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Noches de la Luna Mora

La localidad malagueña de Guaro, a mitad de camino entre la Costa del Sol y la Sierra de las Nieves, acoge su festival andalusí el 11, 12, 18 y 19 de septiembre. Durante estos dos fines de semana, la llama de más de veinte mil velas encendidas iluminará sus calles y plazas.

Manuel Mateo Pérez

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Actualizado miércoles 02/09/2009 19:56 horas

Los vecinos de Guaro acostumbran a ofrecer diez razones para visitar su pequeña localidad, a mitad de camino entre la Costa del Sol y la Sierra de las Nieves. Entre esas razones, dicen, destaca su cercanía a todo y a todos, la pervivencia de su pasado andalusí, su encomiable espíritu acogedor y su lejanía con respecto a las grandes urbes, lo que garantiza como mínimo silencio y autenticidad. A todas ellas convendría en estas fechas incluir una más.

Los días 11, 12, 18 y 19 de septiembre el pequeño y blanco pueblecito malagueño acoge la décimo tercera edición del Festival de la Luna Mora durante el cual solo la llama de más de veinte mil velas encendidas iluminan sus calles y plazas. Durante estos dos fines de semana Guaro se convierte en el punto de encuentro de la música y la cultura andalusí, en el recuerdo de un pasado histórico escrito por las culturas cristiana, musulmana y judía.

Las veinte mil velas que iluminarán las cuatro noches del festival constituyen uno de los principales atractivos de la cita. Los vecinos las colocan y encienden cuidadosamente a ambos lados de las calles estrechas, serpenteantes y en cuesta del barrio antiguo, heredero de un urbanismo medieval que nos retrotrae a los siglos de dominación árabe en este rincón de al-Andalus. La plaza principal está tomada por el zoco medieval iluminado sólo con velas.

La música, gran protagonista

Los vecinos se visten con trajes de época y ofrecen sus productos artesanales desde primeras horas de la mañana hasta altas horas de la madrugada. Vestidos como moriscos ofrecen a los visitantes repostería tradicional acompañada de té verde como símbolo de bienvenida a un pueblo donde nadie es un extraño.

En los últimos años el festival ha acogido el estreno de conciertos sinfónicos

El Festival de la Luna Mora acoge este año más de cuarenta actividades repartidas entre los dos fines de semana. La música es la gran protagonista del programa cultural al que se espera una asistencia de unas cincuenta mil personas. En los últimos años el festival ha acogido el estreno de conciertos sinfónicos. En esta edición está previsto el estreno de la ópera flamenca Fedra, interpretada por Lola Greco, Amador Rojas, Carmelilla Montoya, Alejandro Granados y un coro de diez bailarines y cinco músicos en directo. A ellos se sumarán reconocidos artistas que actuarán en los escenarios del festival, repartidos por varios puntos de la localidad. La música andalusí de Dunia Hennia abrirá el certamen el viernes 11 de septiembre en la plaza de la Constitución.

En el espectáculo también participará la escritora Rosa Regàs. Ese mismo día, en el colegio de Los Almendros, actuará el pianista Dorantes y la Orquesta Sinfónica de Málaga con el espectáculo Sur Sinfónico bajo la dirección de Francisco de Gálvez. En la jornada del sábado, 12 de septiembre, el turno será para el guitarrista Tomatito, que llegará acompañado por su sexteto para ofrecer el espectáculo Aguadulce en el colegio de Los Almendros. El siguiente fin de semana el festival comenzará con la música intimista del cantautor Amancio Prada que llega a Guaro con su espectáculo Poesía al Canto. Por último, ese día tendrá lugar la representación de la ópera flamenca Fedra.

Los pies de la Sierra de las Nieves

Guaro esparce su blanco caserío a los pies rocosos de la Sierra de las Nieves, declarada por la Unesco Reserva de la Biosfera. A su alrededor solo hay bosques, arroyos de aguas claras, carreteras comarcales, caserías populares, soledad y delicioso silencio. Habitado desde época romana, Guaro debe su fisonomía y su singular urbanismo a la cultura hispanomusulmana, al igual que los pueblos vecinos del Valle del Genal.

El pueblo se recuesta sobre una ladera de la que sobresale el campanario blanco de la iglesia parroquial de San Miguel. Construida en 1505, veinte años después de que los reyes católicos Isabel y Fernando conquistaran este rincón de la Málaga de interior, la iglesia exhala un aire mudéjar y destaca por la bella imaginería de sus capillas cuyos titulares conforman las procesiones que tienen lugar los días de Semana Santa.

La arquitectura religiosa de Guaro la refuerzan las cercanas ermitas de San Isidro y el santuario de la Cruz del Puerto, un pequeño templo del XVIII situado a las afueras y desde donde se domina una vista impagable del municipio. Vinculado a la extracción de aceite de oliva, Guaro posee en el Museo del Aceite y en la almazara situada en el centro del municipio un argumento más para dar a conocer su economía, su cultura y su sociedad.

La ruta de los miradores

La fuente de San Isidro Labrador, patrón de los agricultores, es el inicio de un paseo por las callejas estrechas y floridas del barrio viejo. La fuente está adornada por un mosaico de cerámica, flanqueado por macetas y arriates donde crecen flores de vivos colores. Los vecinos lo cuidan como oro en paño, dando cumplida cuenta de la tradición guareña de acicalar las calles y plazas del pequeño municipio tanto como en el interior de las viviendas particulares.

Guaro posee una ruta de miradores que en realidad es un grato paseo

A las afueras de la localidad, en torno a la vieja carretera de Marbella, Guaro posee una ruta de miradores que en realidad es un grato paseo desde el que es posible advertir algunas vistas inolvidables del municipio, estampas de un pueblo andaluz prototípico, blanco y encalado, de tejados a dos aguas y pequeños campanarios que delatan la posición de iglesias y silenciosas ermitas.

Los alrededores están alfombrados de campos donde crecen olivos y almendros que a finales de invierno regalan sus flores blancas. Estos días los vecinos miman aún más su pueblo. Lo han blanqueado, perfumado y acicalado como a una niña de primera comunión, y aguardan el momento en que en sus calles prenderán las velas bajo un cielo de un millón de estrellas.

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