El hotel donde Mata Hari pergeñó sus hazañas, donde paseaba semblante y tangos Carlos Gardel, donde descansaba de la gloria Manolete, donde los aristócratas rusos huían de la Revolución... El mítico Palace madrileño cuenta su vida en un libro rebosante de anécdotas, viejas fotografías y mucha historia.

Antiguas fotografías que rescatan la trayectoria del actual Westin Palace.
Nunca se registró con su verdadero nombre (normal), pero Margaret Gertrude Zelle (o Mata Hari) paseó más de una vez sus seductoras dotes por las dependencias del legendario hotel Palace. Era aquella época en la que la espía doble más famosa de todos los tiempos alternaba sus bailes de corte oriental con tramas detectivescas entre alemanes y franceses. De hecho, de Madrid salió engañada la holandesa camino a su perdición. O lo que es lo mismo, la frontera gala, donde le esperaba una condena a muerte.
El calendario marcaba 1917, con lo que el hotel «más confortable del mundo», como firmaban las crónicas de entonces, llevaba pocos años en pie (se inauguró el 12 de octubre de 1912). Suficientes para haber cobijado ya entre sus paredes a Benito Pérez Galdós mientras le escribía una carta a su hija hablándole de las bondades de la high life madrileña y del te-tango, el foxtrot y el charlestón que se sucedían en la brasserie del hotel. O para haber sido testigo de las andanzas de los aristócratas rusos que huían de la Revolución de Octubre. O para convertirse en la morada del pintor Zuloaga.
Éstas y otras tantas anécdotas aparecen hiladas, junto a inéditas fotografías en sepia, dedicatorias de los huéspedes más ilustres (el Príncipe Felipe, Borges, Severo Ochoa, Lauren Bacall, Vargas Llosa, Kofi Annan, Rafael Moneo...) y recortes de periódicos con solera, en el libro Palace Hotel, un recorrido por los casi 100 años de historia de este edificio de cinco estrellas, ahora bajo el nombre de The Westin Palace.

Fachada actual de The Westin Palace.
Editado por el propio hotel y el Ayuntamiento de Madrid, supone un aperitivo de lo que supondrá el cententario en 2012. Otro más, ya que, desde hace apenas unos meses, el hotel cuenta con un rincón (Espacio Palace) dedicado a sus recuerdos, con más de 100 libros de registro, el primer aparato telefónico utilizado, copas de la inauguración, del equipo de fútbol que formaba el personal...
De vuelta al libro, Arturo Pérez-Reverte se ha encargado de su prólogo (y de su presentación), en parte porque «algunos de los episodios de su vida» como escritor han transcurrido entre esas paredes, como él mismo confiesa. Aunque quizá lo que más le guste al creador de El capitán Alatriste del hotel es su capacidad para ser «testigo de un tiempo que se fue sin renegar de sí mismo».

Un conserje a la entrada del hotel.
Sea como sea, el origen del hotel (propiedad del grupo Starwood Hotels & Resorts Worldwide desde 2008) surgió por pura necesidad, la de cobijar en condiciones a los pudientes que venían a la capital, y que tenían el Ritz, el Gran Hotel del Arenal y poco más. La escasez se evidenció con la boda de Alfonso XIII en 1906, cuando los archiduques, príncipes y demás nobles europeos tuvieron que alojarse en palacios particulares a falta de pan... A tal punto llegó el problema que los lugareños ofrecían sus propias casas. «En familia, se admiten dos huéspedes con asistencia y estables. Jacometrezo 26 y 28», rezaba un anuncio de la época. O este otro: «Hermosas habitaciones. Salvador 3, principal».
Así (y durante una carrera en el hipódromo de Deauville en 1911) surgió la idea de crear un gran hotel diferente, con los últimos adelantos. Se lo ofreció el propio Alfonso XIII a George Marquet, un empresario belga que compró el terreno por un millón y medio de pesetas. Unos meses más tarde, se alzó la primera piedra en un desapacible solar de 6.000 metros cuadrados. Es más, la construcción fue milagrosamente rápida y, el 12 de octubre de 1912, más de 4.000 personas ya estaban festejando la inauguración del segundo hotel de Europa con cuarto de baño y teléfono en todas sus habitaciones. La apariencia calcaba la de sus exquisitos homólogos parisinos y, en breve, se convirtió en el sitio de moda para disfrutar de un ginfizz o un dry martini.

El Jardín de Invierno en sus inicios.
Desde que su primer cliente, un belga, pagara 7,50 pesetas, el Palace dio cabida a todo tipo de personalidades hasta que llegó el parón de la Guerra Civil, durante la que se convirtió en hospital. Una vez acabada, la cosa cambió. Las grandes fortunas y la nobleza iban al Ritz, también de Marquet, que buscó una clientela distinta para cada lugar. Así, en el Ritz, nada de desaliño en el vestir (los vaqueros estuvieron prohibidos hasta 1978), falta de decoro o profesiones de dudosa reputación. Léase actores, cantantes, toreros. Conclusión: el Palace, mucho más cosmopolita, se hizo cargo de esa tropa. Como ejemplo, hasta James Stewart tuvo que mencionar su graduación de coronel para alojarse en el Ritz.
Entretanto, llegarían los paseíllos de Manolete, las sombras de Hemingway, las visitas diplomáticas de Henry Kissinger, la conversión en cuartel general de políticos y periodistas durante el Golpe de Estado del 23-F y de sede socialista en las terceras elecciones tras la vuelta de la democracia... Así hasta hoy, a punto de cumplir este emblema rebosante de historia sus 100 años de vida.
| Más información: El libro Hotel Palace está a la venta desde el 1 de marzo en el Centro de Turismo de la Casa de la Panadería (Plaza Mayor de Madrid), así como en librerías y museos. The Westin Palace: Plaza de las Cortes, 7. Madrid. Tfno: (34) 91 360 80 00 y www.westinpalacemadrid.com
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