Selous, el reino del silencio

Bienvenido al África del silencio y de los cielos limpios, el África de tierras infinitas que se deshilachan en el horizonte con la esbeltez de las acacias, los masais y las jirafas. Bienvenido a la Selous Game Reserve, un pedazo de naturaleza virgen en el que sentir la llamada de lo salvaje.

María Fluxá

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Actualizado jueves 01/04/2010 14:35 horas

Cuando la avioneta aterrizó de súbito en la gran explanada levantó tanto polvo como emociones. Sin embargo, ese paisaje infinito y, a primera vista, yermo, no anticipaba ninguna expectativa, a primera vista al menos. Pero la Selous Game Reserve, una de las más grandes del continente negro, es el escenario de un auténtico espectáculo, el que brinda su fauna de la manera más natural y despreocupada, ajena a la presencia humana.

A la avioneta le aguardaban unos jeeps encargados de llevar a los pasajeros al Rufiji River Camp, uno de los campamentos más veteranos de esta reserva que tiene la particularidad de asentarse en la orilla de este río africano que sirvió de escenario (real) en la I Guerra Mundial. Hoy lo sobrevuelan infinidad de aves, lo habitan pachorros (y agresivos) hipopótamos y cientos de animales se acercan a sus orillas para beber de sus aguas.

Se trata de una veintena de tiendas bordenado el río. Tras la cremallera se disponen las camas con mosquiteras, una cómoda con dos cajones, un bureau con su silla y un cuarto de baño con agua caliente. Las noches trascurren alrededor de la hoguera, frente al lodge, con los monos campando a sus anchas y entre ese silencio sonoro que se ve entrecortado, periódicamente, por los sonidos más profundos de la naturaleza.

Escenario natural

La reserva de Selous, con 50.000 kilómetros cuadrados, es un emplazamiento natural poco usual no sólo por sus inmensas proporciones sino por ser el santuario de un sinfín de animales, tanto del África oriental como meridional. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1982 por su gran biodiversidad, recibe anualmente más de 440 especies de aves.

El delta del Rufiji, por su parte, es la meca de los elefantes, que buscan espacio entre hipopótamos y cocodrilos. Mientras que su fértil variedad paisajística, de verdes exuberantes, ofrece el escenario perfecto para que correteen impalas, cebras, ñus, kudus, leopardos y leones, o para que troten, inmensas, las jirafas.

Para aprehender la grandeza de esta reserva inabarcable nada como hacer no uno, sino varios safaris: a pie tras los pasos de un ranger para quien estas tierras, que pasan del bosque a la sabana, no tienen secretos; desde un jeep descubierto, desde el que es posible avistar todo tipo de animales en estado salvaje, así como en canoa a lo largo del río Rufiji, desde donde se avistan un sinfín de aves y uno se acerca demasiado cerca, incluso, de los hipopótamos y cocodrilos.

Fue éste escenario bélico durante la I Guerra Mundial, cuando un sudafricano expoliado, Pieter Pretorius, disfrazado de comerciante, logró infiltrarse en el acorazado alemán Königsberg escondido con arbustos en el intrincado delta del Rufiji para que los británicos pudieran bombardearlo. Se dice que su historia inspiraría a C.S Forester en su Reina de África, que Bogart y Hepburn lograrían inmortalizar en 1951.

Reserva de caza

Pero fue otro personaje quien daría el nombre a esta reserva de caza, el de Frederick Selous, de corazón dividio entre la naturaleza y las armas, que murió en 1917 combatiendo a los alemanes. Aunque se trata de una de las reservas cinegéticas y faunísticas más grandes del mundo, sólo en el sector norte se centraliza el poco turismo que recibe este espacio protegido, donde el impacto del hombre está totalmente controlado, y en el que sólo es admitido en calidad de respetuoso huésped.

No fue así en el pasado, cuando era éste paso obligado de las caravanas de esclavos, cuya fantasmal presencia son hoy árboles de mangos, pues se dice que éstos brotaron de los huesos que lanzaban los traficantes de esclavos en sus rutas infames. Pero nada de ello se percibe ahora en el Rufiji River Camp, donde un sol palpitante e inmenso echa el telón en este escenario de naturaleza en estado puro.

 
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