se agolpan numerosos atractivos muy cercanos entre sí, lugares como Bérgamo, Pavía, Lodi o el Lago de Como.

Darío Manrique

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Actualizado lunes 21/12/2009 19:20 horas

Para este viaje es casi obligatorio tomar Milán como centro de operaciones. La ciudad lombarda es la capital económica italiana y, quién sabe si por esa obsesión productiva, arrastra fama de lugar sin encanto. Es cierto que no ostenta docenas de maravillas por kilómetro cuadrado como Roma, ni la encantadora decadencia de Nápoles, pero como capital europea que es Milán ofrece entretenimiento para todos los gustos.

Las excusas son variadas: su semana de la moda (una de las cuatro grandes); la programación operística de La Scala; las hazañas de Milan e Inter, dos de los equipos de fútbol punteros de Europa; el Gran Premio de Italia de Fórmula 1, que se disputa en el cercano circuito de Monza... Pero la propia ciudad es un pretexto en sí misma.

Un paraíso, por ejemplo para quien gusta de ir de tiendas, incluso si sólo se admiran los lujosos escaparates del Quadrilatero della moda, cuatro calles al Norte del Duomo en las que se agolpan las marcas de ropa más elegantes y modernas habidas en el mundo. Lo mismo vale para el diseño de muebles y de artículos de hogar, que en Milán alcanzan las formas más sofisticadas (y los precios más altos, claro).

Quince siglos de historia

La ciudad ambrosiana también es famosa por su arquitectura, todo un recorrido por la historia de los últimos quince siglos, desde la basilica paleocristiana de Sant'Ambrogio (santo patrón milanés), al gigantesco Duomo, una sensacional catedral gótica; pasando por el castillo Sforzesco, la fortaleza construida en el siglo XV por el señor de Milán; el teatro de la Scala, de un neoclasicismo muy sencillo, o la Stazione Centrale, perfecto ejemplo de la megalómana arquitectura fascista.

El poderío actual de la ciudad es patente en edificios modernos como la sede de la Universidad Luigi Bocconi

Pero el poderío actual de la ciudad también es patente en edificios modernos como la premiada sede de la Universidad Luigi Bocconi (de Grafton Architects), o los futuristas proyectos que preparan Norman Foster (el nuevo barrio de Santa Giulia) o CityLife, un conjunto de rascacielos, canales y un gran parque en el que participan nombres como Isozaki, Hadid o Libeskind.

Los paseos milaneses deben incluir por fuerza a Brera y Naviglio, zonas donde probar los opíparos aperitivi, una reciente costumbre que consiste en una especie de buffet libre de diversos platos y embutidos tras pedir una bebida (un típico bitter, por ejemplo) . Eso sí, no hay que dejarse engañar por el nombre “aperitivo”, pues el de aquí tiene lugar por las tardes-noches. Brera, antaño barrio bohemio, es hoy un recoleto ramillete de tranquilas calles con cafés, galerías y anticuarios (el tercer sábado de cada mes, de hecho, se celebra un mercadillo de antigüedades en Via Fiori Chiari). A Naviglio se le llama así por ser la zona donde desembocan varios canales artificiales, ya cerrados para su uso comercial, pero que dan muchísimo encanto a sus calles y a los bares y restaurantes que las pueblan.

Más allá de Milán

Para viajar por Lombardía tanto vale el coche como el tren, rápido y funcional. Este último es el mejor método para alcanzar Lodi, casi un suburbio de Milán -está a unos 40 kilómetros- pero también capital de una de las 12 provincias de Lombardía, con su propia identidad e historia. La historia que encierra la piazza della Vittoria, por ejemplo, alrededor de la cual aparece el Duomo y el Broletto, el edificio medieval del ayuntamiento. A dos pasos está el Santuario dell'Incoronata, una de las grandes maravillas del Renacimiento lombardo gracias a su planta octogonal y a la colorista cúpula.

Pocos kilómetros al sudoeste de Lodi se encuentra Pavía, nombre asociado por siempre a su cartuja. Con todo merecimiento, además: uno podría pasar las horas muertas sólo contemplando la prodigiosa fachada, abarrotada hasta el horror vacui con estatuas de santos y medallones de emperadores romanos y soberanos como Alejandro Magno.

Y si Pavía es famosa por la cartuja, también lo es por su universidad, una de las más antiguas de Europa, que da su personalidad a la ciudad, sea por los edificios que la componen (como el Aula Magna) como por los miles de estudiantes que se desparraman por su centro histórico.

A los pies de los Alpes

Al Norte de Milán la extensa llanura padana que caracteriza el paisaje de gran parte de la Lombardía se rompe con el comienzo de los Alpes y los grandes lagos. El más ilustre es el de Como, cuya visita ha de empezar por la tranquila ciudad de mismo nombre, cuna de Alessandro Volta, el eléctrico inventor de la pila, que aquí tiene hasta un santuario-museo, el Tempio Voltiano.

La parada y fonda la merece Comacina, en la que se puede comer en un restaurante que es prácticamente el único edificio en pie de una isla en ruinas

Como está en el extremo de el ramal Oeste del lago de mismo nombre, que tiene forma de Y invertida, y desde la ciudad se puede recorrer la orilla occidental hasta la diminuta isla de Comacina, pasando por Laglio, el afortunado pueblo en el que George Clooney ha comprado varias casas. Pero la parada y fonda la merece Comacina, en la que se puede comer en un restaurante que es prácticamente el único edificio en pie de una isla en ruinas desde una guerra de hace casi mil años.

La margen oriental, por su parte, exige conducir tranquilamente por la curvilínea carretera que une Como con Bellagio, una maravilla de trayecto para comerse con los ojos el paisaje a cada segundo. Y a la llegada a Bellagio, resulta imprescindible visitar espléndidas masiones como Villa Melzi o Villa Serbelloni (hoy un hotel de lujo) y coger el ferry hasta el pueblo de Varenna.

Los encantos de una ciudad alta

Ensombrecida por el gran vecino milanés y por la cercana Verona, Bérgamo es la joyita que uno no espera pero aparece de improviso... y además “subida” a un podio, para que se la vea mejor, porque Bérgamo está dividida en ciudad baja (la moderna) y alta, la vieja y amurallada, a la que se sube en un decimonónico funicular.

Son pocas calles, alrededor de la Piazza Vecchia, pero en una estancia de uno o dos días no cansa pasar por ellas unas cuantas veces, descubriendo nuevas esquinas o parando a repostar en sus espectaculares pastelerías. Y para tener una visión de conjunto lo mejor es subir al monte San Virgilio con el otro funicular: no sólo se apreciará la cittá alta bergamesca, sino también, al Sur, la llanura lombarda y, quién sabe, dicen que en un día claro incluso los rascacielos milaneses.

 
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