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EL VIAJE DEL LECTOR

Un lugar llamado Huayhuash

En la ansiedad por romper con la cotidianidad y en la búsqueda de la belleza inconmensurable, uno explora los límites de la naturaleza, esos paraísos perdidos, alejados del estrés y las prisas... Es lo que ha hecho nuestro lector Javier Blanc Meliá a través de un trekking por Perú.

Javier Blanc Meliá

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Actualizado miércoles 11/11/2009 19:04 horas

Y en esa tarea, en la verticalidad del vacío, uno cree tocar el cielo... Existe en Perú un lugar apartado de lo mundano donde se han escrito miles de historias memorables de hombres y mujeres que han luchado contra la fatídica realidad de la gravedad, buscando la estética, la perfección, la innovación, y por qué no decirlo, reencontrándose a sí mismos. Este lugar se encuentra en la cordillera de Huayhuash.

Atraídos por estos cantos de sirena partimos a Huaraz. Tras acordar con los servicios de guía y arriero/cocinero, salimos en autobús hacia nuestro punto de partida: Matacancha, un prado a 4000 metros rodeado de montañas que nos acompañarían los siguientes 10 días. El azul intenso del cielo debido a la finura de un aire casi inexistente, las cimas escarpadas y el frío gélido de la noche, fue el prólogo de nuestro trekking.

Con los albores de la madrugada nos encaramos al primer puerto de montaña, Cacananpunta (4690 metros). La falta de oxígeno nos redujo a nuestra condición de mortales, pero sus vistas nos reafirmó en nuestras intenciones.

En 'El Carnicero'

La secuencia de lagunas turquesas que continuó en los siguientes días (Laguna Mitucocha, Carhuacocha, Viconga, Juraucocha, Sarapococha o Jahuacocha) nos recordó las consecuencias dramáticas que tiene el cambio climático en los ecosistemas andinos y en sus gentes, con constante retroceso de los glaciares que los alimenta.

En el Nevado Siula Grande se escribió una de las historias del alpinismo mundial, donde la supervivencia se impuso.

Y las montañas, o nevados como llaman los locales, tan altas y soberbias, son protagonistas de estos parajes. Presidiendo la cordillera está el Nevado Yerupajá (6617 metros), también conocido como El Carnicero, haciendo gala del sus vértices afilados y su crueldad hacia aquellos que osan desafiarle. Igual de arrogantes le roden el Jirishanca (6094 m), Rasac (6017 m), el Trapecio (5653 m) y el Siula Grande (6344 m).

En el Nevado Siula Grande se escribió una de las historias más imborrables del alpinismo mundial, en la que la supervivencia se impuso a la tragedia. Por esas laderas heladas que nos cegaban, Joe Simpson se arrastró escapando de una muerte segura para luego contárnosla con todo su cruel dramatismo y heroísmo.

Los nevados desafiantes

Y la altura, capaz de mostrarnos los angostos valles, las lagunas turquesas, los nevados desafiantes, y las noches más claras; hace del ahogo y el sobreesfuerzo en la escalada su propio tributo. Pero es una vez que se llega a los pasos de montaña de Cacananpunta (4690 m), Siula Punta (4830 m), Punta Cuyoc (4950 m), Mirador de San Antonio (5020 m) o Llaucha Punta (4850 m), cuando se hace elocuente tanta inmensidad.

Al final se llega a la laguna de Jahuacocha, el campamento ideal para compartir con los compañeros de trekking las aventuras de los días pasados y deleitarse con una pachamanca, plato típico peruano a base de cordero macerado con especias y guarnecido con papas, camote y yuca. ¿Y qué decir de sus gentes? Están curtidos por una historia y cultura ancestral. No sucumben al esfuerzo y la dureza. Lo dan todo sin pedir nada. Nos han cuidado y protegido tanto. Y por ellos hemos disfrutado, por ellos aún nos emociona el contarlo.

 
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