Si hasta hace poco esta parte del sureste de Francia era un destino que conocían muy bien los catalanes, ahora, gracias a los nuevos vuelos al aeropuerto de Gerona desde Madrid, Andalucía y las islas, se ha abierto a todo el que quiera disfrutarlo.
Una buena forma de explorar esta región es seguir la ruta del románico durante un fin de semana. La primera parada, a muy pocos kilómetros de la frontera, es St-André, ese pueblecito en las faldas de las últimas estribaciones de los Pirineos donde se ha instalado la Maison de l'Art Roman, un centro de interpretación donde se explican las peculiares claves de este estilo arquitectónico en la zona, más cercano al de las iglesias del norte de Cataluña y con influencias lombardas, carolingias e incluso orientales.
En realidad, casi todos los pueblos de la zona cuentan con una hermosa iglesia o una interesante capilla románica
Para comprobarlo sólo hay que salir del museo para descubrir un magnífico ejemplo en el mismo pueblo, no sin antes pedir que estampen el pass-inter-sites que permite descuentos en la entrada de la mayoría de los monumentos de la región. En la fachada de la iglesia parroquial aparece un grupo de relieves historiados de rasgos esquemáticos -muy característicos de este tipo de románico- que se prolongan en un majestuoso interior. A muy pocos kilómetros, en la abadía St-Genis-des-Fontaines, se repite la decoración en el exterior (la más antigua de este estilo en Francia, fechada en 1019) aunque la gran sorpresa es el claustro. Dispersos sus capiteles de mármol durante el siglo XIX, se ha vuelto a reconstruir, recuperándose casi la totalidad de las piezas de un estilo con una fuerte influencia oriental.
Aún en la misma zona, no hay que perderse la iglesia de St-Saturnin de Montesquieu, que llama la atención por una puertas de madera recubiertas de elementos decorativos realizados con el hierro extraído en el Canigou -otra de las características de este tipo de románico-, o la de Notre-Dame-deVilar, que acoge una curiosa comunidad ortodoxa y que conserva interesantes pinturas murales en su interior. En realidad casi todos los pueblos de la zona cuentan con una iglesia o una capilla románica, como en Argelès-sur-Mer, más conocida por su playa. Una buena disculpa para darse un respiro en su barrio marinero del Racou y tomarse una copa de vino Collioure (tinto) o Banyuls (tipo dulce amontillado ), disfrutando del Mediterráneo, aunque sólo sea con la vista, antes de seguir camino.
Después, parada obligada en la Catedral de Elne que conserva uno de los claustros medievales más espectaculares de toda Francia, donde se combina el románico y el gótico a través de una escultura con un trabajo muy complejo y sofisticado. Muy cerca de allí tampoco hay que perderse el Centro de Escultura Románica de Cabestany, donde se ha intentado seguir la trayectoria de este misterioso maestro que trabajó en esta parte de Europa.
En Perpignan no quedan prácticamente restos de ninguna construcción románica, aunque es un buen sitio para hacer noche y conocer su barrio antiguo, cuajado de edificaciones de estilo gótico y renacentista, convertidos en restaurantes, bares, museos y tiendas. Al día siguiente, se puede seguir el curso de La Tet, un río clave en el desarrollo económico y cultural del Rosellón. El primer punto de interés en el camino es el antiguo hospital de peregrinos de Ille-sur-Tet, uno de los pocos edificios civiles de estilo románico que ha llegado intacto hasta nuestros días y que hoy se utiliza como centro de interpretación de la cultura catalana en esta parte de Francia.
Una de las maravillas de esta ruta es Santa María de Serrabona, dominando el entorno desde un pico solitario
No lejos de allí pero ya entrando en los Pirineos, se encuentra una de las maravillas de esta ruta, Santa María de Serrabona, dominando el entorno desde un pico solitario. En su interior se esconde una insólita tribuna realizada en mármol rosa del Conflent cuajada de esculturas. Si se cuenta con tiempo, hay media docenas de iglesias más modestas en su entorno. De vuelta a La Tet hay que buscar la señales que conducen hasta San Miguel de Cuixa que, aunque ha sufrido mucho a lo largo de su historia, sigue siendo uno de los lugares cumbre de esta ruta. Los capiteles de su claustro son verdaderas joyas que, después de haberse dispersado por medio mundo, han vuelto a su lugar de origen, salvo los que todavía se encuentran en Estados Unidos. A dos pasos está el mítico balneario de Molitg-les-Bains, el lugar perfecto para pasar una noche muy relajada y romántica.
Otro de los hitos de esta ruta es la iglesia de San Martín de Canigou que, salvo que se consiga que un 4X4 local nos suba hasta su cumbre, exige una caminata de varias horas por un sendero de cierta dificultad. La recompensa es encontrarse con un lugar cargado de buenas vibraciones, cuyo interés artístico no es tan importante como su valor simbólico y la situación donde se encuentra, frente al padre Canigou, una de las cumbres más carismáticas de los Pirineos.
De vuelta a España aún se puede conocer la abadía fortificada de Arles-sur-Tech, aprovechando para darse un baño termal en Amélie les Bains y también descubrir las pinturas murales, tanto las de la iglesia de Saint Martin de Fenollar, las más importantes de la región, como las de Saint Michel de Les Cluses.
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