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Blog Blog 5ª Avenida, por Ángel Jiménez de Luis

Aires asiáticos

Tradewinds es el nombre que dan los ingleses a los vientos que durante siglos han impulsado el comercio marítimo. También es el nombre de un pequeño hotel en Carmel-by-the–Sea con una fuerte inspiración asiática y que lleva en la costa californiana desde el año 1959.

Ángel Jiménez de Luis

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Actualizado viernes 28/08/2009 16:55 horas
Quinta Avenida

Es, de hecho, el único hotel con inspiración asiática de la zona, una pequeña posada de lujo fundada por Richard Catlin, una americano que pasó casi una década afincado en el Japón de la posguerra y trajo en el viaje de vuelta la idea de fundar un hotel con los elementos decorativos típicos de Asia, desde las linternas hasta el bambú.

De aquel primer hotel queda poco hoy en día. A finales del siglo pasado, coincidiendo con el boom turístico de la zona, los propietarios de Tradewinds decidieron renovar por completo el establecimiento, manteniendo la temática asiática pero eliminando muchos de los viejos elementos decorativos y la piscina, que tiene poco uso en Carmel-by-the-Sea, donde la niebla del Pacífico es tan inmisericorde como en la ciudad de San Francisco.

La renovación le valió al establecimiento un extenso artículo en la revista Architectural Digest, en parte porque fue obra de But Gruwell, el mismo arquitecto detrás del hotel Mandalay Bay en Las Vegas y que ha trabajado en varios establecimientos de la cadena Four Seasons. Hoy, Tradewinds es un hotel modesto en tamaño –las ordenanzas municipales prohíben construir grandes establecimientos- pero de alto nivel y situado a menos de 10 minutos de Pebble Beach y el valle de Carmel, hogar de varios de los mejores campos de golf de Estados Unidos.

Alojarse una noche cuesta entre 325 y 550 dólares, dependiendo del tipo de habitación, las vistas y la temporada y con ese precio se compran muchas horas de tranquilidad. Aunque la ciudad es pequeña y en absoluto bulliciosa, Tradewinds está ligeramente apartado del centro y tiene un patio central decorado con una agradable hogera, una gran idea en las noches de esta zona de California, y una zona de meditación con una estatua de Buda.

Todas las habitaciones cuentan con bañera de hidromasaje, productos de Aveda, chimenea y los yukatas –batín tradicional japonés- más suaves y agradables que me he puesto en la vida. El desayuno está incluido –puede tomarse en la sala común o pedirlo a la habitación- y nada más llegar el visitante se encuentra sobre la mesa fresones mojados en chocolate, un detalle bastante agradable después de casi tres horas al volante –saliendo de San Francisco-.

Aunque no hay spa ni gimnasio, se pueden contratar masajes en la propia habitación. Mi consejo, en cualquier caso, es salir a disfrutar de la ciudad y hacer la primera parada en Cassanova, un restaurante a solo tres manzanas en la misma Mission St. Para enamorarse de Carmel basta con comer allí.

Sobre el blog

La vida, como cualquier viaje, se puede hacer en primera clase. Descubra los lugares, objetos y placeres reservados a quienes no tienen límite en la tarjeta de crédito.

Sobre el autor

Ángel Jiménez de Luis, periodista, vive con el temor constante de acostumbrarse a una vida que no puede permitirse pero que disfruta en pequeñas dosis. Escribe también El Gadgetoblog.

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