Turquía a bordo de un camión

Como si de una antigua caravana de comerciantes se tratara, la expedición 'Cape to Cape' organizada por Renault Trucks atravesó el planeta de norte a sur durante cuatro meses a bordo de camiones y vehículos militares. Ocholeguas.com les acompañó en la etapa que cruzaba Turquía, desde Estambul al puerto de Iskenderun.

Texto | Fotos: Patricia Osuna

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Actualizado jueves 01/04/2010 15:06 horas

Cuando estas líneas vean la luz la expedición Cape to Cape habrá tocado a su fin. Detrás quedan cuatro meses de viaje por las carreteras y pistas de medio mundo, en una versión siècle XXI de las legendarias caravanas de comerciantes. Renault Trucks, la compañía al frente de esta titánica aventura, trocó las antiguas reatas de camellos por seis camiones Kerax y seis vehículos Sherpa, pilotados por más de 60 empleados de la empresa francesa que se turnaron para conducir a lo largo de 30.000 kilómetros por desiertos y montañas, desde las gélidas latitudes del Cabo Norte en Noruega hasta Cape Town, en Sudáfrica, a través de Oriente Próximo.

Ocholeguas.com tuvo la oportunidad de acompañar a la caravana en la etapa que cruzaba Turquía, de Estambul a Iskenderun. Una ocasión única de conocer un país fascinante en un medio al alcance de muy pocos -quien escribe nunca había viajado en un camión y menos aún en un Sherpa, el vehículo militar que conducen las tropas francesas-. Sus características técnicas permitieron adentrarse por caminos y pistas sin asfaltar, atravesar pueblos remotos y admirar caleidoscópicos paisajes.

El espíritu de las grandes misiones sazonaba esta torre de Babel a motor -los integrantes de la expedición llegaron a sumar 14 nacionalidades distintas- y la pericia de los conductores permitió disfrutar al máximo de la aventura pese a circular por terrenos y circunstancias en ocasiones extremas.

Punto de partida: Estambul

Con su corazón escindido entre Asia y Europa, Estambul era el punto de encuentro de todos aquellos que íbamos a sumarnos a la expedición por tierras turcas. El Bósforo y la Mezquita Azul dieron la bienvenida a la caravana, que llegaba tras bordear la costa búlgara. La ruta, detallada en el road book, trazaba una línea imaginaria que atravesaba diagonalmente el país de noroeste a sureste durante cuatro días. Más de 1.000 kilómetros por caminos y pistas off-road.

Dicen que Anatolia posee una diversidad ecológica que supera a la de cualquier otro lugar

Tras decir adiós a Estambul con nostalgia y la promesa de volver, la expedición emprendió la marcha. Escarpadas montañas, altas mesetas, estepas, campos de trigo... Era matemático. Cada dos o tres horas el paisaje que avistábamos a través de la ventana del Kerax o del Sherpa cambiaba. Y no sólo el escenario, también la temperatura, la altura y la vegetación. Dicen que Turquía, y en concreto la región de Anatolia, posee una diversidad ecológica que supera a la de cualquier otro lugar a lo largo del paralelo 40 norte. Nos gustaba pensar, además, que los caminos por los que circulábamos fueron los mismos sobre los que marcharon en tiempos pasados grandes guerreros, caravanas de comerciantes y mensajeros.

El primer día atravesamos una meseta de relieve pronunciado pespunteada por barrancos, gargantas y picos volcánicos que provocaban en Max Desplanche, conductor de uno de los Kerax y entrañable compañero de ruta, encendidas exclamaciones y alabanzas en una suerte de anglo-francés («Do you see? C'est très beautiful!»). Heredera de 9.000 años de historia, sin duda Anatolia Central es uno de los enclaves históricos más importantes de Europa y de Asia, por la que pasaron conquistadores como Alejandro Magno y Tamerlán.

