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Ocho panorámicas de las cataratas Victoria

No son las más altas, ni las más anchas, pero con sus más de mil setecientos metros de cortina horizontal ininterrumpida de agua, el espectáculo natural que producen las cataratas Victoria entre Zambia y Zimbabwe es único en el planeta. Éstas son ocho formas de disfrutarlas al máximo.


Javier Mazorra

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Actualizado martes 10/02/2009 10:04 horas

Las cataratas Victoria, entre Zambia y Zimbabwe, son un espectáculo natural único en el planeta. Sobre todo porque su caudal es tan impresionante que produce esos carismáticos truenos de humo que han inspirado su nombre entre los nativos Mosi-oa-Tunya y que fue lo primero que impresionó a David Livingstone cuando las vio por primera vez en 1855 en su exploración del río Zambeze.

Desde entonces, pero sobre todo a partir de la construcción del primer y todavía único puente ferroviario sobre el río a principios del siglo XX, se han convertido en uno de los destinos míticos del continente africano. Para intensificar al máximo la experiencia, proponemos múltiples formas de verlas, desde las más relajantes y placenteras, a vertiginosos subidones de adrenalina, con actividades al filo de lo imposible.

1. Desde el aire

Cataratas Victoria, Zambia

La primera visión se suele tener desde el mismo avión en el que uno llega desde Johanesburgo a Livingstone. El piloto, siempre que puede, hace una maniobra especial para que los pasajeros puedan ver las cataratas en todo su esplendor aunque sólo como aperitivo. Si se quiere ver el espectáculo desde el aire con mayor detalle lo mejor es un vuelo en helicóptero: desde su base en los acantilados de Baobab, los aparatos de United Air Charter (a partir de 100 euros) recorren las gargantas hasta casi tocar las cataratas para luego acercarse al parque nacional de Mosi-oa-Tunya que rodea el entorno de esta parte del río Zambeze, buscando algunos de los muchos animales que lo habitan -rinocerontes blancos, entre otros-.

Por otra parte, ahora están muy de moda los vuelos en Microlight que permiten una experiencia incluso más cercana y cargada de adrenalina, al entrar en la misma corriente del agua o por lo menos dentro de alguno de esas estruendosas llamaradas de humo. Batoka Sky (www.batokasky.com) permite la experiencia a partir de 80 euros. También cuenta con sus propios helicópteros.

2. Desde el Royal Livingstone Hotel

Cataratas Victoria, Zambia

En la misma orilla del Zambeze, antes de que se precipite en la garganta Batota, este hotel de lujo -el mejor de Zambia- da la oportunidad de observar esos carismáticos truenos de humo desde cualquiera de sus terrazas. En cada momento del día, pero también del año, el espectáculo resulta diferente. Cuando más llama la atención es desde el mes de abril a junio, cuando el caudal del agua es mayor. Pero entre enero y marzo da ocasión de presenciar sus famosas tormentas. Se pueden observar desde el bar que se adentra en el mismo río al atardecer, pero también a primera hora de larde disfrutando de un sofisticado High Tea en el porche donde la perspectiva es aún mayor.

O incluso a la hora de la cena, escogiendo una mesa bajo los monkey tree, desde donde los sonidos de la selva se entremezclan con los de las cataratas. Por otra parte, al estar enclavado en el interior del parque Mosi-oa-Tunya se puede ir andando en cualquier momento hasta la mismas cataratas, sin pedir ningún permiso, ni pagar entrada además de convivir con jirafas, zebras, monos, babuinos y otros muchos animales salvajes.

3. Desde el agua

Cataratas Victoria, Zambia

Con una caida media de 546 millones de metros cúbicos de agua por minuto, las corrientes que se forman en las profundidades de la garganta Batoka eran inimaginables. Ahora, gracias a empresas como Bundu Adventures (www.bunduaventures.co.za. A partir de 120 euros), se pueden vivir de primera mano. Entre junio y febrero los buscadores de sensaciones fuertes pueden hacer rafting al filo de lo imposible, salvando 23 rápidos, a cada cual más espectacular y peligroso. Durante el resto del año se reducen a solo trece.

Otra posibilidad es subirse en una lancha motora ultrarrápida y superar la máxima velocidad posible en un medio como este (a partir de 80 euros con Jet Extreme, que trabaja con todas las agencias locales). Para los que quieran tener una experiencia aún más personal e intensa, Bundu y otras empresas ofrecen múltiples formas de hacer surf a los pies de la bestia (a partir de 100 euros sin contar el alquiler de tablas). Hay varios niveles, aunque ninguno para novatos, ya que el riesgo puede llegar a nivel 5, el máximo para este tipo de actividades. Cada época permite posibilidades distintas incluyendo los diabólicos squirts pero siempre se asegura algo extraordinario e inolvidable.

4. Desde Livingstone Island

Cataratas Victoria, Zambia

En la misma frontera con Zimbabwe, al filo de las cataratas existe una isla que lleva el nombre del famoso explorador escocés, ya que fue allí donde vio por primera vez esta maravilla natural. Ahora permite tener una de las experiencias más populares entre recién casados o parejas bien avenidas, ya que se trata de bañarse en una piscina natural que se forma al borde del precipicio donde las corrientes pueden ser extremadamente potentes. Desde el embarcadero del Hotel Royal Livingstone se sale en una pequeña motora que salvando rocas que llega hasta la emblemática isla. Allí los afortunados son conducidos hasta su extremo oriental, donde van a tener el baño más emocionante de sus vidas.

