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Johannesburgo en primera línea

Soweto, el punto más caliente y conflictivo del Sudáfrica de los años 70 y 80 se ha convertido en una de sus mayores atracciones turísticas. Si hasta hace muy poco sólo se visitaba de forma fugaz durante unas horas, la aparición de un Holiday Inn y de varios bed&breakfast permite ahora conocer de primera mano uno de los lugares más carismáticos del continente.

Javier Mazorra

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Actualizado martes 17/03/2009 19:06 horas

Como indica su verdadero nombre -South Western Township-, esta inmensa comunidad creada por el gobierno sudafricano a principios del siglo XX para alojar a la población de raza negra de Johannesburgo, se encuentra en dirección suroeste, a unos cuarenta kilómetros del centro. Para una primera visita es mejor ir acompañado, no sólo por una cuestión de seguridad -que no es tan grave como la pintan-, sino sobre todo para no perderse, ya que en realidad Soweto se expande de forma anárquica en un área de más de 25 kilómetros cuadrados y está formado por veintitantos barrios autónomos que siguen creciendo de forma imparable, sospechándose que ya han superado los cuatro millones de habitantes.

Las inmensas chimeneas de una central hidroeléctrica, tuneadas al estilo africano, dan la bienvenida al visitante pero sólo al acercarse al cercano Hospital Chris Hani Baragwanath, que según dicen es el de mayores dimensiones del continente, se descubre Soweto en toda su amplitud. De pronto aparece cubriendo el horizonte un mar multicolor de chabolas, donde predominan los tonos pardos y grises pero salpicados de multitud de tonalidades distintas.

En realidad el tipo de edificaciones es muy variada y no es raro encontrarse con verdaderas mansiones. En Diepkloof están las casas más antiguas. Son modestas pero han sobrevivido más de cien años y no hay que preguntar para sentir en el ambiente el orgullo que sienten sus gentes por su barrio. Algunos incluso se han construido extensiones casi lujosas, prefiriendo seguir en el barrio después de hacerse ricos antes que mudarse a Orlando, otro de los primeros asentamientos donde ahora vive una considerable parte de la nueva elite sudafricana.

Represión hecha museo

Su nombre se lo dio Edwin Orlando, el hombre que consiguió cambiar las primeras casas de madera y lata por edificaciones de ladrillo. Allí no hay que perderse la casa donde vivió Nelson Mandela antes de ser detenido a mediados de los años 60, hoy convertida en museo. Dicen que ahora prefiere vivir en otro barrio para no cruzarse con su ex mujer Winnie Madikizela-Mandela, que se aloja en una mansión rodeada de hermosos jardines, siempre protegida de la mirada de los curiosos por unos implacables guardias de seguridad.

Un lugar muy emocionante es el Museo dedicado a Hector Pieterson, una de las víctimas más carismáticas de los levantamientos de los años 70

No lejos de allí, está también la casa del arzobispo Desmond Tutu, uno de los grandes protagonistas de la historia reciente de la República Sudafricana, aunque el lugar más emocionante de esta zona es el Museo dedicado a Hector Pieterson, una de las víctimas más carismáticas de los levantamientos de los años 70. En su interior se cuentan algunos de los momentos más dramáticos de la liberación del país (aunque no está en Soweto propiamente dicho, es imprescindible visitar también el Museo del Apartheid).

Después hay que tomarse un respiro en uno de los muchos bares legales o ilegales –Shebeen- que han surgido en estos últimos tiempos para satisfacer la demanda local pero sobre todo la de los muchos turistas que se acercan cada día a este enclave histórico de Soweto. Se suelen quedar con una visión superficial de la realidad, ya que la única forma de entender la complejidad de este complejo e intrincado tejido social donde todavía se hablan nueve lenguas diferentes y progresivamente se desdibujan las diferencias tribales, es alojarse en casa de alguien que admita huéspedes durante un par de días y a su vez se transforme en un guía y quizás en un amigo. Una oportunidad de conocer de primera mano la nueva Sudáfrica, un país a veces contradictorio, difícil de entender en ocasiones pero siempre fascinante.

Orgullosos de sus orígenes

No se tarda en descubrir que los habitantes de Soweto sienten una pasión irracional por su lugar de origen, a pesar de que fue creado por el apartheid, un sistema que dividía y separaba a sus habitantes por el color de su piel. De alguna forma, se podría decir que sobre todo la nueva generación adolece de un insólito complejo de superioridad. Utilizan para diferenciarse el tsotsitaal, una lengua no reconocida pero que imprime un sentido de clase sobre los emigrantes recién llegados.

La iglesia Regina Mundi sigue siendo una referencia no sólo desde un punto de vista religioso sino también social

Son conscientes que desde aquí se marca el ritmo del país. Las nuevas corrientes musicales, artísticas y políticas nacen en estos barrios antes de propagarse por el resto del sur de Africa. Su famosa iglesia Regina Mundi, The Queen, como todo el mundo la conoce, sigue siendo una referencia no sólo desde un punto de vista religioso sino también social. Puede ser un buen punto de partida para indagar en bares, tiendas y garitos donde se cuecen nuevas corrientes culturales.

Tampoco hay que perderse el barrio de Kliptown donde nació el partido del Congreso, actualmente en el poder. Hay sorpresas a cada paso y es importante mantener los ojos bien abiertos, ya que hasta en los semáforos se esconden secretos como cuando surgen en algunos de ellos palabras misteriosas que advierten sobre el SIDA.

 
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