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El verano en Lisboa

La capital portuguesa puede explorarse en cualquier época del año. Pero para disfrutar de sus mercadillos al aire libre, sus terrazas casi suspendidas sobre el Tajo, sus mil y un miradores, sus playas para surfistas o sus sesiones de jazz en plena calle, mejor el verano.


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Isabel García

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Actualizado martes 30/06/2009 18:54 horas

Es, con diferencia, el tranvía más famoso de Lisboa. Y el más turístico. Eso no quita para que el recorrido del eléctrico 28 por el laberíntico barrio de la Alfama impacte a cualquiera. Desde la plaza de Martim Moniz, su zarandeo atraviesa las callejuelas de corte musulmán donde los vecinos, cuando llega la fiesta del patrón, sacan sus parrillas al sol para asar las típicas sardinas. Es una visita que puede hacerse cualquier época del año, pero se disfrutará más en verano, cuando la luz de Lisboa parece reflejarse de forma diferente sobre el Tajo. Es el momento para disfrutar de las terrazas, los mercadillos, los paseos por el río, las playas cercanas... Es el momento de Lisboa.

1. 'Caipiroskas' tamaño XL

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Las dimensiones del centro lisboeta permiten abarcarlo sin necesidad de grandes logísticas, ya sea a pie, en tranvía o incluso bicicleta. Otra cosa son las cuestas que recorren la ciudad, desde el barrio árabe de Alfama, donde se alza el imponente castillo de San Jorge, al emblemático Bairro Alto. Éste último es una de las zonas de moda de la ciudad, ya que ha sabido combinar las viejas tascas, farmacias o mercerías de siempre con tiendas de ropa vanguardista, salas de arte y modernos locales nocturnos donde se dispensan capirinhas, caipiroskas (con vodka) o caipifrutas (con kiwi, mango, piña...) por tres euros tamaño S, cuatro tipo L y seis para los más osados que se decantan por el XL.

2. Entre Baixa y la bohemia de Chiado

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La Baixa es el corazón de la ciudad, destruida en el terremoto de 1755, pero renacida a modo de cuadrícula perfectamente delineada por el Marqués de Pombal. La Praça del Comercio, mirando al Tajo, es su seña de identidad y, desde ahí, se puede caminar por las calles peatonales de trazado geométrico entre joyerías, terrazas, locales de comida rápida y todo tipo de negocios made in Spain: Zaras, Mangos, agencias como Viajes Marsans o Halcón... Al Chiado, el barrio más elegante, cultural y bohemio de la ciudad, se llega andando, pero también a través del Elevador de Santa Justa, diseñado por un férreo admirador de Gustave Eiffel, aunque los guías más avispados no se cansan de repetir que fue este último el que lo levantó.

3. De mirador en mirador

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Lisboa puede ser la ciudad de los fados, de los tranvías, de la ropa suspendida en los balcones... pero también de los miradores. Su abrupta geografía tiene la culpa. Y el verano parece la estación más apetecible para disfrutarlos, mucho mejor desde una terraza, ya sea tomando un café (o bica si se quiere un expreso, muy popular por estos lares) o una cerveza. Es el caso del mirador Largo das Portas do Sol, en Alfama y una de las paradas obligatorias antes de llegar al castillo (que cuenta a su vez con una de las vistas más fastuosas de la ciudad). El de Santa Lucía se encuentra muy cerca, aunque no es tan conocido, lo que le suma puntos. Otras atalayas interesantes son la explanada de la iglesia de Graça, en el barrio del mismo nombre, y el mirador de Santa Catarina, en el Bairro Alto. No es un simple mirador sino una de las zonas más animadas de la ciudad una vez caída la tarde, sobre todo para quien guste de un espíritu juvenil y más bien hippy. Una última dirección: Sao Pedro de Alcântara, encima del Bairro Alto.

4. Terrazas con vistas al río

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La Lisboa que sigue el curso del río se recubre de terrazas en verano para dar cuenta del almuerzo a eso de la una o tomar la primera copa con vistas al Tajo. Como la avenida 24 de julio, con decenas de bares salpicando la orilla justo debajo del Puente del 25 de abril, ex Puente Salazar, en lo que hasta hace nada era una zona industrial reconvertida en la más chic. Las zonas de Santos, Alcântara, Santo Amaro o Santa Apolónia también merecen una visita nocturna. Pero para disfrutar del río, Belém, a las afueras (tranvía 15), de donde partió Vasco de Gama rumbo a India. Entre la torre defensiva y el Monumento a los Descubrimientos, como si fuera un punto estratégico más, emerge el nuevo Altis Belém Hotel & Spa (en la imagen; ver Dónde dormir). Su cafetería Mensagem y su bar 38-41, de lo mejor para contemplar el Tajo relajadamente mientras lugareños y turistas pasean ensimismados o hacen footing cuando el sol ya no hace estragos.

