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Ocho planes para exprimir el desierto tunecino

Túnez se identifica con azul mediterráneo, playa y sol, pero Tozeur, a las puertas del Sahara y a apenas dos horas en avión desde Madrid, ofrece mil posibilidades de turismo activo: senderismo entre oasis, golf, rutas en globo, en quads... Sin olvidar los escenarios de 'La guerra de las galaxias'.


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Isabel García

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Actualizado jueves 07/01/2010 10:50 horas

Un 4x4, agua y gasolina. Son los enseres básicos para pasar unos días a las puertas del desierto del Sahara, el que se expande por el sur de Túnez para más datos. Allí, entre oasis de montaña, escenarios de cine (literal), espejismos varios y todo tipo de delicias culinarias engendradas a base de dátiles (mantequilla, mermelada, batido, pasteles...) emerge la región de Tozeur, hasta ahora limitada a una parada más dentro de los circuitos combinados por el país. Sin embargo, un nuevo vuelo directo que enlaza Madrid y Tozeur en dos horas permite disfrutar de una cómoda escapada al desierto con mil y una posibilidades. Aquí van ocho.

1. Desmontando Tozeur

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Es una ciudad y un oasis, el más grande de Túnez. Su historia se remonta a la Edad de Piedra y se concentró durante siglos en servir de cobijo a las caravanas de mercaderes que tenían que cruzar el Sahara. De ahí a puesto militar en época romana e incluso morada de invasores... mallorquines. Hoy, toda esa mezcolanza se deja sentir en las callejuelas retorcidas del centro, capitaneado por el barrio de Ouled el Hadef y sus pintorescos edificios de ladrillo cocido. Quien quiera recorrer la historia de esta ciudad a caballo entre la modernidad que impone el turismo (no de masas todavía) y la parsimonia de las costumbres de siempre puede recorrer el Museo de artes y tradiciones populares. Y quien prefiera pasar directamente a las compras (regateo mediante siempre): las calles que rodean el mercado central.

2. Entre oasis de montaña

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Son tres los oasis de montaña que discurren por Tozeur, entre desfiladeros tremendos, gargantas por las que se cuela algún riachulo y críos intentando malvender un simpático collar hecho a mano o la típica rosa del desierto. La ruta en 4x4 puede comenzar en el de Chebika, un puesto defensivo en época romana a unos 50 kilómetros de Tozeur. Lo mejor es escalar entre sus palmerales suspendidos en el tiempo para, al final, llegar al pueblo fantasma destruido a finales de los 60 por las inundaciones. Cero ruidos en el entorno. También está abandonado el poblado de Mides, con sus casas de origen bereber suspendidas casi mágicamente en lo alto de un acantilado. El trío de los oasis acaba con el de Tamerza, más concurrido por los turistas, que suelen acudir a fotografiar su cascada, rodeada de puestos callejeros y, si el tiempo lo permite, de locales en busca de un chapuzón.

3. Un tren llamado 'El lagarto rojo'

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Allá por 1940, en la época del protectorado, Francia fue la promotora del El lagarto rojo, un tren que tenía como misión transportar los fosfatos que se extraían de la zona de Metlaoui, una pequeña ciudad minera a unos 40 kilómetros de Tozeur. Ahora, su función es puramente turística y consiste en recorrer las vertiginosas gargantas del río Selja. A partir de ahí, y durante dos horas, el ferrocarril se adentra entre palmerales y cañones de tonos rojizos y amarillentos que hacen pensar que aquello no es el desierto tunecino sino el Lejano Oeste. El lagarto rojo (su color está claro) acoge en su interior, al más puro estilo belle époque, a 100 personas. El punto final está en Kebili. Una curiosidad: el italiano Franco Battiato rindió homenaje a este mítico artilugio en Los trenes de Tozeur, con la que participó en el Festival de Eurovisión en 1984.

5. La huella de Skywalker

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Por el desierto tunecino han vagado los equipos de rodaje al completo de La guerra de las galaxias, El paciente inglés, En busca del arca perdida o incluso La vida de Brian. Y eso que más de un encargado de localizaciones se recorrió de arriba a abajo Marruecos en busca del paraje ideal en el que situar la casa de, por ejemplo, Anakin Skywalker. Lo encontraron en Oung Jemel, donde se levantaron varias moradas de arena para La amenaza fantasma (1999), todavía en pie. Es más, es posible cenar en una jaima gigante a dos pasos de ellas y, de postre, disfrutar de una fiesta con DJ incluido bajo las estrellas y su estampa de fondo. Cuestión de pedirlo al touroperador.

4. Alucinaciones entre lagos de sal

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Cuentan las crónicas más truculentas que más de una caravana a rebosar de gentes y bártulos quedó anegada bajo las aguas (saladas) de los lagos que campaban a sus anchas (y siguen haciéndolo) por el desierto. Ocurría en las zonas más pantanosas cuando las lluvias de entonces eran copiosas. Hoy no lo son tanto, y los tres lagos que pueblan el sur tunecino (el Chott el Jerid, el de Fejaj y el de Gharsa) se han convertido más bien en extensas llanuras saladas (lo del sabor es lo primero que comprueban los turistas cuando se bajan del jeep para examinarlas de cerca) que cambian de color en función de la luz o el clima. Hasta el punto de que no es raro divisar a lo lejos la silueta de un barco navegando en medio del mar. Espejismo puro.

6. ¿En camello o en quads?

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Si hay algo típico en el desierto eso es un camello. Y más aún, una excursión subido en uno de ellos durante una hora y con vestimenta typical bereber para quien quiera que la experiencia desértica sea completa. El pack lo ofrecen en los alrededores de Tozeur y de Douz, donde también es posible contemplar los minaretes que sobresalen a lo lejos desde un ultraligero con piloto incluido (por 30 euros el tour de 10 minutos) o desafiar a las dunas a bordo de un quad. Esto último, a razón de 10 dinares (unos cinco euros) por una vuelta de 1,5 kilómetros; dos vueltas, 16 dinares y tres, 20. Si se prefiere, también organizan excursiones en toda regla con guía para un mínimo de cinco personas. E incluso viajes en globo.

7. Lecciones de swing

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Por extraño que parezca, a las afueras de Tozeur, en pleno desierto sahariano y con vistas a los palmerales, se ha levantado un campo de golf de 18 hoyos (se prevé que llegue a 36 en un futuro) y 80 hectáreas diseñado por Ronald Fream, famoso arquitecto estadounidense vinculado a este tipo de construcciones deportivas. El nombre del campo no puede ser otro: Golf Oasis. Por si hay dudas, sus responsables dejan bien claro que el agua que se utiliza para su mantenimiento es reciclada. Además, proponen paquetes compartidos con hoteles de la zona como el Ras El Aïn para disfrutar de golf, por un lado, y sesiones de hamman, sauna y masaje, por otro.

8. Relax a golpe de chocolate

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Túnez se está vendiendo cada vez más como un destino turístico de primer orden si de talasoterapia se refiere. Y no sólo hablamos de la zona mediterránea, en especial Hammamet o Djerba. Los hoteles del desierto apuestan por un menú completo de chocoterapia, hamman, todo tipo de masajes corporales y faciales, sauna, piscina cubierta... Es un complemento más al turismo activo que ofrece la zona, sobre todo de cara a las escapadas de fuera de temporada que piensan cubrir con el nuevo vuelo Madrid-Tozeur. Y para los que no estén muy convencidos y prefieran darle al shopping, siempre estará ahí el zoco de los domingos...

 
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