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Taishan, la montaña sagrada
que nunca descansa

Taishan, la más famosa entre las cinco montañas sagradas de China, nunca cierra. Por el día, es recorrida por una marea humana que sube y baja su interminable escalera de 6.600 escalones y por la noche es fácil encontrarse a jóvenes paseando por sus más de 1.500 metros de altitud, alumbrados simplemente por la luz de los templos de un lugar de gran espiritualidad.

Texto | Fotos: Jorge Planelló

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Actualizado martes 16/02/2010 18:42 horas

Poco le falta a Taishan, la más famosa entre las cinco montañas sagradas de China, para estar abierta al público las 24 horas. Por el día, es un hervidero de familias que suben y bajan a lo largo de su interminable escalera. Y hasta bien entrada la noche uno aún puede ver luces por aquí y por allá, provenientes de templos y tiendas, así como cruzarse con algún grupo de jóvenes. Eso sí, nada en comparación con la marea humana que hay durante las horas del sol, especialmente en ciertas zonas del recorrido y en fechas señaladas.

El visitante que busque alta montaña se sentirá decepcionado. El Monte Tai, situado en la provincia nororiental china de Shandong, está preparado para las visitas de miles de chinos y de algún que otro extranjero que se atreven con su empinada escalera de 6.600 escalones y sus más de 1.500 metros de altitud. Su bagaje histórico y su significado espiritual le han conferido una fama difícil de eludir y el reconocimiento de patrimonio histórico por parte de la Unesco en 1987.

Dice la tradición que Confucio, ideólogo y educador chino, acudió a Taishan e incluso bebió en uno de sus ríos. Posteriormente, este lugar ha sido destino de emperadores, de otros líderes políticos como Mao Zedong, así como de funcionarios de la administración china y eruditos que han dejado como legados numerosas inscripciones en piedra y esculturas durante todo el camino.

El carácter de destino espiritual es patente a tenor de los templos que con frecuencia se suceden a los lados del recorrido. Los hay budistas, taoístas y también dedicados el dios de la montaña, como por ejemplo el Daimiao, un vasto complejo amurallado que suele ser el punto de partida del ascenso. De acuerdo con la doctrina del Fengshui (viento y agua), que interpreta cómo la naturaleza influye en el destino y fortuna del ser humano, los lugares con pendientes son propicios para la interacción entre el mundo físico y el espiritual, ya que canalizan mejor la energía que la hace posible.

De día y de noche

Por el día, los templos, especialmente los que se hallan en lugares de paso, están muy concurridos y es posible contemplar los distintos rituales de adoración. A disposición del visitante que quiera participar en ellos, hay a la venta varillas de incienso, así como candados y frutas como ofrendas. Para muchos, esta suerte de peregrinación a Taishan acaba con la vista del amanecer desde la cima, para lo que es necesario dormir en uno de los diversos hoteles en lo alto. Esta experiencia tal vez no sea tan grata en aquellas ocasiones en que la neblina se deja ver por la zona. Sin embargo, experimentar el anochecer en la montaña y realizar el ascenso o el descenso sin sol es muy recomendable ya que ofrece al viajero la posibilidad de conocer una cara de Taishan diferente, alejada del tumulto y de los vendedores por todas partes durante el día.

El recorrido más popular conduce a una escalera flanqueada por templos y puestos de venta

Aunque el recorrido no está iluminado, de vez en cuando uno encuentra un paréntesis entre tanta oscuridad. Tal vez un puesto de venta donde es posible comprar una linterna para seguir el camino sano y salvo, o bien un templo envuelto en una atmósfera un tanto espectral, a la luz de un par de faroles rojos y con los restos de las varillas de incienso aún humeantes en los quemadores. Hay varios itinerarios para realizar el ascenso. El más popular le llevará por una escalera flanqueada por templos, así como puestos de venta y de comida improvisados. El primer tramo, hasta la llamada puerta del centro (Zhongtianmen), requiere entre dos y tres horas y alterna partes relativamente fáciles con otras de una pendiente considerable.

No obstante, nada en comparación con el último tramo, que le conducirá hasta la cima donde se ubica la puerta sur del cielo (Nantianmen) a través de una escalera que se retuerce entre las paredes de la montaña y que gana pendiente conforme uno se aproxima al final. En total, el ascenso dura de cuatro a cinco horas. Para subir el famoso Sendero de las Dieciocho Curvas -como se conoce el último tramo hasta Nantianmen- no se precisa ser un escalador, pero requiere esfuerzo. La distancia recorrida alcanza los 400 metros y en ocasiones la pendiente roza el 80%. Aún así uno no deja de sorprenderse del variado perfil del visitante de Taishan.

Una experiencia social

Si toma una fotografía en plena escalera es muy probable ver lo siguiente: familias con niños y no tan niños, parejas, pandas de amigos, un tropel de turistas chinos que a medida que ascienden se va fragmentando en pequeños grupos, todos ellos mezclados con sufridos porteadores que llevan kilos de bebida, comida y otros productos para abastecer las tiendas.

El ascenso de la montaña es una experiencia social que se hace más intensa cuanto más pronunciada sea la pendiente

Ante todo, el ascenso de la montaña es una suerte de experiencia social que se hace más intensa cuanta mayor sea la altitud y pronunciada la pendiente. Ya casi en lo alto, casi todo el mundo se sonríe, empapados en sudor, como si fueran víctimas de una broma y la cima no llegase nunca.

Además, la subida es lo suficientemente larga como para coincidir varias veces con las mismas personas y entablar conversación. Incluso a veces, si uno es extranjero, los locales querrán hacerse una foto. Quien no desee hacer toda la caminata también puede subir directamente hasta Zhongtianmen en taxi o autobús y desde allí hacer sólo la última parte del recorrido, que pasa por ser la más fotografiada. De esta manera, uno se ahorra buena parte del esfuerzo del ascenso pero también se pierde la parte más prolija en templos, tiendas y árboles. Por otro lado, para quienes no deseen o puedan ir a pie, hay un teleférico que cubre el último tramo desde por la mañana aproximadamente hasta las 5.30 de la tarde.

El resto de itinerarios, aunque sin tanto templo, ofrecen como valor añadido paisajes interesantes y sobre todo mucha tranquilidad. Una de las opciones es realizar el ascenso por el camino más conocido y después descender o perderse un rato por las zonas menos visitadas, tras lo cual se puede regresar a la cima para hacer noche en la montaña o bien realizar el descenso tras la caída del sol.

 
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