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La escapada perfecta

Lo más importante de Berlín es su alma. Tantas guerras y bombardeos han enseñado a los berlineses a vivir como si no hubiera mañana, a disfrutar de la vida en cada instante, tal como lo hacen los mineros del carbón, que cada vez que logran salir vivos del tajo lo celebraban sin bridas y sin estribos.

Francisco López-Seivane

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Actualizado jueves 12/02/2009 20:05 horas

Las penalidades y avatares de la capital alemana han generado muchas emociones que han encontrado expresión en la creatividad, en las mil maneras de cristalizar los sentimientos que propicia una vida al límite. El resultado es asombroso: una ciudad única, con un espíritu increíble, que fascina a cuantos la visitan.

Desde el Meliá Berlin sólo hay un paseo por la orilla del río hasta el Spreebogen, la elegante curva en forma de herradura del Spree, que envuelve todas las dependencias gubernamentales y, muy particularmente, el viejo Reichstag, donde un extraordinario proyecto arquitectónico de Foster mezcla magistralmente lo antiguo y lo moderno. La nueva arquitectura de Berlín evidencia una desesperada búsqueda de la luz.

El Bundestag no es una excepción. Cemento y cristal son los elementos predominantes del nuevo Parlamento, cuyas estructuras buscan tanto la luminosidad de los espacios como la transparencia de lo que ocurre en el interior. Lo más destacado del complejo es la cúpula de cristal que envuelve el antiguo Reichstag (idea original del proyecto de Moneo, que Foster se vio obligado a incorporar a última hora tras haber ganado el concurso con un proyecto que no la contemplaba). Hay que subir en ascensor hasta lo más alto para disfrutar desde allí de una magnífica panorámica de toda la ciudad, así como de los asombrosos detalles interiores de la cúpula. Mi consejo es madrugar un poco para no verse obligado a perder tiempo en las colas que se forman más tarde.

Muy cerca está la Puerta de Brandenburgo, símbolo de la Alemania reunificada y la única que queda en pie de las dieciocho que un día daban acceso a la ciudad. La escultura de la famosa Cuadriga pilotada por la diosa alada de la Victoria preside la Pariser Platz, hoy rodeada de Embajadas y Bancos como ya lo estuviera en el siglo XIX, cuando era considerada la “sala de visitas” del Emperador.

Kilómetro y medio de esplendor

Desde allí, arranca el espléndido bulevar Unter den Linden, una de las arterias más elegantes del mundo, un kilómetro y medio jalonado de museos, bibliotecas, embajadas, iglesias y tiendas del máximo nivel que se recorre con agrado y admiración. El más bien modesto Deutsche Guggenheim, a mitad de calle, exhibe obras de artistas contemporáneos como Chillida o Baselitz.

A un breve paseo de apenas diez minutos desde el Meliá Berlín se halla la pequeña isla que albergó el primer asentamiento de la ciudad en el siglo XIII. La mitad está ocupada ahora por Museumsinsel, un complejo de cuatro museos antiguos y uno moderno que, en conjunto, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Si no hay tiempo más que para visitar uno sólo, sin duda ha de ser el Pergamon, una fabulosa colección de obras de arte y arquitectura procedente de las mayores civilizaciones que ha conocido la humanidad: Grecia, Babilonia, Roma, Oriente Medio y el mundo musulmán.

El nombre de este museo sin parangón viene dado por el nombre de la ciudad, Pergamo, hoy perteneciente a Turquía, de donde procede su pieza más extraordinaria, un impresionante altar griego del año 165 AC dedicado a Zeus. Lo normal es dedicar la mayor parte del día a darse un festín de arte, visitando también el Altes Museum o el Museo Egipcio que alberga temporalmente el famoso busto de Nefertiti, hasta que finalicen las obras del Neues Museum.

Por la noche vale la pena acercarse a Postdamer Platz, el símbolo por excelencia del Nuevo Berlín. A principios de siglo, no era más que un animado cruce de calles donde, en 1924, se instaló el primer semáforo de Europa, operado a mano. En los años 90, tras la caída del muro, se encargó el rediseño de la plaza a un puñado de arquitectos de primer nivel internacional (Renzo Piano, Moneo, etc.) que tuvieron que lidiar con las estrictas normas urbanísticas que protegían los edificios existentes.

El resultado es una peculiar interpretación de la arquitectura que llama la atención por su originalidad, tecnología de vanguardia y sorprendentes soluciones que llevaron en algún caso a trocear un edificio para trasladarlo tal cual unos metros más allá. Está dividido en tres sectores, Daimler City, Besheim Center y Sony Center, el más bullicioso de los tres, por el gran número de cines, teatros, bares y restaurantes que alberga bajo su inmensa cubierta radial. Es un buen lugar para terminar animadamente la jornada.

 
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