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EL VIAJE DEL LECTOR

Postales desde el Mont
Saint-Michel

Nuestra lectora se adentra en los límites de la Bretaña francesa y Normandía, allí donde surge la majestuosa abadía del Mont Saint-Michel. Dicen los lugareños que la marea en este rincón sacado de la más pura novela medieval sube a la velocidad del galope de un caballo.


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Texto y fotos: Vanesa Pizarro

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Actualizado viernes 27/02/2009 18:58 horas

Cuando se divisa la silueta del Mont Saint-Michel a más de 20 kilómetros se puede empezar a intuir la majestuosidad del mismo, pero sólo cuando llegas a sus pies es cuando puedes admirar esta isla plagada hasta el milímetro de casitas y construcciones medievales y con una abadía en su parte superior coronada por una figura dorada de un ángel espada en mano a 170 metros del suelo.

La única palabra que se te viene a la mente entonces es grandioso. La isla contiene el pueblo de Mont Saint-Michel, en el límite entre las regiones francesas de Bretaña y Normandía. Allí nace una calle muy larga que rodea la Isla del Arcángel San Miguel, perteneciente al cantón de Pontorson, hasta llegar a la cúspide coronada por la estatua del mismo, una calle traviesa y muy empinada que alterna interminables y serpenteantes cuestas con escaleras, y que no duda en recompensar al viajero por el esfuerzo de ascender con rincones sacados de la más pura novela medieval.

Grandiosidad y marismas

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Para los más aventureros (y cuando baja la marea) se puede pasear por la arena de la inmensa marisma y así poder admirar la grandiosidad del monumento desde el mismo suelo, rodearlo andando y ver una pequeña capilla en la parte sudeste de la isla, que es cubierta por las aguas cuando sube la marea. Eso sí, ojo con las mareas cuyos horarios se indican en la muralla, mucho cuidado con las arenas movedizas. Es totalmente desaconsejable adentrarse en la marisma para ir a la vecina isla de Tombelaine andando. Dicen los lugareños que la marea sube a la velocidad del galope de un caballo.

Puedes hospedarte en los hoteles del interior u optar por alojamientos más económicos a un kilómetro tan sólo del monumento, o ya en el mismo Pontorson o Avranches. Imprescindible es reservar siempre con antelación si vas en meses muy concurridos. Para llegar, nada mejor que el coche ya que dispone de un gigantesco párking para dejarlo con tranquilidad por cuatro euros. Incluso si tu opción es venir con caravana también puedes aparcar, pero si no dispones de transporte hay autobuses de línea desde los pueblos vecinos de Avranches, Pontorson, Saint-Malo, Bayeux...

Excursiones de un día

Incluso si estás en París puedes contratar excursiones de todo un día. Hay visitas guiadas en varios horarios que parten de la base, o también se puede visitar libremente. Merece la pena, cada rincón, cada calle, cada casa y cada muralla es patrimonio de la UNESCO.

Es un lugar para no perderse, para deleitare con las vistas desde sus murallas, para saborear tranquilamente un crêpe con sidra normanda al atardecer desde uno de los restaurantes o para contemplar al anochecer la isla iluminada, como si de un faro en la negrura de la marisma se tratase. E imaginarte quizás el sonido de las armaduras de los caballeros en el frío pavimento o los cánticos de monjes de la abadía a la luz de una vela. Mas información en: www.ot-montsaintmichel.com

 
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