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Bijagós, las islas fuera del tiempo

En este archipiélago, la naturaleza se conserva como en pocos lugares de África, dando lugar a proyectos de desarrollo sostenible que implican a la población local. Pasar unos días aquí implica sentirse en un paraíso desaparecido en el resto del continente.

Texto | Fotos: Alfredo Merino

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Actualizado jueves 15/10/2009 17:21 horas

Visitar estas islas es algo más que realizar un viaje africano. Ancladas en la última esquina del continente, hace siglos que las Bijagós decidieron vivir a su aire. Y aún hoy, que hasta en el último rincón de África se asientan las peores miserias, léase sida, corrupción, narcotráfico y miseria, la existencia de los bijagós y de los escasísimos viajeros que se aventuran entre sus manglares, desconocen tales ataduras. De esta manera, cuando se llega hasta alguna de sus tabancas, sus moradores salen a recibirle con una mezcla de curiosidad y respeto. Entonces uno se siente igual que aquellos portugueses que hace cinco siglos llegaron por primera vez al archipiélago.

Fueron los lusos quienes descubrieron las Bijagós en 1535, siendo el primer territorio africano asimilado para la Corona portuguesa, junto con la parte continental de la actual Guinea Bissau. Los isleños, integrados en 23 etnias diferentes, de las que balante, fula, mandinga y manjaca son las más importantes, mantenían un mínimo contacto con el continente. Más o menos como hasta ahora, donde la única manera de alcanzar este archipiélago es en el trasbordador que un par de veces por semana le une con la capital Bissau.

Las Bijagós conforman un archipiélago de unas 80 islas que surgen enfrente del extremo occidental de África, a la altura del enorme delta que forman en su desembocadura de los ríos Geba y Grande y que fue la causa de su origen. Pertenecen a Guinea Bissau, uno de los países más reducidos de África: 36.125 kilómetros cuadrados. Orango, Bubaque, Carabela, Carache, de las Gallinas y Formosa son las islas más importantes.

Naturaleza sin alterar

Su aislamiento geográfico y la escasa población, formada por 27.000 nativos, cuya mayoría sólo habita 20 islas permaneciendo el resto prácticamente desiertas, ha permitido que el medio natural se conserve sin alteraciones. Esto hizo que la Unesco declarase en 1996 la Reserva de la Biosfera de Bolama-Bijagos, amplio territorio de 1.100.000 hectáreas de las cuales el 90% son islas. Manglares, selva, sábanas y arenales, aparte del medio marino, son los ecosistemas de las Bijagós que albergan dos parques nacionales: el de las Islas Orango, que incluye Orango, Canogo, Meneque, Imbone y Orangozinho, y el Joao Vieira-Poilao, que protege cinco pequeños islotes aislados al sur del archipiélago, que constituyen el principal caladero de tortugas del Atlántico.

Por su situación en la costa occidental africana, las Bijagós es un afamado destino de las aves migratorias

Por su situación en la costa occidental africana, las Bijagós es un reconocido lugar como destino de las aves migratorias. Se han censado más de 160 especies calculándose su número invernal en 700.000 ejemplares. Además de ellos, en las islas hay antílopes, monos verde, cinco especies de serpientes, delfines, manatíes, cinco especies de tortugas marinas e hipopótamos. Eso que se sepa, pues apenas se han realizado trabajos de campo y estudios científicos rigurosos.

Tan encomiable aislamiento ha supuesto, sin embargo, la principal amenaza para las islas. En busca de nuevos destinos donde expandir sus imperios, las grandes cadenas del turismo se han fijado en las Bijagós y aunque de momento no hay ningún proyecto concreto, su nombre está en sus listas. No es el único peligro. Los carteles de la droga americanos ya han empezado a utilizar las Bijagós como pista de aterrizaje tras el salto del charco. El laberinto deshabitado de este archipiélago es el mejor de los lugares para pasar desapercibidos.

Un turismo sostenible

Para evitar ambos males, una fundación española CBD Hábitat, se ha propuesto llevar a cabo un singular proyecto de desarrollo sostenible. Lo financia la organización Mava cuyo presidente, Luc Hoffan, es uno de los personajes claves en la historia del ecologismo y uno de los padres del Parque Nacional de Doñana. Su emblema es el Orango Parque Hotel, el único establecimiento hostelero de las Bijagós.

El Orango Parque Hotel representa el único establecimiento hostelero del archipiélago de las Bijagós

Situado en la isla de Orango, en el Parque Nacional de este nombre, su capacidad es reducida, pues sólo cuenta con ocho habitaciones. Suficientes según consideran sus gestores, pues no se trata de hacer negocio, sino de crear una fuente de riqueza que revierta sobre los nativos. En este caso, los habitantes de la tabanca de Eticoga. Ellos componen el personal del hotel y a ellos van las ganancias que produce un establecimiento integrado por completo en el medio y que se nutre de los productos locales. Como los sabrosos pescados tropicales pescados frente a la playa del hotel.

La naturaleza y una vida sencilla son los atractivos del Orango Hotel, que en el año que lleva funcionando ha tenido completo su hospedaje y ya cuenta con reservas para la temporada que comienza. Además de ello, los de CBD Hábitat llevan a cabo diferentes proyectos ambientales cuyo fin último es conservar la naturaleza y enseñar a los nativos a protegerla pues es sólo ahora, después de cinco siglos desde que llegasen a las Bijagós los primeros hombres blancos, cuando empieza a estar amenazada.

 
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