En Cáceres, a sólo 12 kilómetros de Portugal, se encuentra Valencia de Alcántara, que fue romana y árabe. Esta localidad conserva en sus alrededores el campo dolménico más importante de Europa occidental.
Son diez las rutas señalizadas que conducen hasta los diversos dólmenes repartidos por los alrededores de Valencia de Alcántara en medio de rocas graníticas, material con el que fueron construidos casi todos. Estos monumentos megalíticos –que unos llaman dólmenes y otros antas- se levantaron en el siglo III antes de Cristo y han formado desde hace cientos de años parte de este paisaje del sur de Cáceres cercano a la frontera portuguesa. Nunca se les prestó mucha atención pero en los primeros años del siglo XX se corrió la voz de que podían esconder tesoros y casi todos fueron excavados sin encontrar otra cosa que huesos, trozos de cerámica, hachas de piedra o puntas de flecha.
En 1914 se hicieron los primeros estudios serios. Entonces quedaban unos sesenta dólmenes
En 1914 se hicieron los primeros estudios serios. Entonces quedaban unos 60 y constituían la zona dolménica más importante de España, por lo menos en cantidad. Los investigadores posteriores cada vez hablaban de menos dólmenes. Hoy día se conservan 33 de granito y ocho de pizarra; cinco de ellos completos y nueve conservando todavía la cubierta. El último en perderse, hace unos años, fue el llamado del Corchero que alguien convirtió en una pequeña choza, aprovechando las grandes piedras verticales.
El caso se denunció y para borrar huellas se prendió fuego a la techumbre con tal mala suerte que una de las piedras estalló. Algunos fueron utilizados como refugio para guarecerse de las tormentas y otros para poder cazar escondidos en él a los conejos. Alguna de las piedras sirvieron también para señalizar limites de fincas o para plataforma de una era. Ahora el ayuntamiento los ha hecho accesibles y ha habilitado caminos para llegar más fácilmente hasta los mejor conservados. También proporciona folletos con indicaciones de cómo acceder. El más espectacular es el de Los Mellizos cerca de Aceña de la Borrega (una reproducción suya está en el museo de la localidad).
Además de los dólmenes, Valencia de Alcántara –que fue efímera capital de Extremadura durante la Guerra de la Independencia (1808)- tiene mucha más historia y su casco antiguo ha sido declarado Conjunto Histórico. Fue importante enclave romano conservando de entonces la calzada, un acueducto y el puente de piedra. Hay numerosas piezas romanas en todas las casas, a veces aras sosteniendo las puertas (hay una encima de la fuente de la plaza del barrio gótico). Las cuevas de Viriato y el Cofre recuerdan asimismo leyendas de luchas entre lusitanos y romanos. Es muy espectacular su barrio gótico-judío con portadas ojivales, incluido en la Red de Juderías del oeste peninsular.
Es interesante la sinagoga, que ha sido durante un tiempo cochera, y las murallas, con algún que otro desaguisado
De sus cuatro iglesias la más interesante es la de Rocamador, donde se casó Isabel, primogénita de los Reyes Católicos, con el rey portugués Manuel I el afortunado y en cuya entrada hay, empotrada en el suelo, una estela visigótica. También es interesante la sinagoga, que ha sido durante un tiempo cochera, y las murallas con algún que otro desaguisado. La fortaleza se levantó en el XV y se fortificó en el XVII y XVIII, desde ella se divisa a lo lejos la ciudad portuguesa de Marvao. El museo de la localidad es muy interesante.
Un incendio en el 2003 -que vino de Portugal- acabo con los bosques de robles y castaños. Ha pasado de 20.000 habitantes hace unos años a solo 7.000 y el turismo es actualmente la principal fuente de ingresos.
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