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Antalya, puerta abierta al sur

La antigua Attaleia ofrece la cara más oculta del país. A apenas una hora de avión de Estambul, el mejor clima del Mediterráneo oriental se mezcla con la historia de una ciudad construida de forma escalonada que ofrece decenas de yacimientos arqueológicos por explorar junto a las murallas mandadas a construir por Adriano.

Javier Mazorra

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Actualizado miércoles 14/10/2009 19:18 horas

A una hora de Estambul en avión, la antigua Attaleia fundada en el año 150 antes de Cristo por el rey Atalo II de Pérgamo se ha convertido en estos últimos años en la capital turística de Turquía y el mejor sitio desde donde explorar los muchos yacimientos arqueológicos y la costa sur del país. Sobre todo cuando pasan los calores del verano y se puede disfrutar durante gran parte del invierno del mejor clima del Mediterráneo oriental, gracias a estar protegida por el Monte Tauros.

La mayoría de los viajeros sin embargo nunca llegan a conocer la que para Ataturk, el padre de la nueva Turquía era «el lugar más bonito del mundo»; apenas pisan el aeropuerto para luego dirigirse hacia la Costa Turquesa o hacia las playas de Oriente, camino de Alanya. Y no saben lo que se pierden. La ciudad ha crecido mucho en los últimos años, -ya supera el medio millón de habitantes-, pero alrededor del viejo puerto todavía se esconde esa orgullosa ciudad, construida de forma escalonada en diferentes niveles que aun protegen las murallas que el Emperador Adriano mandó construir hacia el año 130 de nuestra era.

Sus tiendas y cafés de alguna forma mantienen una tradición que pervive desde hace muchos siglos, incluso antes de que llegasen los romanos y que de forma ininterrumpida se ha mantenido hasta nuestros días. Desde siempre se ha venido a hacer compras antes de sentarse y contemplar desde sus terrazas, el que posiblemente sea el atardecer más romántico del Mediterráneo turco. Luego hay que refugiarse en el barrio de Kaleiçi donde se agolpan en estrechas callejuelas, docenas de antiguos caravanserai , hoy convertidos en pintorescas pensiones. Pero también hay monumentos. De la época de los seleúcidas, allá por el siglo XIII, se puede ver un precioso minarete en forma de flauta, el Yivli Minare.

Prácticamente de cada época nos ha llegado un edificio carismático. Así del XIV aun está pie un antiguo monasterio o tekke relacionado de los dervishes; del periodo otomano conservamos una opulenta mezquita dedicada a Mehmet Pasha. También queda algún edificio que revela su origen italiano, de cuando Antalya fue colonia del Duce entre la Primera y Segunda Guerra Mundial.

La magia de la antigüedad

Del resto de la ciudad hay que conocer sus parques, sobre todo los que se asoman al mar desde lo alto de los acantilados, donde siempre hay un café donde descansar y mirar el horizonte para luego asomarse y descubrir algunas de las cascadas que de forma misteriosa dejan caer sus aguas al mar. Para ver las más impresionantes hay que alejarse del centro y acercarse a Kursunlu.

Siempre hay un café donde ver el mar junto a acantilado y cascadas de forma misteriosa

Más tarde o más temprano, no queda más remedio que explorar sus alrededores donde se esconden los restos de algunas de las ciudades más espectaculares de la antigüedad clásica. Pero antes es casi obligatorio pasar por el Museo Arqueológico. Es uno de los mejores del país y en él se guardan los principales tesoros encontrados en los yacimientos cercanos además de los que se supone podrían ser parte de los huesos de San Nicolás (los otros están en Bari) que hoy conocemos como el antecesor de Papa Noel. San Nicolás se convertiría en el obispo de la vecina Demre, todavía rodeada de las tumbas de los reyes de Licia excavadas en la roca. Una primera posibilidad de excursión desde Antalya es precisamente dirigirse hacia el oeste, para descubrir la Costa Turquesa y lo que queda de ese antiguo reino de Asia Menor aunque hay otros yacimientos mucho más espectaculares.

Si sólo se tuviera tiempo para uno, ese sería sin duda Termessos (la antigua Sagalassos embellecida por Adriano), 30 a kilómetros del centro pero ya a más de mil metros de altura. La subida no es fácil, ni apta para todos los viajeros pero la recompensa para los que hacen el esfuerzo, es inmensa. Otra alternativa es explorar hacia el este, las ciudades de la antigua Pamphilia entre las que se incluyen Perge, Side y Aspendos que mantiene en pie el que posiblemente sea el teatro romano que ha llegado hasta nosotros en mejor estado. Cualquiera de estos sitios está tan cerca de Antalya que no impiden que al final del día, ya se esté de vuelta a tiempo para contemplar como el sol se hunde en el Mediterráneo.

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