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Ponta d'Ouro, aventuras y exotismo en el paraíso

Uno de los secretos mejor guardados de la costa africana es Ponta d'Ouro, una playa de siete kilómetros. Escondida en Mozambique, ofrece la posibilidad de adentrarse en lugares salvajes, ideales para contemplar cómo la vegetación hace suyo el paisaje y los animales se desenvuelven en su habitat natural.

Carmen Moreno

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Actualizado jueves 22/10/2009 19:52 horas

En el extremo sur de Mozambique se extiende una impresionante playa color turquesa de unos siete kilómetros de longitud llamada Ponta d'Ouro. Un lugar paradisíaco en el que los amantes de la Naturaleza disfrutarán de las más pintorescas especies vegetales y animales en su hábitat natural; un rincón prácticamente salvaje en el que la libertad y la aventura casi pueden respirarse. Y es que la aventura comienza desde el mismo momento en el que se decide poner rumbo a esta apartada orilla de la interminable costa africana. Lo primero es alquilar un todoterreno, aprovisionarse de pastillas contra la malaria y spray antimosquitos y realizar unos cuantos estiramientos, ya que el ajetreado viaje puede acabar con las cervicales más ejercitadas.

Lo más recomendable es partir hacia Ponta d'Ouro desde Maputo, la capital mozambiqueña, un viaje que permite conocer toda la esencia africana en algo más de tres horas. Y es que el tiempo que se tarda en llegar a nuestro destino no varía, pero sí los trayectos disponibles para conseguirlo. La primera opción consiste en embarcar nuestro 4x4 en un ferry y realizar el trayecto de Maputo a Catembe vía marítima. A partir de ahí, no queda más remedio que resignarse y adentrarse en las precarias carreteras mozambiqueñas, o mejor dicho por lo que queda de ellas, en dirección a Ponta d'Ouro.

La otra alternativa nos evita las previsibles esperas en puerto, aunque obliga a rodear toda la Bahía de Maputo, lo que se traduce en unos 50 kilómetros más de recorrido. Eso sí, por una carretera aceptable. Superada Bela Vista comienza el espectáculo: interminables baches y profundos barrizales, adornados con pequeñas aldeas que parecen sacadas de otra época, y todo ello aderezado por los grupos de niños que transitan los caminos y las manadas de famélicas vacas guiadas por sus respectivos pastores.

La Reserva de Elefantes de Maputo

Superados los primeros 100 kilómetros, la empedrada carretera por la que habíamos transitado se transforma en un desierto de dunas que impide superar la velocidad de los 30 kilómetros por hora. Por fortuna, en este punto podremos contemplar una de las múltiples atracciones naturales del viaje: la Reserva de Elefantes de Maputo. Esta impresionante explanada de 236.000 hectáreas da cobijo a más de 180 especies animales, entre las que destaca, como es lógico, el elefante. No obstante, el reducido número de ejemplares existente y la densa vegetación de la reserva obligan a permanecer muy atentos si queremos disfrutar de este gigantesco animal.

Mientras se busca al paquidermo, nada mejor que deleitarse con la densa y variada vegetación de la zona y las impresionantes lagunas y playas desérticas que la rodean. Si tenemos de nuestro día de suerte, puede que incluso contemplemos cocodrilos y algún hipopótamo, otro de los Cinco Grandes Africanos, cuya reducida población suele pasearse por la zona con relativa frecuencia. El acceso cuesta 200 meticales (poco más de cinco euros) para los extranjeros y es válido para todos los días que estemos dispuestos a permanecer en el parque, ya que existen alojamientos dentro de la reserva para los que prefieran alargar la estancia.

Recobradas las energías reanudaremos nuestro viaje rumbo a Ponta d'Ouro, adonde llegaremos tras otra hora de dunas y laberínticos caminos que, por fortuna, van a parar al mismo lugar, aderezados con algún que otro susto en forma de cartel para recordarnos que la zona que transitamos fue un campo de minas durante la Guerra Civil Mozambiqueña. Ya en Ponta d'Ouro, atravesaremos un curioso mercadillo formado por decenas de pequeños puestos típicamente africanos hasta contemplar, en el horizonte, el inmenso mar. Y en un abrir y cerrar de ojos, la fina arena de la playa y las inmensas dunas recubiertas de vegetación nos recordarán que el largo y tortuoso recorrido ha merecido la pena.

Disfrutar de la flora marina

Tras buscar nuestro alojamiento, por fin podremos aparcar nuestro sufrido todoterreno y disfrutar de toda la biodiversidad que se concentra en este rincón del sur de África. Un lugar en el que encontraremos más sudafricanos que mozambiqueños, ya que la cercanía -apenas cinco kilómetros- con la provincia sudafricana de Kwaza Zulu-Natal hacen de Ponta d'Ouro uno de los destinos turísticos favoritos de los habitantes del país vecino. Aparte de las actividades con animales, también merece la pena dedicar alguna que otra tarde a disfrutar de la flora marina. Para ello, basta con acercarse a la costa y contratar la correspondiente sesión de buceo, para la que nos aprovisionarán por un módico precio de todo el material que necesitemos.

Asimismo, en una zona costera tampoco podían faltar las motos acuáticas y el surf, actividades que también podremos realizar o simplemente contemplar, ya que cientos de jóvenes pasan el día en busca de la gran ola, algo que no resulta muy complicado teniendo en cuenta el fuerte oleaje propiciado por el viento que sacude la zona a lo largo de todo el día. Y tras ejercitar nuestros cuerpos, nada mejor que regresar a nuestro alojamiento y degustar una suculenta barbacoa junto a nuestros vecinos de habitación, que posiblemente serán sudafricanos y, por tanto, unos auténticos apasionados de las boerewors (salchichas típicas de Sudáfrica) y la buena carne.

No obstante, si se prefiere cenar fuera, Ponta d'Ouro ofrece cuenta con multitud de restaurantes en los que podremos saciar nuestro apetito a un precio que difícilmente superará los 10 euros por persona. La carne y las pizzas estén presentes en la mayoría de locales, pero estando en una zona costera nada mejor que degustar pescado fresco y, sobre todo, marisco.Todo ello iluminado por la luz de la luna reflejada en el mar, realmente, un auténtico paraíso.

 
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