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De safari con niños en Sudáfrica

Su cercanía al espectacular complejo de Sun City, donde todo está preparado para que cada miembro de la familia disfrute al máximo, y estar a dos horas del aeropuerto de Johannesburgo, hacen del parque nacional sudafricano de Pilanesberg el más adecuado del país si se viaja con niños.

Javier Mazorra

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Actualizado miércoles 20/05/2009 17:10 horas

Muy cerca de la frontera de Botswana, en la provincia del noroeste, dentro de la región de Bojanala, hay un inmenso cráter de un volcán extinto hace miles de años, rodeado de extrañas formaciones rocosas, una vegetación exuberante, un lago y desde hace 30 años, miles de animales salvajes incluidos los cinco grandes (el león, el leopardo, el rinoceronte, el búfalo y el elefante). Con sus cerca de 55.000 hectáreas, es uno de los parques nacionales más grandes de Sudáfrica (el cuarto en extensión), pero también uno de los más seguros desde un punto de vista sanitario.

A diferencia de Kruger y de otros quizás más conocidos de esta parte de África, en Pilanesberg no se corre peligro de contraer la peligrosa malaria, una enfermedad para la que todavía no existe una vacuna. Por otra parte, su clima resulta especialmente benigno, no alcanzándose nunca las altas temperaturas de estas latitudes, gracias a encontrarse en una meseta a más de 2.000 metros.

Una película de aventuras

Lo más atractivo de este parque, sin embargo, si se viaja en familia, es poder alojarse en Sun City, una microciudad en mitad de la naturaleza donde los huéspedes tienen que convivir con monos, babuinos, lagartos y miles de aves exóticas y donde todo está preparado para que desde los más pequeños a los mayores disfruten al máximo. Todo gira alrededor de un misterioso edificio que parece salido de una película de aventuras. Vertiginosas torres, lagos encantados, frondosas selvas y un lujo sobrecogedor caracterizan el ambiente del Palacio de la Ciudad Perdida.

La sorpresa aquí es continua y nunca se sabe donde termina la naturaleza y comienza la mano del hombre.

Se habla de un antiguo reino que desapareció después de una serie de cataclismos producidos por el cercano volcán, provocando el súbito abandono de estos espléndidos edificios. Hay otros hoteles desde donde vivir esta experiencia única pero, si se puede, nada es comparable a conocer Pilanesberg desde una de las habitaciones de este Shangri-la africano. La sorpresa es continua y nunca se sabe donde termina la naturaleza y comienza la mano del hombre. Se han utilizado gran cantidad de materiales nobles para su construcción que compiten de igual a igual con docenas de manantiales, árboles exóticos y miles de flores.

Se puede comenzar el día en la inmensidad del parque nacional, subido en un globo aerostático u observando desde un 4x4 cómo van despertándose las jirafas, los elefantes, las gacelas y los rinocerontes para luego acercarse al lago Mankwe y encontrarse con varias familias de hipopótamos desayunando. Gracias a su particular orografía, el paisaje en el interior de Pilanesberg cambia a cada momento. A diferencia de otros parques esperando durante horas la aparición de los grandes -algo que para los más pequeños puede resultar excesivo-, aquí es difícil aburrirse.

Rutas para el avistamiento de aves

Los guías siempre encuentran algo curioso para mantener la atención. Se han habilitado rutas para ver aves o conocer los orígenes geológicos de estas tierras. Después, de vuelta a Sun City, quien quiera convertirse en Indiana Jones, sólo tiene que seguir la senda que conduce al Valle de las Olas, escuchando los truenos y sonidos del más allá. Tendrá que luchar contra los elementos, pero podrá aprovechar para sumergirse en las aguas transparentes de un lago sagrado donde en cualquier momento puede ocurrir un maremoto en forma de ola gigante.

Quien quiera convertirse en Indiana Jones sólo tiene que seguir la senda que conduce al Valle de las Olas.

Los que prefieran el golf tienen dos excelentes campos de 18 hoyos. Como se puede ver en el cuadro de honor del club, ninguno de los grandes de este deporte ha faltado a sus grandes campeonatos. Hay otros lagos más tradicionales donde practicar deportes acuáticos, bosques que se pueden explorar a caballo o a lomos de elefante y quien quiera un contacto más cercano con los animales puede ir a otras reservas cercanas. Al atardecer, puede volver al corazón de Pilanesberg para seguir las huellas de los esquivos leones o visitar un poblado aborígen y ver cómo se vivía en esta región hasta hace poco tiempo.

 
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