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Blog Blog 5ª Avenida, por Ángel Jiménez de Luis

Lo que he aprendido de François-Henri Pinault

El mercado del lujo cambia el brillo por la artesanía. Objetos únicos y duraderos son los que atraen al consumidor recesionista.

Ángel Jiménez de Luis

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Actualizado jueves 09/04/2009 18:45 horas
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El presidente del grupo PPR -Gucci, Boucheron, Bottega veneta, McQueen, McCartney, Balenciaga...- inauguró la pasada semana la conferencia anual de lujo sostenible promovida por el International Herald Tribune, y celebrada en Nueva Delhi.

Lecciones para recordar:

Primera, el mercado del lujo se hundirá este año. Menos que otros mercados, pero como ya he comentado por aquí en alguna ocasión, el efecto de la crisis se nota. Probablemente las ventas caigan en torno a un 10% o un 15%. Traducido a dólares son unos 234.000 millones menos.

Segunda, 2009 será el peor año para el lujo de la historia reciente –desde los años 80-.

Tercera, y más importante, es que el lujo ya no brilla. Pinault aprovechó su discurso, precisamente, para certificar el cambio de tendencia. «El lujo, ahora, está en el artesanado. La gente busca una vuelta a los valores importantes, quieren productos que sobrevivan al tiempo, objetos que pasar de una generación a otra», dijo. El lujo, por lo visto, ya no entiende de «temporadas» ni de «moda». «El cataclismo financiero ha llevado a muchas personas a replantearse sus valores y preguntarse por las cosas que son auténticas y duraderas», añadió Suzy Menkes, editora de moda del diario.

No sé si creérmelo, la verdad. Por lo pronto en los escaparates de Nueva York la lección no parece haber calado. El problema de la industria del lujo es que durante los últimos 20 años ha crecido precisamente haciendo lo opuesto, diciéndole al consumidor, cada seis meses, cual era el it bag, el accesorio que tenías que tener sí o sí. La vuelta al artesanado es una idea romántica y una salida más digna que el fácil recurso de bajar los precios –que al final acaba por diluir la marca-. Pero toda esta industria está montada para funcionar de forma eficiente y remunerada, no romántica.

Mientras, en Manhattan, las grandes fortunas respiran tranquilas. Esta semana el estado de Nueva York ha decidido no añadir un impuesto especial a los bienes de lujo. La propuesta del gobernador era sumar un 5% a los impuestos de venta en bienes con un valor de más de 20.000 dólares. El gremio de joyeros, por razones evidentes, montó en cólera. La propuesta amenazaba a alguno de los grandes iconos de la ciudad –Tyfanny’s, por ejemplo- y desde luego, si esta industria va hacia el artesanado y los objetos duraderos las joyas se van a convertir en los nuevos bolsos, la máquina de imprimir dinero de las marcas más exclusivas.

Sobre el blog

La vida, como cualquier viaje, se puede hacer en primera clase. Descubra los lugares, objetos y placeres reservados a quienes no tienen límite en la tarjeta de crédito.

Sobre el autor

Ángel Jiménez de Luis, periodista, vive con el temor constante de acostumbrarse a una vida que no puede permitirse pero que disfruta en pequeñas dosis. Escribe también El Gadgetoblog.

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