Atenas
Nubes altas
HOY
máx 20°C
mín 16°C
Nubes altas
MAÑANA
máx 20°C
mín 16°C
EL VIAJE DEL LECTOR

El tercer dedo de Dios

Nuestro lector Fernando Lorente nos narra su experiencia en Athos, un enclave en la península griega de Halkidiki cuyo acceso está vetado a las mujeres y donde los visitantes y peregrinos sólo pueden alojarse en monasterios, puesto que no existen hoteles para turistas.

Texto | Fotos: Fernando Lorente

Disminuye letraAumenta letra
Actualizado viernes 15/01/2010 14:25 horas

Cuenta la leyenda que Athos, en un alzamiento contra los dioses, lanzó una enorme roca a Zeus que cayó en el Mar Egeo. El intento fallido de acabar con el padre de los dioses originó el nacimiento de lo que los griegos conocen como el tercer dedo de Dios...

Ubicado en el rincón más exclusivo de la península de Halkidiki, Grecia, en Athos el tiempo dejó de pasar hace cientos de años. Puede resultar imposible, además de inaceptable, pero en la península está restringida la entrada de mujeres. Aunque forme parte del estado griego, funciona como un pequeño estado aparte, con autogobierno y normativa local estricta. La entrada se efectúa únicamente vía ferry desde Ouranopolis, en donde se recoge el permiso de acceso previamente solicitado y concedido en Tesalónica. Diariamente zarpa un barco con no más de 120 personas a bordo, entre las cuales no puede haber más de 10 extranjeros a bordo, los cuales no pueden permanecer más de cuatro días allí.

Con la mochila al hombro, y en medio de 'ningún lugar', la no existencia de hoteles obliga a los peregrinos a pernoctar en uno de los 20 monasterios que pueblan la península. El procedimiento de llamar y preguntar si hay una cama disponible puede parecer sencillo, pero más vale hablar griego, ruso, serbo-croata, o búlgaro, porque el inglés no es la mejor opción. Un alojamiento humilde donde el agua caliente o la electricidad brillan por su ausencia.

Paisaje esculpido por las tormentas

El paisaje que regala Athos es de una belleza tan descarada que una foto no consigue plasmar ni la décima parte de la grandeza que nos rodea. Territorio sagrado esculpido a golpe de tormentas, calor y nieve en donde el reloj del Monasterio de Panteleimonos marca apunta al sol con sus agujas en el momento del alba. Comienza la primera hora del día.

El Monte Athos, de más de 2.000 metros, preside majestuosamente la península, regalando una panorámica tan hermosa como única

Los monjes, entregados a su vocación, soportan las altas temperaturas del verano vestidos con una sotana negra del cuello a los pies, con un gorro que oculta las largas cabelleras que no pueden cortar, al igual que sus barbas. Desde primera hora de la mañana se entregan a las laboriosas tareas del campo y de reconstrucción de sus respectivos monasterios, constantemente dañados por los incendios estivales. El Monte Athos, de más de 2.000 metros preside majestuosamente la península, regalando una panorámica tan hermosa como única.

Ascendiendo un pequeño monte, y tras cinco horas de caminata se descubre ante nosotros el imponente Monasterio de Karakallou, un templo que descansa ahí desde hace más de diez siglos cuyos monjes nos dan la bienvenida con un dulce artesanal y un chupito de chipuro (junto al ouzo, anís tradicional griego) para desentumecer los músculos. Nos informan, aunque no somos ortodoxos, que los oficios religiosos serán en cinco horas y se disculpan por las molestias que puedan ocasionarnos sus cánticos.

En el patio de los monasterios es fácil entablar conversaciones con los peregrinos, muchos de los cuales vuelven de manera sistemática año tras año para reflexionar, meditar o simplemente para conocerse mejor en este escenario idóneo donde el espíritu descansa entre atronadores silencios y se respira paz más que oxígeno.

 
Buscador de reportajes
Logo de elmundo.es

© 2014 Unidad Editorial Internet, S.L. | Aviso legal | Política de privacidad