Sólo cuando tiene lugar la Almadía puede decirse que ha llegado la primavera al navarro Valle del Roncal. Una fiesta unida al río que ensalza la tradición del pasado y que es una excusa perfecta para animar el estómago, bailar y divertirse. Por algo fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.
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La Almadía es ante todo jolgorio, aglomeración, expectación ante el paso real y también simbólico del pasado ante nuestros ojos. Para los almadieros, el 2 de mayo amanecerá pronto. Las tareas en el monte son muchas y nada se prepara con antelación. Es preciso batir, destajar y tronzar los troncos con los que se preparan las balsas. Verbos con sabor rural que explican las labores de talar, quitar las ramas y cortar los maderos en partes proporcionales con un tamaño que oscila entre los 4 metros y los 6,40. Todo ello de forma manual, por supuesto, hacha en mano y con la pericia que sólo otorga la experiencia acumulada.
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¿Y qué diversión ofrece la Almadía al visitante profano? Ante todo, es una excusa para la verbena, para una fiesta de pueblo que fue declarada de Interés Turístico Nacional en 2005 y que congrega en los últimos años a más de 7.000 espectadores. Por esto, es aconsejable levantarse temprano y llegar a Burgui no más tarde de las diez o diez y media. Aunque la hora prevista para el paso de las barcas es a las 12.15 o 12.30 horas, la velocidad de la bajada depende fundamentalmente del caudal que tenga en ese momento el río Esca en los cinco kilómetros que se recorren. Llegando con antelación se evitan las aglomeraciones en los accesos al pueblo y los enjambres de coches en que se convierten los prados que lo rodean.
Además, así hay tiempo suficiente para hacerse una idea de la arquitectura local, curiosear en los puestos de artesanía del mercadillo medieval y degustar como desayuno o aperitivo, cada cual como elija, los quesos que ofrecen en la Feria de la Denominación de Origen Roncal. O contemplar la exhibición de corte de madera, otro anclaje más de esta fiesta a la tradición. Quien decida hacer noche en Burgui o sus alrededores, puede seguir la víspera el espectáculo teatral y pirotécnico basado en la vida del almadiero, en la zona del puente.
Cerca ya del mediodía urge tomar posiciones. Basta con seguir a los regueros de visitantes para buscar acomodo, a pie o sentado en la ribera del Esca, en la zona de la presa o en la del puente, un tramo de apenas 200 metros en el que se desarrolla la parte principal del espectáculo.
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Una vez allí, todo se sucede sin prisa, pero con el ritmo inexorable que marca el paso de las aguas del río. Una a una, las tres almadías se acercan recibidas por el jolgorio. El instante previo al salto de la presa por la rampa de piedra no deja de tener emoción, incertidumbre. La almadía serpentea, se retuerce y toma el tobogán con sólo un par de dedos de agua bajo ella y sus ocupantes hacen esfuerzo para mantener el equilibrio y no dejarse llevar por el salto bronco. Así una, dos y tres. Una vez superado el trance, todo es calma y maniobras de los almadieros, ataviados todos de forma tradicional. Utilizan los palos para dirigir la balsa sobre la corriente ya mansa del Esca, evitando los juncos y las piedras de las orillas. El espectáculo ha terminado, la fiesta sigue. Es el momento de saludar al homenajeado de este año, el cantautor, escritor y ex diputado José Antonio Labordeta, a quien los amigos de la almadía agradecen haber llevado en su mochila esta tradición y reconocen a la vez las vinculaciones que los almadieros tuvieron históricamente con el Valle de Salazar, Sangüesa, los valles de Echo y Ansó...
La fiesta sigue, sí, porque no todo es recordar el esfuerzo con que los antepasados se enfrentaban a las labores del monte y cómo trasladaban los troncos para su comercio. También llega la hora de animar al estómago en la comida popular en el Frontón Barkaina, volver al mercadillo medieval, echar un baile con la charanga... sumergirse hasta el fondo en la fiesta popular de este valle navarro del Roncal.
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