Ficha práctica

  • DÓNDE

    Hotel Caruso Belvedere. Piazza San Giovanni del Toro, 2. 84010. Ravello. Italia. Tfno: +39 089 858 801. Internet: www.hotelcaruso.com y www.orient-express.com

  • HABITACIONES

    45 habitaciones.

  • PRECIO

    Desde 300 euros.

  • CATEGORÍA

    5 estrellas.

  • TIPO DE HOTEL

    Histórico de lujo.

Una 'pensione' suspendida
entre el cielo y el mar

Fernando Baeta | Fotos: Genius Loci

Disminuye letraAumenta letra
Actualizado jueves 04/06/2009 19:22 horas

Fue André Gide quien escribió que la elegante y elitista Ravello está tan cercana al cielo como no alejada de la orilla del mar. Si esto es cierto, que lo es, muy bien podría decirse por extensión que el Hotel Caruso Belvedere vive suspendido entre la playa y la luna. Y si además se tiene la fortuna de mirar al mundo desde la habitación 303, también llamada Greta Garbo, se puede sentir la inimaginable sensación de estar colgado en el vacío, levitando sobre el golfo de Salerno, en una costa que por la mañana parece surgida de la niebla y por la noche trata de ocultarse bajo las estrellas.

Que el Caruso, ubicado en la cima de una colina a 365 metros sobre el nivel del mar, tiene orígenes aristocráticos no sólo lo demuestra su privilegiada ubicación en el centro de la cornisa Amalfitana (a menos de 90 minutos del aeropuerto de Nápoles), ni tan siquiera su singular historia que arranca en el siglo XI cuando el barco que trasladaba a una conocida familia patricia romana naufragó frente a la costa y, para conmemorar su salvación, mandó construir lo que más tarde se conoció como Palazzo D'Afflitto, que significa «de los afligidos» y que evoca tanto el citado naufragio como los suplicios sufridos a causa de su fe, por un tal Eustaquio, mártir de la familia.

No, lo que demuestra la aristocracia del Hotel Caruso es la atmósfera que se respira, la historia de sus paredes, el eco de los tacones sobre sus baldosas centenarias, el brillo de sus frescos, el verde de sus jardines Belvedere sobre el que se mece el Palazzo, su piscina infinita que parece colgada de un abismo, la portentosa fuerza del silencio que todo lo envuelve, el resplandor de las cenizas de Pompeya y Herculano... en resumidas cuentas, el estado de ánimo que provoca en sus visitantes.

Tras muchas destrucciones y reconstrucciones, la actual estructura del hotel arrancó en 1893 cuando Pantaleone Caruso, hotelero y viticultor, y su esposa Emilia Cicalese alquilaron cinco habitaciones en una de las alas del palacio. Pensione Belvedere fue su primer nombre, en honor a los jardines que rodean el hotel y que parecen precipitarse desde lo alto de la montaña hasta el mar.

La gran suerte de Pantaleone Caruso fue que entre los primeros clientes de la Pensione se encontraba un periodista del New York Times. La reseña que escribió provocó la llegada de un sinfín de potentados yanquis que solían pasar el invierno en las cálidas rivieras europeas. En poco tiempo, el hotel llegó a ocupar todo el palacio, 24 habitaciones, cambiando su nombre por el actual: Hotel Caruso Belvedere. Desde 2005, tras cuatro años de intensa restauración llevada acabo por Orient-Express Hotels& Trains, cuenta con 45, todas diferentes en forma y tamaño.

La historia pesa lo suyo a la hora de hablar del Caruso, pero mucho más pesa la vista del golfo desde la mayoría de las habitaciones, el incomparable sabor de una simple taza de café en la terraza de su restaurante de la primera planta, unos papardelle al pesto ¡cómo no! en los jardines Belvedere, un relajante baño en la piscina, una puesta de sol, una lluvia de estrellas o un amanecer que, como si de una película de misterio se tratara, nos va mostrando el milagro de agua y luz que, poco a poco, se forma todas las mañanas ante los ojos del sorprendido viajero.

El Caruso es uno de esos hoteles hechos para disfrutar. Ya sea por su quietud, por la luz que atrae y por la que desprende, porque nos abre los sentidos, porque siempre tiene algún pequeño secreto escondido a la vuelta de cualquier recodo, porque alimenta nuestros ojos desde todos los ángulos posibles, porque mirar en cualquier dirección se convierte en un milagro. Por eso, siempre hay que regresar, para volver a vivir, aunque sea un solo instante, suspendido entre el cielo y el mar.

Servicios

Restaurante, bar, 'babysitting', reserva de entradas, piscina, traslado en coche o helicóptero, 'boutiques', excursiones gratuitas en barco, centro de negocios, planta VIP, televisión por cable...

Nos gusta por

Su entorno, en una Costa Amalfitana entre tinieblas que parece anclada en el pasado. Bella, primitiva, real e irreal al mismo tiempo.

Sus míticos huéspedes, como la Garbo, quien se perdió por los atajos de su silencio. Virginia Woolf reflexionó paseando por sus jardines y John Huston dirigió desde el bar Beat the Devil (La burla del diablo), una de sus películas más irreverentes. Incluso dicen que Graham Greene escribió aquí el núcleo central de El tercer hombre, y que Wagner se inspiró en Villa Rufolo, un palacio cercano al hotel, para escribir el segundo acto de su Parsifal.

Cómo llegar

El aeropuerto internacional más cercano (a 65 kilómetros) es el de Nápoles, que recie vuelos desde España desde diferentes aerolíneas. En estos momentos, Vueling (www.vueling.es) ofrece las tarifas más ventajosas, volando desde Madrid y Barcelona sin escalas.

Prohibido perderse

Una ruta por la Costa Amalfitana. Si la recorremos a través de la costa o si lo hacemos a través de sus tortuosas carreteras nos parecerá que entramos en otra dimensión, que pueblos como Maiori o Minori no existen, que la vertical Positano se va a caer al mar en cualquier momento, que Amalfi, la más antigua de las repúblicas marineras de Italia, parece el capítulo de un libro de Historia, y que Ravello, la señorial Ravello, la de los grandes palacios y prósperas villas sigue siendo feudo de ricos mercaderes que siempre vuelven a ella.

Logo de elmundo.es

© 2014 Unidad Editorial Internet, S.L. | Aviso legal | Política de privacidad