No es la Gran Muralla china pero con sus cerca de 120 kilómetros es única, colosal y a diferencia de su hermana mayor, asequible para casi todos. Se puede recorrer a pie, en bici, coche, tren o autobús. Se puede hacer de un tirón y también a trocitos, compaginándola con una estancia en Newcastle.
En el año 112 de nuestra era, el emperador Adriano visitó la provincia de Britannia y como no se fiaba de las belicosas tribus de Caledonia asentadas en lo que hoy conocemos como las Highland, ordenó construir una muralla de piedra en el norte de la isla, protegiendo la zona más civilizada. Más allá, en lo que hoy se corresponde con el norte de Inglaterra y el sur de Escocia, la presencia romana quedó limitada a campamentos y guarniciones militares, construyéndose más tarde un segunda muralla más modesta entre las desembocaduras de los ríos Clyde y Forth, que se conoce como Antonina y de la que aún quedan restos.
Hoy en día, la Muralla de Adriano está flanqueada por dos importantes ciudades: Newcastle-upon-Tyne y Carlisle, capitales respectivamente de Northumberland y Cumbria. Lo más práctico es utilizar la primera como base, ya que tiene el mayor número de hoteles y restaurantes, vuelos directos con España y el recién inaugurado Great North Museum en Hancock, que incluye el mejor museo arqueológico de la zona y la introducción perfecta al patrimonio romano de Inglaterra.
La muralla propiamente dicha comienza en el mar del Norte, en la desembocadura del río Tyne en Wallsend. Desde allí hasta el centro de Newcastle se pueden ver restos de varios fuertes como Segedunum, donde se han reconstruido sus baños. Los primeros restos notables de la muralla se encuentran en Corbridge, a 30 kilómetros de la ciudad, donde existe además un interesante museo con los graneros militares de Corstopitum, los mejor conservados de todo el país.
Hay dos lugares para comprender la historia de la Muralla: el Museo del Ejército Romano y Birdoswald.
El siguiente punto de interés está en Chesters, con los restos del fuerte de Cilurnum, una de las fortalezas que se construyeron en las cercanías de la muralla. En el museo anexo se guarda una de las mejores colecciones de escultura e inscripciones romanas del país. Los 30 siguientes kilómetros cuentan con los restos más impresionantes de esta frontera. La muralla, en su parte central, está construida con piedras y mide cinco metros. Se accede únicamente a pie. La zona más espectacular está situada entre Housestead y Cawfields, entre un paisaje de una belleza salvaje que forma parte del Parque Nacional de Northumberland. Si se tiene poco tiempo, ésta es la parte que nadie puede perderse.
Antes de llegar a Carlisle, todavía quedan dos lugares para comprender la historia de la Muralla de Adriano: el Museo del Ejército Romano, que está ubicado en los alrededores del fuerte Magna, y Birdoswald, donde todos los elementos primordiales del limes o frontera romana han sido perfectamente conservados. A diferencia de Newcastle, Carlisle, es un lugar mucho más provinciano, apacible, aunque lleno de encanto. Vale la pena visitar la catedral, su museo con más restos romanos y las calles peatonales del casco viejo.
Más allá, aún quedan otros restos visibles de la muralla hasta llegar al estuario del río Solway, pero a esta altura no son de piedra sino de tierra conglomerada. La muralla fue reparada y ampliada en el año 209, en tiempos de Severo, abandonada en el año 383 y sólo a finales del siglo pasado comenzaron a realizarse trabajos de consolidación. De vuelta se puede aprovechar para conocer Hexham, de nuevo en Northumberland. Siguiendo durante 70 kilómetros la carretera A-69 se llega a este pueblo anclado en el pasado que desde la Edad Media ha sido una referencia para las gentes de esta región fronteriza.
El edificio más importante de Hexham es la abadía del siglo XII aunque también abundan las casas neoclásicas.
El edificio más importante es la abadía del siglo XII aunque también abundan las casas neoclásicas, victorianas y de otras épocas que han terminado fundiéndose en su seductor ambiente medieval. Si se puede, es mejor visitarlo durante los días de mercado, cuando el centro se llena de tenderetes de todos los colores. El camino de regreso se puede alargar unos kilómetros más visitando la ciudad universitaria de Durham. Su catedral es una de las más perfectas del estilo románico inglés, también llamado normando.
El emplazamiento del casco antiguo no puede ser más espectacular: en lo alto de una colina rodeada por el río Wear. Las dos grandes torres de la catedral son visibles desde muchos kilómetros a la redonda. Fue fundada en 1093, aunque sus partes más características fueron construidas durante el siglo XII. Desde Durham se puede volver a Newcastle, a 20 kilómetros, por la autopista, pero tiene más encanto utilizar la A-167 que permite conocer Southshields, en la desembocadura meridional del Tyne. Aquí hay un último museo dedicado al Imperio Romano y los restos del fuerte de Arbeia, asociado al mantenimiento de la muralla.
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