Estocolmo al natural
Del encanto de esta urbe construida sobre un archipiélago ya me advirtió la camarera cubana que servía los desayunos en el hotel: «Esto es más bosque que ciudad». Ninguna otra capital del mundo que yo conozca cuenta, como Estocolmo, con un Parque Nacional dentro de la propia ciudad.

Vista de Djurgarden. / Foto: F.L.S.
La estrecha y alargada isla de Djurgarden, una antigua reserva real de caza con más de trescientos mil metros cuadrados de bosques y praderas, alberga también varios museos y el complejo de Skansen, un conjunto de antiguas casas tradicionales traídas desde todos los rincones del país. A este frecuentado paraíso natural sólo lo separa del centro de la ciudad el puente de Djurgarden, única vía de acceso por tierra a la isla y a los museos instalados en ella.
No es infrecuente en los inviernos de Estocolmo encontrar días en los que luce un sol tan claro como el de Castilla, pero es una luz que puede resultar engañosa porque la temperatura siempre permanece muy baja. A pesar de ello, gentes rubias de toda laya se arrebujan bajo abrigadas cobijas en las innumerables terrazas al aire libre que abundan por doquier. No hay restaurante ni konditori en toda la ciudad que no tenga instaladas grandes estufas de gas, de esas que calientan desde arriba, y disponga de unas docenas de frazadas para sus clientes.
Pocas cosas gustan tanto a los suecos como la vida al aire libre. El frío, compañero inseparable gran parte del año, no los arredra. Cuando en Madrid hace tiempo que se ha dado por concluida la temporada y las sillas y mesas ya han desaparecido de las calles, en Estocolmo las terrazas siguen abarrotadas de un público variopinto, aunque sea con mantas y bajo árboles de fuego.
Mientras disfrutaba del tibio sol de invierno en un konditori de la elegante calle Strandvagen, al pie del puente de Djurgarden, mis ojos se fijaron en un extraño edificio de estilo inclasificable que rompía la armonía del paisaje con su enorme mole oscura. Pregunté qué era y alguien me contó entonces la increíble historia del Vasa y su legendario naufragio, que tuvo lugar muy cerca de allí, ante la mirada atónita de miles de ciudadanos que se habían congregado en los muelles para presenciar su botadura.
(Bueno, hoy me he quedado sin espacio, pero prometo seguir con la historia el próximo jueves. ¡No se lo pierdan!)