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El Fiordo de los Sueños

El silencio envuelve a los barcos que navegan por el profundo fiordo noruego de Sogne, el más largo del mundo. Aguas de intenso azul, grandes glaciares que se han transformado en rutas de senderismo, torrentes que se precipitan en forma de cascada sobre el mar y bosques tan tupidos que parecen irreales.

Texto y fotos: Pedro Madera

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Actualizado martes 07/07/2009 18:38 horas

El silencio envuelve a los barcos que navegan por el profundo fiordo de Sogne, el más largo del mundo. Las altas paredes acompañan el tránsito de los cruceros que se adentran por este entrante que los glaciares han tallado en las costas noruegas. Una traducción pensada para el marketing le ha transformado en el Fiordo de los Sueños, por su parecido fonético con el nombre, aunque en realidad se llama así por la pequeña ciudad que se encuentra al final del mismo.

Eso del Fiordo de los Sueños suena muy bien. La ficción nos lleva a la realidad de lo que contemplo. Lejos de los grandes barcos turísticos, hay muchas oportunidades para disfrutar de estos paisajes nórdicos y, en cierto modo, exóticos. La aventura está servida y sólo hay que elegir el medio: bicicleta, barco, kayak, a pie... Cualquier medio es válido para disfrutar sin complejos de la Noruega más activa.

Los rivales de los glaciares

Los que apuestan por la bicicleta tienen un pequeño reto en la Ruta 55. Los fiordos son la gran seña de identidad del país. Siguiendo la Turistveg Sognefjellsvegen, o carretera 55, se entiende mejor la fuerza del recorrido. Pequeñas granjas, caminos estrechos y una continua sucesión de subidas y bajadas. Un buena ruta para poner a prueba la fuerza de nuestras piernas. Son 300 kilómetros, que empieza en Lom, tierra adentro, y termina en Nara, en una de las islas de la costa, después de una sucesión interminable de curvas y contracurvas.

Cuando se llega a Turtagro, cerca de las grandes cimas de la cordillera de Jotunheimen se entiende el valor del esfuerzo.

Nuestro reto nos llevará a subir los últimos kilómetros. Cuando se llega a Turtagro, cerca de las grandes cimas de la cordillera de Jotunheimen, se entiende el valor del esfuerzo. El entorno es espectacular a la sombra del Store Skagastolstind, con sus 2.405 metros. En esto de los fiordos también existen los rivales, como el Lustrafjorden o el Jostedalsfjorden, desde el que se tiene acceso al Parque Nacional de Jostedalsbreen, donde está el glaciar más grande de tierra firme en Europa, con 487 kilómetros cuadrados.

Los noruegos adoran sus hielos. Una caminata al borde de este frente glaciar, que es como un enorme río de hielo de color azulado que se abre camino trabajosamente es una experiencia. El hielo nos deja unas increíbles formas escultóricas. Aunque se ha limitado la escalada debido al calentamiento global, la experiencia supera la primera ilusión. Incluso un simple paseo por el hielo merece la pena. De junio a septiembre, se puede hacer trekking por los senderos indicados del glaciar.

Con indumentaria deportiva

Si caminar no es lo nuestro, tenemos la opción del kayak. El agua es zona de barcos y las piraguas la forma más atractiva de recorrer la zona. Entre palada y palada, podremos recorrer las orillas de estos entrantes del mar en la costa. En función de la climatología y la velocidad, vamos a ver nuestra capacidad. Aquí no se extraña vernos llegar con indumentaria deportiva. Las ganas de vivir nos lleva a granjas, restaurantes o refugios en los que poder aparcar nuestra piragua para disfrutar del tranquilo encanto de la vida rural noruega.

Es realmente espectacular ver la lengua del glaciar desde el lago mientras remamos en nuestro kayak.

Desde el Museo Noruego del Glaciar, en Fjaerland y en el Centro Breheim, se organizan visitas al brazo del glaciar Sogne, conocido como Nigardsbreen, uno de los más impresionantes. Es realmente espectacular ver la lengua del glaciar desde el lago mientras remamos en nuestro kayak. Todo parece de una dimensión no humana y un paseo de dos o tres horas por el brazo del glaciar Flatbreen resulta una experiencia única. Trekking, pesca o natación... Al final del día el cuerpo pide tregua y el descanso es un premio.

Una ruta a caballo puede resultar casi una jornada de descanso. Los famosos magos rubios, así llaman a los Fdjord Horses, son una eficaz forma de llegar a lugares casi inaccesibles a los que es imposible llegar por medios más convencionales. Para recorrer Noruega a caballo hay que hacerlo al mismo ritmo que el país, despacio, disfrutando de cada rincón de la naturaleza. Así, tranquilamente, puede conocer pequeñas granjas o montañas como las de Breim o contemplar lagos extraordinarios noruegos.

Turismo ecuestre

Los viejos caminos que unen las granjas son un buen lugar para el turismo ecuestre. Gitte es una de las personas que trabaja como guía y recupera muchos de los viejos caminos para llevarnos de sorpresa en sorpresa. En una ocasión es una granja donde nos esperan con unas estupendas truchas recién pescadas en el lago, en otras, es un cálido fuego en el que tomarnos un licor para entrar en calor. En Solvorn nos encontramos a una simpática criadora de caballos Dole, que disfruta desde su granja de unas inmejorables vistas. Las viejas cabañas de pescadores se han convertido ahora en cabañas de veraneo, pero los paisanos siguen teniendo el mismo espíritu hospitalario de antaño.

Nos queda otro reto: el de las islas árticas, más remotas y exóticas si cabe que las de la recortada costa sur. Llegamos hasta las islas Lofoten, la puerta de entrada al Círculo Polar Ártico, todo un paraíso para la pesca de altura. En medio de calas vírgenes y paisajes bucólicos, bajo un sol anaranjado, recorremos estas islas que son célebres por la pesca del mejor bacalao del mundo, el skrei y ahora también por ser un escenario único para el deporte al aire libre: piragüismo, senderismo, cicloturismo y pesca son las principales propuestas.

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