5. Festivales en la calle

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Los lisboetas reciben el verano en junio haciendo honor a los patrones de los barrios históricos de la ciudad, como Alfama, donde los vecinos sacan sus tenderetes, farolillos y parrillas a la calle casi a cualquier hora del día. Pero la fiesta continúa durante todo el estío en forma de festival. Un ejemplo: el de los Océanos (del 1 al 15 de agosto), que ya va por su sexta edición. Los mares, claro está, son los protagonistas, pero en esta ocasión el festival se inspira en el Año Internacional de la Astronomía, por lo que a los típicos conciertos, degustaciones culinarias, espectáculos de circo y pirotecnia, conferencias y exposiciones de siempre se añadirán eventos científicos para todos los gustos. Para los que prefieran la música clásica, el teatro y el ballet, están los 19 espectáculos gratuitos del Festival ao Largo, hasta el 19 de julio, en la plaza de São Carlos. Además, este año se multiplican las actividades en la zona Baixa, el Parque Nacional e incluso bajo los arcos de la Rua Augusta. ¿Jazz? En la Fundación Calouste Gulbenkian (www.musica.gulbenkian.pt) todo el mes de agosto.

6. Mercadillos al aire libre

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Muchos dirán que cualquier época del año es buena para salir de compras, pero si éstas se dan al aire libre, mejor en verano. Y Lisboa es un pequeño vergel para los adeptos a los mercadillos. Como botón de muestra, cada martes y cada sábado, propios y extraños montan sus tenderetes en la Feira da Ladra (Mercado de los Ladrones), en el Campo de Santa Clara. Ropa y libros de segunda (tercera o cuarta...) mano, joyas antiguas, míticos discos de vinilo, baratijas, piezas de artesanía... De todo. En Belém también se forma un pequeño mercado cada domingo, pero, aunque también hay objetos de segunda mano, tiene más éxito cualquier complemento femenino: bolsos, pendientes, collares, fulares... Para compras más convencionales siempre estarán el Chiado, la Baixa, la avenida Liberdade e incluso el Bairro Alto, aunque las tiendas de este último suelen albergar ropa de vanguardia. Sin olvidar el mayor outlet de Europa, Freeport Lisboa (www.freeport.pt), en Alcochete. Se puede ir en autobús (unos 35 minutos) desde la estación de Campo Grande.

7. El Parque de las Naciones, o la ex Expo'98

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El escenario que albergó la Expo'98 se ha transformado en un nuevo y moderno barrio al este del centro, el Parque de las Naciones, en lo que antes no era más que una trasnochada zona industrial. Siguiendo el curso del Tajo, ahora cuenta con una intensa actividad tanto de día como de noche. Empezando por el Oceanário, el segundo mayor acuario del mundo, o el Centro de Ciencia Viva (ideal para los niños), el viajero puede dar una vuelta después por el Pabellón de Portugal o el inmenso centro comercial Vasco de Gama. También está la opción de recorrer la zona en teleférico o subirse a la Torre Vasco de Gama, la más alta de Portugal, jugar en el casino, disfrutar de un espectáculo en el teatro Luís de Camões, de un concierto en el Pabellón Atlántico o de los restaurantes y bares dispersos por la orilla del río.

8. La ruta de las playas

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Desde la desembocadura del Tajo, la costa lisboeta está salpicada de playas y más playas a las que llega con facilidad siguiendo la línea ferroviaria desde la estación de Cais do Sodré. Desde la de Carcavelos, una de las más populares y única para los amantes del surf, a las de Caparica, perfectas para almorzar tranquilamente ante una buena fuente de marisco o pescado fresco. La playa de Cascais es otra opción, con su cuidado casco antiguo en el que poder ir de compras. Los adictos al windsurf preferirán acercarse hasta Guincho, entre Cascais y Cabo da Roca. Y si se busca un viento moderado y aguas más calmas, mejor Lagoa de Albufeira y sus impresionantes dunas.

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