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ESPECIAL XX ANIVERSARIO

De paseo por el Berlín comunista

Los berlineses se dieron prisa en eliminar el denominado "muro de la vergüenza". Aún así, todavía es posible realizar un viaje al viejo régimen alojándose en hoteles que reviven la estética comunista o visitando antiguos búnkeres atómicos cuyos túneles ponen la piel de gallina al más valiente de los visitantes.

Lucía Martín

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Actualizado martes 03/11/2009 13:30 horas

Un retrato de Erich Honecker, jefe de Estado de la extinta RDA, es el único adorno de la habitación en la que una cama, una mesa a modo de escritorio, el armario, una mesita con una lámpara y una radio conforman el resto de mobiliario. El ambiente resultaría triste de no ser por el alegre papel de las paredes, con formas geométricas en algunas habitaciones y floreado en otras. A pocos metros de uno de los restos más grandes del Muro que todavía se conserva (1.300 metros), el denominado East Side Gallery, se encuentra un hotel cuya decoración revive la Alemania comunista.

Y es que mientras muchos ciudadanos de la RDA se dedicaban a borrar las huellas del pasado para olvidar los años de represión, otros, como Daniel Helbig, uno de los propietarios del hotel Oste (Ost significa Este), recopilaba sofás y radios y buscaba el papel de las paredes en E-bay para montar un negocio que recreara la época comunista. Su reproducción es tan fiel que incluso los precios son rojos: 40 euros la noche si son habitaciones individuales, 9 euros si son compartidas.

Los vestigios del régimen son uno de los mayores reclamos para los turistas, pero no quedan tantos como pudiera pensarse y de la pared que separaba las dos Alemanias apenas quedan en pie unos metros: «Los berlineses han sido muy rápidos en destruir el pasado, el Muro provocó muchas muertes y además Berlín es una ciudad que se renueva constantemente», explica Volker, guía turístico.

Besos y graffitis

Delante de la Puerta de Brandenburgo, como si fuera una especie de cicatriz en el suelo, se ve el trayecto que dibujaba la pared maldita de la que se conservan algunos trozos en Niederkircherstrabe, en el denominado East Side Gallery, cerca del hermoso puente Oberbaumbrücke, y en la calle Bernauer, donde se encuentra un pedazo más tétrico y realista que el colorista de East Side, con graffitis en los que Erich Honecker y Leonid Brezhnev se besan. En la calle Bernauer también se ha creado un museo del Muro donde el visitante puede encontrar información sobre la historia y la construcción del mismo.

El cuartel general de la CIA y Ronald Reagan recibieron pedazos del Muro tras su caída

Tras su caída, el Muro desapareció rápidamente: en 1990, por ejemplo, se subastaron 81 segmentos en Mónaco, la puja mínima era de 50.000 francos. El cuartel general de la CIA y Ronald Reagan recibieron pedazos del mismo y lo demás se repartió por todo el mundo, incluso en forma de pequeñas piedras que adornan puntos de lectura en las tiendas de souvenirs, a saber cuál es su verdadera proveniencia...

Cerca de Treptower Park se ha conservado también una torre de control fronterizo, cuya parte superior está igual que durante la guerra fría y también pueden verse edificios típicamente comunistas en Karl-Marx-Allee, arteria que en su día se denominó Stalinallee y que fue elegida para alojar gigantescas torres de viviendas, la joya de la construcción de la RDA. Además, uno puede sumergirse en la vida en la República Democrática gracias al Museo de la RDA, donde el visitante puede subirse a un Trabant, el mítico vehículo comunista, entrar en una cocina de un apartamento o incluso, convertirse en un espía de la temible Stasi, la policía del régimen.

Bajar a los búnkeres atómicos

Aunque si busca emociones fuertes lo mejor es apuntarse a un tour bajo tierra: la asociación Berliner Unterwelten permite visitar los antiguos búnkeres atómicos que se crearon tras la crisis de los misiles de Cuba. El muro de Berlín tenía en realidad dos muros y el espacio entre ambos se denominaba la zona de muerte, con distintos elementos disuasorios para evitar las fugas: zanjas, franjas de arena, alambradas, cercas electrificadas...

La cuasi infranqueable pared hizo que los vecinos de la RDA buscaran otras posibilidades bajo tierra, como por ejemplo, las alcantarillas. Cuando la Stasi descubrió esta nueva vía de escape o los túneles que muchos desgraciados cavaban para llegar al oeste, decidieron construir en el subsuelo hasta 75 puestos fronterizos. Si bien el muro exterior tardó pocos años en ser barrido en la superficie, no fue hasta 1996 que se consiguieron eliminar todas las fronteras situadas bajo el suelo. Aunque algunos prefieren correr un tupido velo sobre el pasado, otros, como los miembros de esta asociación, reivindican conservar la memoria aunque sólo sea por lo del dicho de «aquel que olvida su historia está condenado a repetirla».

Y, puestos a revivir momentos históricos, los que no pudieron estar presentes en Berlín el 9 de noviembre de 1989 podrán asistir el próximo 9 de noviembre a una caída simbólica del muro. El Ayuntamiento de la ciudad hará caer ese día un dominó gigante (una de las piezas, perteneciente a la compañía EasyJet, ha sido pintada por dos jóvenes españoles) entre la puerta de Brandenburgo y la Postdamer Platz. Será, sin duda, otro de los momentos a recordar de esta bella ciudad.

 
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