En las tierras altas de Sulawesi, la isla con forma de orquídea del sudeste asiático, los campos de arroz están listos para ser cosechados. Desde hace siglos este es el hogar de los toraja, un grupo étnico indonesio cuya vida gira en torno a la muerte.
Con la llegada de la estación seca la actividad es febril en la pequeña y apacible aldea de Kete, el viejo y poderoso Mayanna acaba de morir. A partir de ahora sus familiares deberán organizar unos funerales complicados y muy costosos que marcarán el retorno del muerto al seno de sus ancestros. Para los Toraja es muy importante que los funerales tengan éxito porque si el difunto queda satisfecho velará, protegerá y traerá suerte a su familia.
La ceremonia durará varios días y una vez finalizada, el féretro será introducido en una roca sagrada junto a sus antepasados. Pero hasta que llegue ese momento la familia deberá construir una ciudad, sacrificar más de cuarenta búfalos y atender y agasajar a 2.000 invitados en un ritual único en el mundo. Mayanna era un puang, un noble, y como tal la ceremonia debe ser muy especial.
Una vez terminen de engalanar el poblado, deberán construir otro nuevo para albergar a los invitados. Para la familia de Mayanna esto supondrá su más absoluta ruina y tendrán que pasar varias generaciones hasta que la deuda quede saldada, unos treinta mil euros. Para costearlo han tenido que vender campos de arroz, ganado y pedir prestado dinero a los familiares más pudientes. Pero hay que impresionar a los dioses y si Mayanna queda contento la familia tendrá asegurado el cielo.
Según la tradición tienen que pasar al menos tres meses desde la muerte del difunto para la celebración del funeral. Durante este tiempo, Mayanna permanece en la casa conservado mediante la inyección de un mejunje elaborado con flores y hierbas especiales. En ocasiones lo mantienen así más de veinte años hasta que la familia consigue reunir el dinero para el entierro.
Los tau tau, tallas de madera
del difunto, se visten y adornan con ropas y joyas que pertenecieron a éste
Mientras se organizan los funerales, Batto, el carpintero de Kete, se apresura para acabar a tiempo una escultura del difunto Mayanna. Estas figuras reciben el nombre de Tau Tau y son un símbolo de la cultura toraja. Son de tamaño natural y aunque tradicionalmente solo mostraban el género de la persona, ahora se intenta que guarden una cierta semejanza con el difunto.
Los Tau Tau son costeados por la propia comunidad como agradecimiento a la generosidad del fallecido y es un privilegio casi exclusivo de las clases superiores. En los cortados de piedra que salpican la región de Tana Toraja decenas de estas figuras velan por los espíritus. Las tallas se visten y adornan con ropas y joyas que pertenecieron al muerto, llegando incluso a fabricarse las pelucas con su autentico cabello.
Los niños que han fallecido antes de que le salgan los dientes son enterrados en los troncos de los árboles porque para los toraja siguen perteneciendo a la madre naturaleza y como tal, deben permanecer en ella. El alma viajará al cielo a través del tronco.
Los más de 2.000 invitados que han llegado desde todos los rincones de Indonesia son recibidos ofreciéndoles betel y cigarrillos de especias. Tres danzantes abren la comitiva y entre cantos y gritos anuncian la procedencia de cada grupo. Una vez que los invitados son debidamente acomodados comienza el momento más esperado de la ceremonia; la pelea y el sacrificio de búfalos. La gente Toraja está orgullosa de probar el valor de sus búfalos y demostrar que el difunto irá al cielo con tan valientes y poderosos animales.
Hay que sacrificar muchos búfalos para vivir felizmente y ser respetado en el paraíso. Las almas de los muertos solo pueden ir a puya, al cielo, cuando se completa el ritual de la muerte. El estatus de un espíritu en el más allá es el mismo que el de su propietario en la vida presente, por eso las almas de sus animales deben seguirle a la otra vida. El viaje a puya requiere un animal fuerte porque es un viaje difícil en el que hay que cruzar montañas y valles.
El búfalo ha sido tradicionalmente símbolo de riqueza y poder pero esto de sacrificar tantas cabezas en honor de los muertos para impresionar a los vivos ha provocado que el gobierno indonesio establezca unas limitaciones y tasas por cada ejemplar sacrificado, ya que las ceremonias y sus grandes ostentaciones terminan por arruinar a las familias.
Los hombres siguen danzando mientras las mujeres, arrodilladas ante el féretro, dejan caer sus lágrimas
por las canciones que entonan los niños
Después de tres intensas jornadas de celebraciones, el dolor y el cansancio comienzan a reflejarse en los rostros de los familiares más cercanos. Los hombres siguen danzando el Mabadong mientras que las mujeres, arrodilladas ante el féretro, dejan caer sus últimas lágrimas emocionadas por las canciones que cantan los niños. Los funerales están llegando a su fin y en pocas horas Mayanna descansará en paz junto a sus antepasados en las piedras sagradas de Rantepao.
Una hora más tarde, el viejo es transportado en su último viaje a través de los campos de arroz. Después de los fastos que se han celebrado en su honor, seguro que ha quedado profundamente agradecido y satisfecho. La familia por su parte, ha reforzado su honor, estrechado lazos y demostrado su riqueza y generosidad. Una vez que el féretro ha sido introducido en el interior de la roca, solo queda depositar sus pertenencias mas queridas y luego sellar para siempre la puerta de su nuevo hogar.
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