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Blog Blog 5ª Avenida, por Ángel Jiménez de Luis

Una si por tierra, dos si por mar

One if by Land, two if by sea. En Nueva York, ese verso tiene otro significado. Es el nombre de uno de los restaurantes más exclusivos de Manhattan.

Ángel Jiménez del Luis

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Actualizado jueves 29/10/2009 19:23 horas
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Hang a lantern aloft in the belfry arch
Of the North Church tower as a signal light,
-- One if by land, and two if by sea;
And I on the opposite shore will be,

Este poema de Henry Wadsworth Longfellow, de 1861, narra la cabalgata de Paul Revere, herrero y patriota, que en la madrugada del 19 de abril de 1775 alertó a los colonos americanos de los movimientos del ejército inglés. Revere, cuenta la leyenda, pidió al párroco de la iglesia más alejada del pueblo que colgase una lámpara si los ingleses venían por tierra y dos si venían por mar para preparar la defensa de Charlestown.

La que se considera la primera batalla de la Guerra de la Independencia Americana se libró esa misma mañana en Concord, Massachusetts y se usó como ejemplo de la brutalidad inglesa para sublevar al resto de las colonias del territorio. Concord, hoy, sigue siendo una parada fantástica para quienes visitan el área de Boston y el noreste americano. El campo de batalla se conserva prácticamente intacto y la pequeña ciudad –más bien un pueblo- tiene un encanto especial.

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Pero me pierdo. Una si por tierra, dos si por mar. One if by Land, two if by sea. En Nueva York, ese verso tiene otro significado. Es el nombre de uno de los restaurantes más exclusivos de Manhattan, y el que ha sido considerado «sin duda el restaurante más romántico de Nueva York» por la guía Zagat, que viene a ser la biblia de los neoyorkinos.

One if by Land, two if by sea está ubicado en una vieja cochera del siglo XVIII reformada y en pleno barrio de Greenwich Village. Vivo en la calle paralela, a menos de un minuto de la puerta del restaurante, y llevaba más de un año intentando dejarme caer. Esta semana, por fin, tuve una excusa y me planté en la puerta.

Zagat acierta de pleno. Es, con diferencia, uno de los restaurantes más íntimos y románticos de la ciudad. De hecho es algo que deberían advertir en letras bien grandes antes de entrar. Cuando vas con un amigo o amiga la situación puede ser un poco incómoda. Todos los comensales son parejas de aniversario, cumpleaños o con un chico que en mitad de la cena se levanta para arrodillarse y pedir la mano de su pareja. Después de unos días de búsqueda en la red me he enterado de que, de hecho, aquí se enseñan casi más anillos que en los mostradores de Tiffany’s.

La carta es sencilla. Hay un menú de degustación (95 dólares/ 65 euros) en el que destaca el foie especiado y la panna cotta de lichi y un menú de precio fijo (78 dólares / 52 euros), de tres platos. La cocina entra dentro del genérico que aquí llaman nueva cocina Americana pero muchos de los que van al restaurante caen en la tentación de pedir uno de los platos más clásicos, el solomillo de buey estilo Wellington que, tengo que reconocerlo, es probablemente el mejor solomillo que he probado en mi vida. Estuve tentado de arrodillarme yo también y pedir la mano del chef, Samuel Freund.

Echen la culpa a la temporada –otoño- pero en el apartado de postres me quedo, más que con el lichi del menú del chef, con la crème brulee de calabazas. Exquisita. De los vinos no puedo hablar con rigor, así que mejor callo. En cualquier caso, el menú del chef se puede maridar con diferentes caldos por 55 dólares (37 euros) más.

Si no tiene ganas de comer el restaurante, bien vale una parada para un cocktail clásico, sobre todo en invierno, al calor de su chimenea.

Sobre el blog

La vida, como cualquier viaje, se puede hacer en primera clase. Descubra los lugares, objetos y placeres reservados a quienes no tienen límite en la tarjeta de crédito.

Sobre el autor

Ángel Jiménez de Luis, periodista, vive con el temor constante de acostumbrarse a una vida que no puede permitirse pero que disfruta en pequeñas dosis. Escribe también El Gadgetoblog.

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