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Blog Blog 5ª Avenida, por Ángel Jiménez de Luis

La mejor cena de mi vida

Con permiso de Sara Cucala –sueño con que mi blog sea algún día la mitad que el suyo- dejen que hable esta semana de la mejor cena de mi vida. Como ya conté hace siete días decidí pasar un largo fin de semana en los valles de los vinos californianos, aprovechando un viaje a la costa oeste de EE.UU.

Ángel Jiménez de Luis

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Actualizado jueves 23/07/2009 19:35 horas

Siguiendo los consejos de amigos y conocidos acabé en Healdsburg, una pequeña y encantadora ciudad a una hora y media de San Francisco. Healdsburg es un excelente campamento base para moverse por el valle de Russian River, una de las zonas de viñedos más prolíficas del valle de Sonoma que no cuenta, como Napa, con la mansión donde se rodó Falcon Crest, pero que tiene unos vinos exquisitos y una atmósfera más relajada.

Salvo que el viajero piense subsistir a base de galletas saladas (las que normalmente ponen para acompañar el vino en las salas de cata) al final se impone llenar el estómago con algo sólido. En Healdsburg, a la hora de la comida, esto se soluciona con una visita a Oakville Grocery, una tienda de productos gourmet en la esquina sureste de la plaza central que cuenta con una agradable terraza y una pequeña cocina donde preparan unos sándwiches suculentos.

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Para cenar las posibilidades son mucho más amplias. Sonoma, como comenté la semana pasada, es la cuna del movimiento farm-to-table, una cocina que pone énfasis en productos cultivados en granjas locales, de temporada y siguiendo los principios de la agricultura orgánica. En el centro de Healdsburg hay media docena de excelentes restaurantes que giran en torno a este movimiento pero si no le importa caminar 15 minutos por una pequeña carretera rural (o conducir durante tres), merece la pena visitar Madrona Manor, una pequeña mansión que está entre los 10 mejores hoteles de Canadá y EEUU y en la lista de los 100 mejores hoteles del mundo, un rincón con acento romántico y un estilo muy clásico que además está cerca de varios de los viñedos más interesantes de la zona.

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Madrona Manor es casi tan famosa por sus habitaciones como por su restaurante, que cuenta con una estrella Michelin. Sólo por cenar aquí ya merece la pena coger el coche desde San Francisco. Dirige esta orquesta de sabores y texturas el chef Jesse Mallgren, nacido en la ciudad del Golden Gate y que, como él mismo asegura, «sólo cocina lo que le gusta comer». Los platos tienen una evidente raíz francesa pero con un toque moderno y innovador.

Aquí hay dos posibilidades. O bien se rinde uno ante el chef y acepta su menú de degustación de siete platos o bien se rebela y crea un menú a la carta de tres, cuatro o cinco platos a partir de cuatro grandes áreas (limpio y crujiente, delicado, suave, carnoso, quesos y dulce). Cometí el error de hacer lo segundo y creé una cena de cuatro platos que dos semanas después sigo recordando casi con lágrimas de satisfacción.

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No quiero ni pensar lo increíble que hubiera sido pasar por siete de los platos con sus respectivos vinos emparejados (es un crimen comer aquí sin emparejar cada plato con los vinos de la zona). Para el recuerdo, un solomillo de ternera fileteado que casi era mantequilla, servido con polenta, cebollinos y champiñones; una bandeja de quesos que contaba con mi favorito: Brillat-Savarin, bautizado en honor del famoso gastrónomo francés que acuñó la frase «el descubrimiento de un nuevo plato confiere a la humanidad más felicidad y gozo que el descubrimiento de una nueva estrella» y helado preparado con nitrógeno líquido frente al comensal a partir de una crema de vainilla creada por el propio chef.

No he vuelto a comer helado desde entonces y probablemente no vuelva a hacerlo nunca. Sencillamente insuperable. En total, tres horas de éxtasis culinario. Un único consejo: venga en coche o tome un taxi después de cenar. Caminar al atardecer desdel centro de Healdsburg es un agradable paseo por el campo. La vuelta, envuelto en una oscuridad absoluta y sin un mísero arcén, solo se justifica por aquello de digerir la comida con un largo paseo.

Sobre el blog

La vida, como cualquier viaje, se puede hacer en primera clase. Descubra los lugares, objetos y placeres reservados a quienes no tienen límite en la tarjeta de crédito.

Sobre el autor

Ángel Jiménez de Luis, periodista, vive con el temor constante de acostumbrarse a una vida que no puede permitirse pero que disfruta en pequeñas dosis. Escribe también El Gadgetoblog.

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