Los cadetes del Leoncio Prado, el Zabalita de 'Conversación en la catedral', los cachorros y sus escarceos amorosos en los parques de Miraflores... El escenario en el que sobrevivían todas estas criaturas del escritor peruano no es otro cada recoveco de Lima, desde la plaza de San Martín a los aires bohemios de Barranco. Desde La Victoria a la heladería D'Onofrio.
«¿En qué momento se jodió el Perú?». Con este interrogante ya casi convertido en institución literaria, Mario Vargas Llosa (o mejor, Zabalita, el protagonista de su Conversación en La Catedral) daba rienda a conjeturas varias sobre aquello en lo que se había convertido su país. Y todavía sigue en ésas, para bien o para mal, pese a que la obra se publicó en 1969. Desde entonces, el autor de Arequipa no ha dejado de radiografiar Perú en cada uno de sus relatos. Y sobre todo Lima, desde los bares a pie de playa de Chorrillos a las películas de Cantinflas que veía en el cine Excelsior. Desde el colegio Leoncio Prado del Callao a las pastelerías que salpicaban las calles del centro.
Todos esos escenarios aparecen recopilados en una guía literaria editada por Promperú, la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo, y distribuida de forma gratuita para los viajeros. El objetivo es que los adeptos al artífice de Pantaleón y las visitadoras o La tía Julia y el escribidor descubran los rincones limeños perpetuados en sus libros. No se saltan ni uno, aunque muchos de aquellos teatros, cafés o parques descritos ya no existen. Aquí va una nutrida lista centrada en cuatro de sus obras: Los jefes, Los cachorros, La ciudad y los perros y Conversación en la catedral.
![[foto de la noticia]](http://estaticos02.ocholeguas.com/imagenes/2009/04/14/1239711205_extras_ladillos_1_3.jpg)
Tenía poco más de 20 años (hablamos de 1959) cuando Vargas Llosa dio a luz Los jefes, una colección de cuentos con la que ganó el premio Leopoldo Alas. Es el tiempo en el que se traslada a París. Pero antes ya había dejado sentenciadas las odiseas de un grupo de chavales en plena adolescencia limeña. Allí transcurre la acción de Los jefes y también de Los cachorros. Y, en concreto, en el barrio de Miraflores, cuna de la clase media-alta limeña, pero no de la oligarquía con abolengo. Ésa vivía en San Isidro, el barrio pijo de la ciudad, como todavía sigue siendo además de centro financiero, repleto ahora de cafés, restaurantes fashion, bancos, embajadas y refinadas boutiques.
En el relato Día domingo (de Los jefes), Vargas Llosa no se cansa de repasar la avenida Pardo de Miraflores, «bajo los ficus de la alameda, sobre las losetas hinchadas a trechos por las enormes raíces de los árboles». La escena se repite ahora, aunque esos árboles centenarios de los que habla tuvieron que ser talados porque estaban reventando las aceras. Tampoco se olvida el escritor de las sesiones de cine en el Excelsior, el Ricardo Palma o el Montecarlo. Ni de los bares cercanos y «la mesa de costumbre» donde se acodaban los protagonistas, «dueños del ángulo que formaban las paredes del fondo y de la izquierda» (Día de domingo).
De la Pardo, los personajes saltan «haciendo pases de básquet» a la Diagonal, una de las principales arterias del barrio, para comprar barquillos en la heladería D'Onofrio, todavía en pie. Aunque lo que está enfrente ahora es el Parque Kennedy (nombrado así poco tiempo después del asesinato al presidente estadounidense), con sus terrazas techadas y su marcha nocturna. El escritor también pasa revista a las playas de Chorrillos, sobre todo a la de La Herradura, donde estaba (y está) el bar El Nacional, al que los protagonistas bajaban «en el auto que los viejos le habían regalado por Navidad».
![[foto de la noticia]](http://estaticos03.ocholeguas.com/imagenes/2009/04/14/1239711205_extras_ladillos_2_0.jpg)
Es una de las novelas clave en la biografía del de Arequipa. Y todo un inventario de los rincones de Lima, desde el colegio militar Leoncio Prado, donde «se hacen hombres» sus alumnos, en el Callao (el glorioso barrio colonial convertido en paraíso de burdeles para los protagonistas de la novela) a Diego Ferré, donde está la típica quinta miraflorina en la que vive Alberto, uno de los personajes. Hasta allí se tiene que mudar dejando atrás las bondades de San Isidro. La crisis económica de entonces... Y a unos pasos, el Parque Central, donde se reunían todavía vestidos de uniforme los alumnos para ver pasar a las señoras que iban a misa.
Las páginas también describen la principal arteria de Miraflores, la avenida Larco, que llegaba al antiguo Parque Salazar, ahora reconvertido en un moderno centro comercial, Larcomar, con vistas al mar e incluso teatro, en el que se dan citan las familias cada fin de semana y los juerguistas cuando llega la noche (hay pubs de toda condición en cada planta). Barranco, el barrio bohemio de la ciudad, de artistas e intelectuales (como el propio Vargas Llosa, que allí tiene su residencia limeña) aparece expuesto como la morada perpetua de las «casonas descoloridas de principios de siglo, separadas de la calle por jardines profundos».
![[foto de la noticia]](http://estaticos04.ocholeguas.com/imagenes/2009/04/14/1239711205_extras_ladillos_3_0.jpg)
Fue su cuarta obra y una de las más exitosas desde que se publicara en 1969. En ella, el centro histórico cobra vida entre las sedes de los principales diarios del país, El Comercio, La Prensa, La Crónica. En este último trabaja el periodista Santiago Zavala, como también lo hizo Vargas Llosa. Pero el eje central es La Catedral, esa tasca que da título a la novela y en el que se airean las vidas de unos y otros, entre cerveza y cerveza, con el trasfondo político de una de tantas dictaduras latinoamericanas.
La Catedral estaba ubicada en la calle Alfonso Ugarte, 203, pero en su lugar ahora sólo se ve el esqueleto del viejo edificio que fue. Y antes, «un garaje blanco de la Ford... y los depósitos del Ferrocarril Central. Adentro, bajo el techo de calamina, se apiña en bancas y mesas toscas una rumorosa muchedumbre voraz. Dos chinos en manga de camisa vigilan desde el mostrador las caras cobrizas, las angulosas facciones que mastican y beben...».
© 2012 Unidad Editorial Internet, S.L. | Aviso legal | Política de privacidad