Caminos solitarios

La historia de Turquía podría escribirse en sus caminos. O a través de ellos. Rumbo a Aksaray, en kilómetros a la redonda no divisamos asentamiento ni forma humana alguna. Hasta que de detrás de una colina surgía, primero, un alminar. Y a continuación, toscas casas de adobe o ladrillo, allí una escuela, más allá una tienda de ultramarinos... Los niños salían en estampida al encuentro de los camiones. Divisan el primero y su cara es de asombro. El segundo les dibuja una sonrisa. Y cuando contemplan los doce vehículos atravesando la calle principal de su pueblo, un camino sin asfaltar que apenas permite el paso de un carro tirado por burros, su alegría eclipsa los paisajes que hemos admirado hasta el momento.

La presencia de la mujer queda relegada a la fuente del pueblo y al campo, donde se la puede ver de sol a sol

Los hombres, sin embargo, nos lanzan suspicaces miradas desde el café, su dominio particular. La presencia de la mujer queda relegada a la fuente del pueblo y al campo, donde se la puede ver de sol a sol acarreando pesados aparejos, mientras los chiquillos corretean entre los burros y los tractores. Es la misma Anatolia que poblaron los hititas, frigios, lidios y carios. Y por ello, anacrónica con la realidad de grandes ciudades como Ankara o Estambul.

Al igual que los antiguos comerciantes, nos detenemos en el caravasar de Sultanhani (siglo XVIII), a las puertas de Capadocia. Su excelente estado de conservación permite imaginar sin dificultad cómo era esta posada con trazas de fortaleza hace años.

Bajo la sombra del volcán

Dejamos atrás el caravasar dirección Nevsehir. Apenas nos han dado tiempo de digerir toda la información sobre estas edificaciones construidas por los sultanes selyúcidas, cuando la silueta del monte Hasan hace su aparición estelar. Con una altura de más de 3.000 metros, Hasan fue volcán antes que montaña omnipresente. Las crónicas relatan que sus violentas erupciones cubrieron la meseta que rodea Nevsehir de toba, una piedra blanca compuesta de lava, ceniza y barro. El resultado: paisajes de conos rocosos, pináculos en forma de cápsula y barrancos desgastados.

Al tercer día alcanzamos Nevsehir, capital de provincia y puerta de entrada a la Capadocia. Su fortaleza, en lo alto de la colina, da la bienvenida a la expedición Cape to Cape. Pero hay que poner a prueba una vez más a los vehículos y en esta ocasión los Sherpa protagonizarán una etapa inolvidable. Diseñados para condiciones extremas, los Sherpa avanzan en Capadocia por pistas y caminos fuera del alcance de los turistas. Circulamos a cámara lenta entre las famosas chimeneas de las hadas y valles que parecen sacados de un sueño.

El hombre contribuyó a construir en la roca pueblos prehistóricos, iglesias rupestres y ciudades subterráneas

Pero esta orografía de carácter onírico no es más que el resultado de un minucioso trabajo de erosión natural. El hombre contribuyó más tarde a construir en la roca pueblos prehistóricos, iglesias rupestres y ciudades subterráneas. La caravana se detiene ante el castillo de Uchisar, pináculo rocoso horadado cual queso gruyère, y hace parada y fonda en la localidad de Ürgüp, donde tenemos tiempo de encaramarnos a lo alto de un peñasco. Aún no hemos conseguido explicarnos la presencia de cuatro vacas hacinadas en una covacha excavada en la piedra, cuando un pillo de ocho años nos invita a recorrer las viviendas rupestres y el antiguo caravasar que corona la ciudad.

La última jornada, con destino Iskenderun, la realizamos en convenido silencio. Porque el recuerdo de Capadocia ha dejado a muchos sin palabras. Y porque la aventura Cape to Cape toca a su fin para algunos de nosotros. Llegamos al atardecer a la antigua Alejandreta, fundada en el siglo IV a.C. por Alejandro Magno. De la rica y grandiosa ciudad apenas quedan restos que visitar. Pero Iskenderun cuenta con un agradable paseo marítimo y un café frente al mar donde toma sentido el dicho turco: «Bir kahvenin 40 yil hatiri vardir» (El recuerdo de un café perdura 40 años). Al igual que la expedición Cape to Cape.

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