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Oslo, capital mundial de la Paz

Como ocurre cada año desde 1901, el 10 de diciembre, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Alfred Nobel, se entrega en Oslo su premio de la Paz. Una buena disculpa para descubrir la enigmática capital noruega, en la que brillará con luz propia el presidente Obama.

Javier Mazorra

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Actualizado miércoles 09/12/2009 10:47 horas

Aunque durante el verano los días son más largos y hace menos frío, diciembre no es un mal momento para conocer la capital Noruega. La ciudad está muy bien iluminada, las aceras cuentan con su propia calefacción, como las terrazas de las cafeterías, se puede patinar sobre hielo en el mismo centro y, si el cuerpo pide esquiar o simplemente andar por la nieve, sólo hay que subirse al metro hasta Holmenkollen. Tras 20 minutos, se descubre un paisaje enteramente nevado desde donde se contempla la mejor vista sobre el fiordo de Oslo, con su infinidad de islas reflejadas en una ría que se pierde en el horizonte.

La estancia del presidente Obama en Oslo con motivo de la entrega de los premios Nobel el 10 de diciembre (práctica que se repite cada año desde 1901), como la de muchos viajeros, se concentra en el mismo centro de la ciudad, en una gran explanada flanqueada por Karl Johans Gate y Stortingsgata, donde están muchos de los símbolos del país. En un extremo se puede ver ese Parlamento que, según el testamento de Nobel, es quien tiene que seleccionar el Comité encargado de elegir a la persona u organismo que más ha hecho por la paz.

El Teatro Nacional

En el otro está el Palacio Real, donde los monarcas noruegos invitan a los ganadores del premio, cuya sede (el Instituto Nobel) se encuentra precisamente en una de las esquinas del Dronningparken o Parque Real. Entre los dos está el Grand Hotel, donde el ganador se suele alojar y en cuyo café el dramaturgo Henrik Ibsen escribió varias de sus famosas obras de teatro (su casa, abierta al público, está a dos pasos de allí, muy cerca también del Teatro Nacional). Aunque no se sabe por cuestiones de seguridad donde dormirá Obama, seguro que se asomará al balcón de la suite del primer piso (donde han dormido la mayoría de sus antecesores) para saludar, antes de dirigirse al Ayuntamiento donde recibirá el galardón.

La sede del Consistorio se encuentra a menos de 100 metros, en un grandiosos edificio diseñado hacia 1930.

La sede del Consistorio está a menos de 100 metros, en un grandioso edificio diseñado hacia 1930 que vale la pena visitar aunque sólo sea por los murales pintados por los mejores artistas noruegos de su época. Tampoco hay que perderse un importante lienzo del pintor nacional Eduard Munch, en el primer piso. Para ver su famoso Grito y otras de sus obras maestras, sólo hay que andar unos minutos hasta el Museo Nacional de Bellas Artes. Y quien quiera seguir disfrutando del expresionista puede ir a su museo monográfico en Toyengata 53, donde se guardan miles de obras que el pintor donó al país.

En un par de años se trasladarán a su nueva sede, diseñada por los españoles Herreros Arquitectos en Paulsenkaia, justo enfrente de la nueva Opera que Sönesta (responsable también de la nueva biblioteca de Alejandría) ha planteado como un insólito iceberg emergiendo del fiordo y que, en menos de dos años desde su inauguración, se ha convertido en el indiscutible símbolo de la nueva Oslo.

Una travesía en barco

Como todos los anteriores ganadores, Obama recibirá, además de un abultado cheque y de un diploma, una medalla de oro diseñada por Gustav Vigeland, un prolífico escultor que sólo trabajó en Oslo pero sin parar un solo momento de su vida, como se puede comprobar en el parque que lleva su nombre y en el cercano museo ubicado en su propio taller. Un lugar tan insólito como espectacular que seguramente el presidente norteamericano no tendrá tiempo de ver pero que ningún visitante debe perderse.

Justo enfrente del Ayuntamiento, en una antigua estación de tren, se ha instalado el Centro de Interpretación del Nobel de la Paz, otro lugar de visita obligada donde se explican de forma interactiva y muy amena los prolegómenos del premio y la historia de todos sus ganadores. A la salida se puede coger un barco para explorar el fiordo o tomar algo en las muchas cafeterías y restaurantes que se han abierto en Aker Brygge, el muelle más cercano, donde tampoco falta un emotivo monumento a la paz.

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