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Acariciando las nubes en Dolpo

Existe un lugar oculto entre las montañas donde el reloj del tiempo hace siglos que se detuvo. Es el Alto Dolpo, un mundo primitivo aislado del exterior por cumbres que superan los 7.000 metros. Pese a su belleza abrumadora, la vida es muy dura, tanto que sólo los Dolpo-pa han sido capaces de adaptarse.

Gerardo Olivares

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Actualizado miércoles 30/09/2009 19:54 horas

Hacía unos días que había regresado de Níger, donde acababa de atravesar el desierto del Ténéré acompañando a una caravana de camellos en busca de las minas de sal de Fachi. Este viaje formaba parte de un documental para televisión sobre las caravanas de sal en el mundo y mi siguiente destino iba a ser la desconocida y remota región del Alto Dolpo, situada al oeste de Nepal, en la frontera con Tíbet. Allí, con la llegada de la primavera, los Dolpo-pa preparan sus caravanas de yaks cargadas de sal para iniciar una increíble y peligrosa travesía hacia las tierras bajas del sur, cruzando la cordillera del Himalaya.

Nuestro objetivo era alcanzar Saldang, el último valle limítrofe con el Tíbet. Allí vive Tsewang Dorge, un viejo nómada Dolpo-pa que cada año viaja con su caravana de yaks hacia el sur. Para llegar a Saldang tendríamos que caminar durante 11 días a través de las Montañas de Cristal, bordear el Lago Turquesa y superar tres pasos de montaña con altitudes superiores a los 6.000 metros. Un apasionante viaje por territorios vírgenes y salvajes utilizando los senderos de los nómadas y que conforman uno de los trekkings más fabulosos de cuantos se pueden hacer en el continente asiático.

Los pastos del camino

Sus montañas no son tan espectaculares como la conocida región de los Anapurnas o del Everest, pero el gran atractivo del Alto Dolpo, aparte de sus paisajes inalterados y de su naturaleza salvaje, es la ausencia de turistas. Y es que durante muchos años el Alto Dolpo fue un lugar prohibido y peligroso ya que estaba controlado por la guerrilla maoísta. En la actualidad, y con la victoria de los maoístas en las elecciones de 2008, la región es bastante segura de visitar.

Las caravanas parten hacia el Tíbet a principios de la primavera cargadas del grano que han intercambiado por sal.

Los Dolpo-pa dependen del comercio para subsistir. Desde generaciones y con la llegada del verano, las caravanas viajan hacia las tierras del sur -la tierra del grano- para cambiar la sal por cebada y arroz. Viajan en grupos reducidos de no más de 150 animales para no saturar los campamentos y agotar los pastos del camino. Ellos no explotan la sal, sólo la transportan. La sal se extrae del lago Drabié, un lago situado 300 kilómetros hacia el interior del Tíbet.

Normalmente las caravanas parten hacia el Tíbet a principios de la primavera y viajan cargadas de grano que un año antes han intercambiado por sal en las tierras bajas del sur. Los caravaneros realizan un ciclo anual que dura cinco meses y con ello se aseguran la sal para el ganado y el grano extra que necesitan para cubrir sus necesidades durante el largo y frío invierno.

El Lago Turquesa

Tres días después de la luna llena, la caravana está lista para partir. El rebaño lo encabeza un yak guía al que se le adorna con katas -pañuelos de seda blanco- alrededor del cuello y con banderas de oración. Los yaks guías son muy apreciados porque son capaces de detectar el peligro en los pasos de montaña, percibir las avalanchas de nieve antes de que se produzcan, trazar rutas nuevas cuando el sendero se encuentra cortado y distinguir las zonas donde el hielo está duro o blando.

A media mañana la caravana de Tsewang Dorge inicia la marcha. Por delante nos espera un largo camino lleno de peligros y de incertidumbres pero también de una belleza abrumadora. Durante cinco semanas caminaremos hasta alcanzar de nuevo el Lago Turquesa, un lago sagrado cuyas aguas están tan limpias que se consideran una de las más puras del mundo. Una vez bordeado el lago nos separaremos. Ellos iniciarán el regreso a Saldang atravesando los valles del oriente para llegar a tiempo de no ser sorprendidos por las primeras nevadas del otoño. Nosotros regresaremos a las tierras bajas en una de las travesías más apasionantes que se pueden hacer en el Himalaya.

 
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