Es el barrio artístico de la capital china. En lo que fuera una antigua fábrica proyectada por la Alemania comunista a finales de los 50, se levanta el 798 Art District, un agradable y vanguardista complejo repleto de galerías, talleres, restaurantes, cafés de diseño, tiendas alternativas y hasta un teatro.
El primero es rojo, le sigue uno amarillo y, al final, el verde. Al fondo, al otro del escaparate, se entrevé otro azul. Todos son iguales, de la misma estatura, cortados bajo el mismo patrón: el de un dragón, símbolo base de China. Y a todos mira la aspirante a Gilda acodada en un rincón de la calle. Y el miniguerrero maoísta jaspeado en rosa y alzado sobre la prole. Tamaña composición de esculturas aparece fijada en una de las calles principales del 798 Art District, el barrio artístico de Pekín, levantado en 2002 sobre las cenizas de una antigua fábrica de productos electrónicos, al noreste de la ciudad, en el distrito de Chaoyang.
Allí, entre 20.000 m2, más de 50 galerías de arte contemporáneo se codean con cafés, clubes y restaurantes de diseño, tiendas alternativas, librerías especializadas, talleres (y viviendas en forma de lofts) de los propios artistas (unos 300 trabajan aquí) y hasta un vanguardista espacio multiusos en el que se dan cita las propuestas de danza, teatro o música que no tienen cabida en otros locales más ortodoxos de Pekín.
La ascendente fama es tal que la revista Time ha incluido el barrio, algo así como el SoHo neoyorquino a lo grande, entre los 22 centros urbanos de relevancia cultural del planeta. No extraña teniendo en cuenta que China es ya el tercer mercado del arte a nivel internacional, al haber desbancado a Francia, según el índice Artprice, el sitio web líder en información sobre este campo.
Y, entre medias de tanta cifra, decenas de obras de arte en plena calle (y a la venta), desperdigadas entre los callejones y patios por los que, hace ya varias décadas, moraban los trabajadores de la fábrica 798 Dashanzi (de ahí el nombre actual). O donde estaban sus casas, la cantina, la cocina, el cuarto de calderas, los clubs literarios, las canchas de fútbol, la sala en la que la orquesta ensayaba, no sólo sus himnos patrióticos, sino hasta conciertos de música clásica...
La mastodóntica obra estilo Bauhaus proyectada por la Alemania Oriental dio cobijo a cerca de 20.000 empleados.
No en vano, la mastodóntica obra estilo Bauhaus proyectada por la Alemania Oriental cuando los años 50 agonizaban dio cobijo a cerca de 20.000 empleados. Las pinturas maoístas que muchos realizaron aún pueden verse en algunos edificios, como el 798 Space, reconvertido en galería de arte (la primera del complejo). Exagerados caracteres chinos en rojo destacan bajo los arcos de un curioso techo de piedra (uno de los lemas dice Mao es la estrella roja de nuestros corazones), justo debajo de los cuadros que dispensa la galería.
Y en la de al lado, las tuberías de antaño ejercen de elemento decorativo, igual que las ajadas manivelas que se descubren en otro pasillo, junto a la metralleta multicolor que se exhibe una de las estancias. O los muros de ladrillo que todavía separan las mesas de restaurantes como el AT Café (ver Dónde comer). Más de lo mismo en las galerías White Space, la 798/Red Gate Gallery o la Bejing Tokyo Art Project, de las más emblemáticas.
Fueron los propios artistas del nuevo centro cultural los que pidieron a los diseñadores que mantuvieran elementos de la antigua fábrica, que se vino abajo en los 90. El Gobierno retiró los subsidios y, poco a poco, la producción se fue quedando obsoleta. Por entonces, la Academia Central de Arte china andaba buscando nido y lo encontró aquí, no sin muchas pegas.
Los alquileres han escalado en los últimos años, haciendo que a los fines artísticos del complejo se sumen otros.
Y éstas continúan, ya que los alquileres han escalado de forma espectacular en los últimos años, haciendo que a los fines artísticos del complejo se sumen otros mucho más comerciales. Por eso, el 798 acoge con frecuencia presentaciones de cotizadas marcas (léase Nike, L'Oréal, Sony, Motorola...), desfiles (de Dior, Triumph...), fiestas de empresa, reuniones con caché, etcétera, además de todo tipo de festivales de arte, danza o fotografía.
Eso sí, que nadie espere ver en estas filas documentos de la matanza de la plaza de Tiananmen de 1989. O de las protestas de los monjes budistas del año pasado. O del boicot a las Olimpiadas. Ni siquiera en la 798 Photo Gallery, con dos niveles dedicados a fotos y grabados, o la Timezone 8, considerada la mejor librería de arte de Pekín y con sede en este bohemio barrio. Y eso que el propio Gobierno comunista es el primer interesado en mostrar una imagen moderna del país, pero siempre con límites. Sea como sea, el 798 Art District es uno de esos lugares con encanto para empaparse sin prisa.
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