Hay ciudades con personalidad propia y Bolonia es una de ellas. Rica en movimientos políticos y culturales durante décadas, la capital de Emilia Romaña, al norte de Italia, sigue atrayendo por su deliciosa gastronomía, su ambiente envolvente y sus colecciones de arte.
Hay ciudades en el mundo que tienen personalidad, lugares que hasta el viajero menos habitual puede reconocer desde el avión por su silueta. Bolonia (en italiano Bologna, Bulåggna en dialecto boloñés), capital de Emilia Romaña (en el norte de Italia), es sin duda una de esas ciudades. La llaman la Ciudad Roja, por el color de sus tejados y de sus fachadas, pero también por haber sido núcleo del Partido Comunista Italiano y de la resistencia partisana contra los fascistas en la II Guerra Mundial.
Hoy en día, sigue siendo una ciudad rica en movimientos políticos y culturales. Es también conocida como Bolonia la Docta, gracias a su universidad, fundada en el 1088 (la más antigua de todo occidente). A su vez, por su economía floreciente y su deliciosa cocina, apreciada en toda Italia, se ganó el sobrenombre de Bolonia la Gorda. Al turista no le faltará nada: monumentos espectaculares, altas dosis de diversión, buena cocina y una fuerte identidad cultural. Perderse entre la gente, por las calles y travesías medievales, os hará daros cuenta de que no existe un lugar así en toda Italia.
Una vez llegados al aeropuerto Marconi, un autobus os llevará en 15 minutos a la estación de ferrocarril, al lado del centro. Nada más bajar podréis notar la principal característica del pueblo medieval: los pórticos. Cada calle del casco histórico (y también muchas otras fuera del centro) está cubierta de soportales, lo que permite a los boloñeses disfrutar de su ciudad también durante los días de lluvia. La ciudad cuenta con más de 45 kilómetros de arcadas en sus fachadas, aproximadamente 38 de los cuales se encuentran en el centro histórico.
Según un curioso edicto del 1288, se prohibía la construcción de nuevos edificios sin columnadas, las cuales debían permitir el tránsito de un hombre a caballo. Una leyenda cuenta que fueron construidos en el medievo tardío para crear habitaciones adicionales, que servían para hospedar a los estudiantes procedentes de toda Europa. De hecho, lo que seduce a la mayoría de la gente a vivir en esta mágica ciudad es el Alma Mater Studiorum, la Universidad de Bolonia, la cual acoge cada año a más de 90 mil estudiantes que, en una ciudad de 400.000 habitantes, revolucionan la vida y cultura de manera única.
El casco histórico de Bolonia es el más grande y mejor conservado de Europa, y hay que disfrutarlo a pie.
Entre sus alumnos se encuentran personajes históricos de la talla de Dante Alighieri, Petrarca, Thomas Becket, Erasmus de Rotterdam y Nicolás Copérnico, así como (tras la apertura del Real Colegio de España en el 1369) los españoles Juan Ginés de Sepúlveda y Antonio de Nebrija, entre otros. Aunque la presencia de la universidad impidió que la ciudad se convirtiese un destino puramente turístico, hay que reconocer que no tiene nada que envidiar a la cercana y más conocida Florencia, apenas a una hora de tren.
El casco histórico de Bolonia es el más grande y mejor conservado de Europa, pero para disfrutar de éste se recomienda recorrerlo a pie. No dejéis de visitar la Piazza Maggiore, que aloja la basílica de San Petronio, la quinta iglesia más grande del mundo, cuya particularidad es que no llegó a terminarse; frente a la basílica se encuentra la fuente del Neptuno del artista Juan de Bolonia (el mismo que comenzó la estatua ecuestre de Felipe III en la Plaza Mayor de Madrid) y el Palazzo del Podestà. Cerca de la Piazza Maggiore está la Piazza Santo Stefano, también llamada plaza de las siete iglesias, pues incluye siete iglesias superpuestas de épocas diferentes.
Siguiendo vuestro paseo por el centro no dejéis de contemplar otro rasgo de la ciudad: las torres medievales, que en un tiempo sumaron hasta 180 y de las que ahora solo sobreviven algunos ejemplares. Sin duda las más conocidas son las dos torres inclinadas degli Asinelli y Garisenda, de 97 metros (497 escalones) y 48 metros respectivamente. La Torre degli Asinelli además de ser la más alta de Italia, es famosa entre los estudiantes supersticiosos, que evitan subir bajo la maldición de que nunca se graduarán si la coronan.
Al Santuario della Madonna di San Luca, sobre las colinas, se accede a través de un pórtico de cuatro kilómetros.
Si os queda todavía fuerza en las piernas después haber dado la vuelta del centro, no os podéis perder la visita al Santuario della Madonna di San Luca, sobre las colinas, al cual se accede a través de un sugestivo pórtico con una longitud de cuatro kilómetros. Cuenta con 666 arcadas y es el más largo del mundo. Se dice que, una vez terminada la subida bajo este pórtico, se puede pedir un deseo. Finalmente, si estáis cansados por el largo paseo turístico os aconsejamos descansar y relajaros rodeados del verde de los Giardini Margherita, un pequeño Parque del Retiro donde los boloñeses juegan a frisbee, toman el sol y buscan la sombra.
Pero lo que es todo un descubrimiento es el lado humano de la ciudad. Andrea Pazienza, famoso historiador y pintor que vivió en Bolonia, decía de los habitantes que tienen una cosa: personalidad. Una vez acabada la ruta turística es momento de vivir la movida del centro, juntos a los estudiantes procedentes de toda Italia y los Erasmus (españoles en su mayoría). Podréis encontrar una gran variedad de bares donde los jóvenes acostumbran a disfrutar del aperitivo bajo los pórticos: el espacio que para los boloñeses representa el confín entre el local (espacio privado) y la calle (espacio público).
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