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Jamaica, refugio para mitómanos

La isla caribeña es un buen destino para mitómanos. Más allá de servir de inspiración al creador de James Bond, Ian Fleming y al archiconocido e icónico Bob Marley, héroe nacional para los jamaicanos y símbolo de una cultura y de un estilo de música, la isla es también un lugar ideal para descansar y practicar deportes acuáticos.

Texto | Fotos: Pedro Madera

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Actualizado jueves 30/07/2009 18:07 horas

Hay que ser sincero. En algún momento de la vida todos hemos planeado escaparnos a una isla tropical, quedarnos a vivir siempre allí, escribir un libro y ser felices. En realidad son pocos los que llegan a hacerlo. El escritor Ian Fleming, el padre intelectual del agente 007, fue uno de esos raros personajes que consiguió que ni el trabajo, la familia o el dinero le impidieran realizar su sueño: retirarse a vivir a un remoto rincón de Jamaica para escribir. El autor británico había visitado la isla durante la II Guerra Mundial para dar una conferencia naval. Allí descubrió el exotismo de un lugar en el que no había guerra, ni racionamiento, ni tristeza. Lucía el sol, abundaba la fruta y el ron. ¿Qué más se podía pedir?

Durante muchos años, Fleming viajó cada invierno a Jamaica para gozar de su paraíso

Así que al terminar la guerra volvió a Jamaica, compró una propiedad, se diseñó una casa a su medida y se creó un paraíso propio: GoldenEye. Era un rincón sin lujos pero exquisito y elegante. No había ni agua caliente ni cristales en las ventanas, pero todo resultaba perfecto y pronto se convirtió en una de las casas más celebradas y envidiadas de las costas jamaicanas, donde ya se habían refugiado otros muchos artistas y estrellas del cine, como el mítico Errol Flynn. Durante muchos años, Fleming viajó cada invierno a Jamaica para gozar de su paraíso y escribir sus novelas con James Bond como protagonista. La primera de todas fue Casino Royale, a la que siguieron otras doce obras, muchas de ellas inspiradas y ambientadas en Jamaica. Por GoldenEye pasaron celebridades del cine y la literatura, como Elizabeth Taylor o Truman Capote, entre otros muchos.

Hoy su villa forma parte de una exclusiva cadena de resorts, Island Outpost (www.islandoutpost.com), a la que pertenecen otros refugios secretos para sibaritas, como el Strawberry Hill o el exquisito y moderno Geejam, en el que se esconden los artistas internacionales para grabar sus álbumes. Los fans de la saga de Bond recorren la isla en busca de los lugares que inspiraron a su autor, como la propia GoldenEye o como la playa de Laughing Waters, cerca de Ocho Ríos, aquella de la que surgía Ursula Andrews con su insinuante biquini blanco y cuchillo en el cinturón, en la película Dr. No.

Cine y música

Jamaica es un buen destino para mitómanos, más allá de James Bond y del archiconocido e icónico Bob Marley, auténtico héroe nacional para los jamaicanos y símbolo de una cultura, la rastafari, y de un estilo de música, el reggae, que puso a la isla definitivamente en el mapa. En el citado Strawberry Hill, envuelto en las frondosas Blue Mountains, las paredes están cubiertas por discos de oro y platino conseguidos por Bob Marley.

Allí, con un poco de suerte, podemos encontrarnos al propio Chris Blackwell, un excéntrico británico asentado en la isla desde hace más de tres décadas, que fue descubridor y productor de grandes leyendas de la música, desde el propio Bob Marley, hasta los U2. Hoy es el promotor de la cadena Island Outpost, que reúne los más célebres hoteles con encanto de Jamaica. De hecho, nos encontramos con el propio Blackwell, con unas larguísimas rastas recogidas en el típico gorro jamaicano, sentado de incógnito absoluto, ante un blanco I-mac en el Geejam Hotel, ultimando el diseño de la carátula de un álbum.

Los que prefieran el descubrimiento de escenarios de películas también pueden entretenerse acercándose a la célebre Laguna Azul en la que una jovencísima Brooke Shields se bañaba desnuda o a los exuberantes y tropicales rincones de la costa en los que se rodaron Club Paradise (Robin Williams) o Cocktail (Tom Cruise).

Rincones más íntimos

Tras el auge de Montego Bay o de Negril, hoy los bohemios prefieren esta zona más oriental y privada, la de Port Antonio, donde apenas hay turistas, no llegan todavía los grandes barcos de crucero y se pueden descubrir lugares deliciosos para practicar el ecoturismo o sencillamente, el dolce far niente. Uno de estos rincones es el Mocking Bird Hill Hotel (www.hotelmockingbirdhill.com), un estupendo ecohotel-boutique rural dirigido por dos mujeres, que organizan casi a la carta la estancia de cada uno de sus huéspedes para que disfruten a su aire de una Naturaleza casi virgen. Es como estar en casa, pero con dos madres preocupadas exclusivamente por facilitarte las vacaciones que siempre soñaste. La comida, con productos naturales y orgánicos, ofrece una calidad y sofisticación que no es fácil encontrar en otros rincones de la isla.

En el clásico Half Moon pasaron su luna de miel Jacqueline y John F. Kennedy, y venían de vacaciones celebridades como el diseñador Ralph Lauren

Esta zona oriental es la nueva alternativa que toma el reemplazo de Montego Bay, segunda ciudad del país y capital turística gracias a su aeropuerto desde el que se distribuye a los viajeros por toda la costa norte. Allí están algunas de las joyas hoteleras de Jamaica, como el clásico Half Moon (www.halfmoon.com),uno de los primeros hoteles de lujo que tuvo la isla, con campo de golf y reserva natural incluida. En el pasaron su luna de miel Jacqueline y John F. Kennedy, y venían de vacaciones celebridades como el diseñador Ralph Lauren.

Siguiendo la costa hacia el oeste, encontramos otro de los destinos más celebrados, con un toque de reggae y un indiscutible aire bohemio: Negril. Dicen que sus playas, de finísima arena, y sus aguas transparentes son las mejores, pero lo más celebrado son sus atardeceres. Contemplarlos desde el Rick's Café (www.rickscafejamaica.com),mientras que los saltadores acrobáticos se sumergen desde alturas de vértigo, es todo un espectáculo. La costa de Negril resulta realmente impresionante, sus playas estupendas y el paisaje conserva todavía sus encantos naturales, con rincones como las Cataratas Mayfield, que son una sucesión de auténticos jacuzzis naturales. Entre las playas, encontramos la de Seven Miles, siete millas de arena blanca en la que por el día la gente descansa y por la noche se sirven bebidas mientras se baila a ritmo de reggae.

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