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Tánger, entre la realidad y la nostalgia

Hay ciudades donde es imposible distinguir dónde termina el mito y comienza la historia. Una de ellas es esta pequeña metrópoli del norte africano en cuyos orígenes participaron Hércules, Ulises y Anteo, hoy convertida en una de las grandes urbes de Marruecos.

Javier Mazorra

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Actualizado viernes 26/02/2010 14:28 horas

Tánger, en cuyos orígenes aparecen nada menos que Hércules, Ulises o Anteo; ha sido romana, bizantina, portuguesa durante 300 años, inglesa, francesa, española e incluso ha tenido durante cerca de 50 años una administración internacional. Y ahora es una de las grandes ciudades de Marruecos. Y sobre todo, la protagonista de docenas de novelas y películas que nos hacen confundir la nostalgia con la realidad.

Tánger no se parece a ningún otro sitio del norte de África. Su medina no es ni la más grande ni la más hermosa. Su arquitectura colonial no se puede comparar con la de Casablanca o Melilla, pero tiene algo único que la hace inconfundible. Quizás sea su emplazamiento, entre el Mediterráneo y el Atlántico. A lo mejor es esa mezcla de estilos, de ambientes que se entremezclan por todas partes pero sobre todo es esa memoria, tan cargada de vivencias que, de alguna forma, aflora a cada paso e impregna cada rincón.

El Zoco Grande

Su plaza del Zoco Grande (ahora 9 de Abril) no es la Jemaa Fna de Marrakech, pero si nos sentamos en la terraza del actual cine Rif, antiguo Rex y actual Filmoteca, comienzan a surgir espléndidos fantasmas. A un lado, aparece un suntuoso palacio rodeado de inmensos ficus. Actualmente es el Tribunal de Cuentas pero aquí estuvo la sede de la Embajada de Alemania en Marruecos antes de convertirse en la Mendubia, desde donde tenía su sede el representante del Sultán de Marruecos durante el Periodo Internacional pero que entre 1940 y 1945 volvió a estar en manos del gobierno de Hitler, hondeando desde sus ventanas la bandera con la cruz gamada.

La iglesia de Saint Andrew, donde ondea la bandera inglesa, es el centro neurálgico de la Tánger británica

Un poco más a la izquierda, dominan los perfiles de una gran mezquita pero más allá, en lo que parece un minarete encalado de blanco, ondea la bandera inglesa, que no la Union Jack. Es la iglesia de Saint Andrew, el centro neurálgico de la Tánger británica. Vale la pena ver su precioso interior. Está rodeado de un cementerio que nos recuerda que está ciudad fue el lugar de referencia del imperio de Su Majestad en esta parte del mundo antes de que Gibraltar cayese en sus manos. Justo detrás, lo que durante siglos fue la residencia del embajador, ahora se ha convertido en un curioso centro cultural y sala de exposiciones dedicado al arte joven marroquí.

Unos metros más a la izquierda nos llevan al Café du Park ubicado en un edificio demasiado grandilocuente para el cafetín que alberga hoy en día. Aquí estaba hasta los años 60 el Consulá, lo más parecido al Rick Café del cinematográfico Casablanca que existió en el Marruecos de los años 40 y 50. En su interior se cocieron intrigas, se imaginaron novelas, siendo cita obligada para todo los que pasaban por Tánger. Como también lo era desde mucho antes el cercano Villa de France, el hotel favorito de Matisse que después de permanecer durante años en ruinas parece que va resurgir de sus cenizas.

Directo a la medina

Para disfrutar de la vista que se contemplaba desde sus habitaciones ahora es posible alojarse en el mucho menos glamuroso hotel Le Dawliz o desde la aún más modesta terraza del McDonald's. Si se pudiese viajar en el tiempo y volver cincuenta años atrás, la vista que podríamos contemplar desde este mismo punto sería muy parecida. Hay nuevas construcciones, sobre todo en la lejanía, ya cerca del faro de Malabata que cierra la bahía pero por el momento casi todo sigue igual. Aunque quizás no por mucho tiempo, ya que las grúas parecen adueñarse del horizonte.

Un callejón sumerge en la medina a través de la calle Siaghin, donde aparecen tanto una sinagoga como una iglesia

Pero volvamos al Zoco Grande. Los diferentes mercados o zocos siguen ahí. Cada uno especializado en algo y donde las campesinas todavía vestidas con su traje y sombrero típico vienen cada mañana a vender sus productos. La puerta triunfal del fondo nos lleva a la Kasbah donde Moulay Ismael construyó un grandioso palacio en el S.XVII pero pasando primero por la calle Italia todavía cuajada de magníficas edificaciones de un S.XIX dominado por italianos y franceses. Un callejón a la derecha sumerge en la medina a través de la calle Siaghin, donde tan pronto aparece una sinagoga hoy convertida en Museo del Tánger Internacional como una iglesia católica, la Purísima, o la antigua sede del Telégrafos Español, cubierta de azulejos vidriados.

Y de pronto ya estamos en el Zoco Chico que nos traslada a El Cielo Protector de Paul Bowles y al mundo de Juanita Narboni, la protagonista de la novela de Ángel Vázquez adaptada para el cine por Javier Aguirre y más recientemente por Farida Benlyazid. Posiblemente sea el momento de tomarse una pausa y comenzar a leer alguna de estas novelas o, aún mejor, olvidarse del pasado y dejarse seducir por la nueva Tánger.

 
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