Hubo un tiempo, allá por el siglo XVII, en que la manchega ciudad de Almagro era la capital del teatro castellano. Hoy, lo vuelve a ser, enmarcada siempre entre esas tierras de antiguos romances, batallas heroicas, episodios quijotescos y parajes naturales todavía por explorar.
Cuentan los estudiosos que Don Quijote reclama a Sancho su atención sobre el delicado sabor de las berenjenas. Y es que estamos en tierras del popular personaje literario, en Almagro, la capital del teatro castellano. Lo fue hace muchos siglos y lo ha vuelto a ser desde hace algunos años. Y es que hubo un tiempo, allá por el siglo XVII, en el que las tierras manchegas convocaban a los grandes y poderosos del país, en el que se celebraban fastuosas fiestas y alegres comedias en una comarca que hoy nos parece alejada de la vida social y cultural. Fue la época en la que los banqueros reales procedentes de Alemania se establecieron en los Campos de Calatrava, concretamente en Almagro, para hacer grandes negocios con las minas de Almadén.
Hay lugares que se saben vender, y éste es uno de ellos. Almagro siempre ha estado en una zona privilegiada, en estas tierras de La Mancha muy amantes de las batallas y de los ejércitos privados, como eran las órdenes militares. Las tierras de Calatrava eran un jardín para los líderes de la Orden, pero fue Carlos I de España y V de Alemania quien dará protagonismo a la zona al llamar a importantes familias flamencas para que colaboren en el desarrollo de la comarca. Así, en el siglo XVI, llegan hasta Almagro los Fugger, que serán los responsables de la explotación de las minas de Almadén para la Corona y traerán con ellos gustos y tradiciones europeas, como la elaboración del encaje de bolillos.
Desde el coche, no es difícil imaginar aquellos tiempos para recorrer como se merecen las tierras del Campo de Calatrava. Es la prolongación hacia el oeste de La Mancha quijotesca, la de los molinos y las ventas. Aquí hay que pensar primero en esos viejos romances de tierras de frontera y de batallas heroicas, de familias nobles en perpetuo conflicto y caballeros que controlaban desde sus castillos esta zona donde ni los reyes, ni la corona influyeron demasiado. Las órdenes religioso-militares fueron las encargadas de la reconquista y de la posterior repoblación.
La Plaza Mayor de Almagro tiene un aire flamenco, igual que los encajes de bolillos que aún tejen sus mujeres
Con el espíritu ya puesto en perspectiva podemos conocer la Comarca de Calatrava, comenzando en Almagro, antigua capital administrativa de la provincia de La Mancha, desbancada hoy por Ciudad Real. Almagro tiene varias cosas famosas, como las berenjenas, pero sobre todo su gran Plaza Mayor, diferente y única. Tiene un aire inconfundiblemente flamenco, igual que los tradicionales encajes de bolillos que aún tejen sus mujeres, muy similares a los que se confeccionaban en otros tiempos en Flandes.
Vale la pena tomarse un tiempo para admirar la plaza, con su doble galería con ventanas de madera que descansa sobre unos pilares de piedra, y los dos grandes edificios que la enmarcan: el Ayuntamiento al este y el Palacio Maestral. Desde la plaza, el barrio noble se extiende hasta la antigua universidad, encerrando gran parte del patrimonio artístico de la ciudad: el Palacio de los Fugger, las iglesias de San Agustín y San Bartolomé. Pero la joya es su Corral de Comedias, el único escenario teatral del Siglo de Oro que se conserva en el mundo, con su Festival de Teatro Clásico. Su visita se completa con la del Museo del Teatro, que reúne interesantes muestras de la historia del teatro.
Desde Almagro se llega rápidamente a Calzada de Calatrava y desde allí al Castillo-Convento de Calatrava la Nueva que junto con el vecino Castillo de Salvatierra, entre Castilla y Andalucía, goza de la mejor situación de la comarca y por consiguiente de las mejores vistas. De regreso, cualquier pueblo de la comarca puede ser bueno para realizar una última parada y degustar cualquiera de las especialidades manchegas, que tan bien se cocinan en esta zona, o algo más específico y autóctono como es el conejo tojunto o un buen pisto.
Los amantes de los espacios naturales siempre llegaran hasta Daimiel, cuyas lagunas fueron un santuario de caza
Los amantes de los espacios naturales siempre llegaran hasta Daimiel. Sus lagunas fueron un santuario de caza para Alfonso XII y su hijo Alfonso XIII. Las escopetas se han convertido en prismáticos y un interesante Centro de Interpretación nos explica como es el habitat de una zona húmeda en el interior de la península. También es la tierra de Almodóvar y, en algunas ocasiones, el cine ha sido su mejor reclamo publicitario.
La parte de la foto arquitectónica la ponen los castillos de la zona. Los más obligados son el de Salvatierra y el de Bolaños, pero siempre hay un hueco para llegar hasta Calatrava la Vieja, con sus torreones, sus murallas y esa larga lista de leyendas, que adornan los hechos históricos. Las jornadas gastronómicas de la berenjena son una buena excusa para revisitar la zona.
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