Si la corriente es demasiado fuerte, alguien de la empresa sujeta a los bañistas por los pies para que puedan asomarse al otro lado. Después de superar la prueba, son recompensados con un desayuno o almuerzo de lujo en la intimidad en uno de los rincones más románticos del planeta. A partir de 45 euros, mínimo dos personas. Reservas en www.bushtracks.com o en el mismo hotel.

5. Desde el puente

Cataratas Victoria, Zambia

Desde la construcción en 1905 del puente ferroviario que permitia recorrer todo el continente desde Ciudad del Cabo hasta El Cairo sin interrupciones, esta estructura de hierro ha ejercido una irresistible atracción entre los viajeros. Desde allí se pueden ver las cataratas surgiendo de forma misteriosa al fondo de la garganta Batoka. Se encuentra en tierra de nadie, entre Zambia y Zimbabwe, lo que exige pasar la frontera entre uno u otro lado aunque en principio las autoridades consienten que se haga sin tener que pagar visado (algo que puede cambiar en cualquier momento). Se puede llegar a pie, en taxi, en alguno de los escasos trenes que lo atraviesan de forma extraordinaria... pero nada es comparable con tirarse al vacío y hacer puenting (desde 80 euros). Desde hace un tiempo para los más temerosos existe otra posibilidad, el abseil, una caída con arneses y más controlada (desde 60 euros).

6. Desde el Parque Mosi-oa-Tunya

Cataratas Victoria, Zambia

En el lado zambiano las cataratas están integradas dentro de este pequeño parque nacional, donde viven muchos animales salvajes y se han habilitado varios recorridos para ver este espectáculo natural. Quien se aloje en el Royal Livingstone o en el Zambezi Sun está dentro de él, lo que les permite ir recorriendo los últimos metros del río antes de desparramarse por la falla basáltica para luego acercarse al otro lado de la garganta e ir viendo el lado zambiano de las cataratas muy cerca, tanto que es imprescindible ir con chanclas y en bañador o muy protegido, ya que es como entrar en una intensa ducha de varios cientos de metros.

Después es recomendable seguir un sendero hasta los pies de las cataratas para verlas desde abajo y los remolinos que forman. No es raro cruzarse con bandas de monos, lagartos, mangostas, antílopes u otros animales más peligrosos. Los que no se alojen en esos hoteles tienen que pagar una entrada de unos 10 euros. Allí mismo hay un mercado de artesanía donde escoger algún recuerdo Made in Zambia. Se recomienda hacer alguna compra allí, ya que se ayuda directamente a la población local.

7. Desde Zimbabwe

Cataratas Victoria, Zambia

Hasta hace una década la mayoría de los visitantes de la zona se alojaban en Zimbabwe, pero la situación en estos momentos es tan crítica que no resulta aconsejable. Lo que no impide que se pueda cruzar la frontera para obtener la visión más completa y espectacular del conjunto de las cataratas. Se está más lejos de ellas pero se ve una panorámica más completa, sobre todo la parte que suele llevar más caudal. En teoría ir hasta su famoso mirador no tiene mayor problema pero es importante tener precaución. Hay empresas como Bushtrack Africa que ofrecen un servicio personal con acompañante (40 euros) a lo que hay que añadir el coste de los visados tanto en Zambia, como en Zimbabwe (90 dólares americanos) más la entrada al parque nacional donde se encuentra el mirador (10 dólares USA).

También se puede ir andando, son apenas dos kilómetros hasta la frontera pero se está a merced de docenas de personas bastante desesperadas que piden dinero en la zona intermedia sin supervisión de uno u otro país. Los robos y las situaciones incómodas son frecuentes. Por otra parte, si se quiere hacer cualquier gasto hay que cambiar en un banco oficial para conseguir los dólares de Zimbabwe, que sólo tienen validez en el país y sufren de la mayor depreciación del planeta.

8. Mientras se disfruta de un masaje

Cataratas Victoria, Zambia

Gracias a un curioso sistema de espejos, desde las camillas de masaje del spa contiguo al Royal Livingstone Hotel se puede disfrutar de esas famosos columnas de humo que truenan y del ambiente del río Zambezi a punto de convertirse en catarata. En la misma orilla se han colocado media docena de pérgolas donde se realizan todo tipo de tratamientos, aunque si se quiere algo muy especial, nada como dejarse llevar a través de la ceremonia de un Lwiindi, a medio camino entre experiencia religiosa, anímica y puro placer sensorial.

Dura unos 90 minutos, comienza con una refrescante lluvia de esencias en el cuerpo y continua con una primera exfoliación que incluye aplicación de arcillas, cristales salinos, cremas y leches hidratantes enriquecidas con productos locales. La experiencia culmina con un masaje desde la punta del pie a la coronilla utilizando una piedras de malaquita especialmente adecuadas para impartir este masaje de raíces africanas (Reservas en el mismo hotel. A partir de 100 euros).

 
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