A medio camino entre Burdeos y Nantes, la enigmática ciudad francesa es uno de esos lugares que, aunque podría convertirse en un gran centro turístico, guarda sus tesoros para aquellos que llegan en peregrinación buscando la huella del viajero Pierre Loti.

Julien Viot, que es como realmente se llamaba el autor de Aziyadé o El Pescador de Islandia, recorrió el mundo durante más de sesenta años y escribió medio centenar de novelas y relatos de viajes. Se le recuerda en Estambul, desde uno de sus miradores más famosos, en China, en la India o en Japón. Pero siempre volvía a su ciudad natal, Rochefort, cargado de obras de arte y maravillas que iba integrando en su casa hasta convertirla en el palacio encantado que se puede visitar hoy en día. Algunas salas han desaparecido, pero aún queda un salón en forma de mezquita, otro que nos lleva al reinado de Luis XI de Francia, otro a Argelia... y así sucesivamente, a todos aquellos rincones del planeta que este excéntrico personaje convertía después en escenario para sus famosas fiestas de disfraces, en las que nunca faltaba alguna cabeza coronada incluida nuestra reina Isabel II, gran amiga del escritor.
Pero Loti no fue el único gran viajero que ha salido de Rochefort, una ciudad en cuadrícula que prácticamente se diseña por completo en el siglo XVII como principal astillero y arsenal de la Armada de Luis XIV. Sólo hay que acercarse hasta el antiguo palacio de Hèbre de Saint-Clement, convertido en Museo de Arte e Historia, para ver algunas de las colecciones de estos exploradores y aventureros.
Por otra parte, desde aquí también zarparon barcos tan carismáticos como el Hermione, que, al mando de Lafayette, fue uno de los protagonistas de la batalla de Chesapeeke -clave en la independencia de Estados Unidos y que ahora se esta reconstruyendo en la misma dársena que vio nacer esta intrépida fragata.
La historia de Rochefort estaba tan unida a su astillero que, cuando en 1927 se cierra, se convierte en una ciudad fantasma con un discreto centro termal que sólo el cine volvió a despertar cuarenta años más tarde. Una serie de circunstancias y casualidades hacen que Jacques Demy, que acababa de darse a conocer con su película musical Los Paraguas de Cherburgo, decida repetir el éxito con Las Señoritas de Rochefort, con Catherine Deneuve de nuevo como protagonista, acompañada de su hermana Françoise Dorleac y de muchos actores y bailarines americanos de la talla de Gene Kelly.
Sus plazas se llenaron de terrazas y las preciosas casas neoclásicas fueron paulatinamente remozadas
De pronto, la ciudad salió de su estado de hibernación. Sus plazas se llenaron de terrazas; las preciosas casas neoclásicas fueron paulatinamente remozadas; se redescubrieron los edificios del Arsenal como la antigua Cordelería que no tardaría en convertirse en museo-hotel, pero también en sede de la toda poderosa administración del litoral francés. Y, recordando que aquí se introdujo en Europa la begoña que precisamente debe su nombre a la esposa del primer gobernador militar Michel Begon, se revela un magnífico jardín donde se pueden conocer más de 1500 variedades de esta planta tropical.
Su posición, a veinte kilómetros del litoral siguiendo el curso de la Charente, se ha vuelto a convertir en una ventaja. Es el lugar perfecto para explorar una de las zonas más interesantes de la región de Poitou Charentes. El embarcadero vuelve a tener movimiento gracias a los barquitos que zarpan hacia la isla de Aix o al Fort Boyard. Hay carretera directa tanto a la isla de Oleron -donde está enterrado Pierre Loti en la casa que allí tenía su familia paterna- como a la Ré.
También, la Rochelle se encuentra a veinte minutos y a poco más está Saintes, Royan y media docena de los palacios que tanto le gustaban a al niño Julián Viot y que inspirarían algunas de sus primeras obras: entre ellos, el de de la Roche Corbon y el de Crazannes, que se relaciona con El Gato con Botas ya que uno de sus propietarios fue el carismático Marqués de Carabas.
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