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Shenzhen, el mundo en miniatura

Esta ciudad hecha a sí misma en el sentido literal de la expresión es, pese a carecer de alma, pasado e Historia, una de las más desarrolladas del Gigante asiático y la sede del primer experimento de la política aperturista china.

Ana Pérez

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Actualizado miércoles 21/01/2009 10:16 horas

Hace 30 años Shenzhen no existía. Era tan sólo un extenso territorio prácticamente desierto, anegado de arrozales y poblado por unos cuantos pescadores que sobrevivían con los frutos del mar. Por eso sorprende la transformación que esta megametrópolis china ha experimentado en los últimos años. Hoy tiene más de 14 millones de habitantes y es una de las ciudades más desarrolladas del gigante asiático. En el sentido literal de la palabra, se puede decir que Shenzhen se ha hecho a sí misma. Un axioma que, en este caso, tiene una doble connotación: positiva y negativa en la misma proporción. Por un lado, la victoria de un sistema basado en el trabajo sin tregua en el que todos arriman el hombro en aras del progreso de toda una nación. Por otro, Shenzhen es una ciudad sin pasado, sin alma y sin Historia, en la que se ha fabricado prácticamente todo.

Paradojícamente, y pese a su falta de raíces históricas, Shenzhen es parte esencial en la Historia reciente de China

Paradójicamente, y pese a su falta de raíces históricas, Shenzhen es parte esencial en la Historia reciente de China. De hecho, fue precisamente el lugar que el líder reformista Deng Xiaoping eligió hace 30 años para poner en marcha su política aperturista. De ahí surgió esta ciudad-piloto en la que China quiso experimentar un híbrido de capitalismo basado en el «socialismo con característias chinas». Y así, Shenzhen se convirtió en la primera Zona Económica Especial de China -hay cinco- y en la primera ciudad del país que permitió la entrada y el intercambio comercial de compañías extranjeras.

Pinceladas históricas aparte, Shenzhen es hoy una megaciudad que acaba de ser elegida por la UNESCO como Ciudad del Diseño, un título que sólo ostentan Berlín, Montreal, Buenos Aires, Nagoya y Kobe (éstas dos últimas japonesas). En términos tecnológicos, Shenzhen cuenta además con un descomunal e inverosímil Parque de Alta Tecnología. Un total de once kilómetros cuadrados de recinto, donde cada año se celebran dos ferias internacionales de tecnología que atraen a los más expertos en novedades y avances tecnológicos, y que tiene una facturación anual billonaria.

La ciudad de los parques temáticos

Solventado el tema económico, los chinos se dieron cuenta de que la cosa turística brillaba por su ausencia, y no se les ocurrió idea mejor que construir todos aquellos monumentos, edificios y símbolos nacionales que atraen en masa a los turístas a lo largo y ancho del planeta. Y así nació el Window of the World (La Ventana del Mundo), un gigantesco parque temático con más de 130 réplicas en miniatura de los iconos turísticos más significativos del mundo. De modo que en una tarde se pueden recorrer los cinco continentes y visitar el Taj Majal, la Estatua de la Libertad, las cataratas del Niágara, las pirámides de Egipto o el Patio de los Leones de la Alhambra de Granada. Sin duda, los más logrados son la Torre Eiffel de París (a escala 1:2) y el templo de Angkor (Camboya), que destaca por su grandiosidad pese a estar reproducido a una escala de 1:15. Hay que reconocer que la copia de algunos de los monumentos es casi perfecta y, aunque sigue estando a años luz del original, la visita puede resultar interesante y didáctica.

Para compensar la escasez de turismo construyeron monumentos, edificios y símbolos nacionales

La historia se repite en Splendid China, otro parque temático exactamente igual que el anterior, pero dedicado en exclusiva a la madre patria. Uno puede visitar la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida, los Guerreros de Xian, la Presa de las Tres Gargantas y demás tesoros arquitectónicos y artísticos de la cultura china en apenas unas horas. Toda una ventaja dada la mastodóntica extensión de China. Como el anterior, hay que reconocerle su toque didáctico, aunque según los casos, la reproducción parece demasiado cartón-piedra. La iniciativa se exportó a Florida hace 15 años, pero los amantes del Disneyland ya tenían sus propias réplicas y la propuesta china no cuajó. El parque tuvo que cerrar sus puertas en territorio americano en 2003.

Por si uno no ha quedado empapado de la cultura del país, a escasos metros del Splendid China se encuentra el China Folk Culture Villages, otro parque temático del mismo corte que los anteriores pero que recrea los rasgos característicos de algunas de las 55 étnias que convivien en territorio chino. Quizá sea éste el único lugar en toda China donde la identidad tibetana goza de plena autonomía e independencia. Igualmente se pueden apreciar los trajes, costumbres e incluso edificaciones típicas de las étnias Miao, Uygur, Naxi o Dong, entre otras. Tan didáctico como los anteriores, quizá sea el más interesante dado lo desconocido y exótico del tema en cuestión.

Y su lado menos conocido

Para los amantes de la aviación, Shenzhen también tiene otro parque temático, el Minsk World. En este caso, en vez de una réplica se trata del mismísimo Minsk, el famoso portaaviones ruso que después de incendiarse a principios de los 90, fue adquirido por un empresario chino que lo convirtió en atracción turística repleta de bares, restaurantes y tiendas de moda. La experiencia de subir a un portaaviones de guerra de la antigua Unión Soviética tiene su gracia e incluso puede resultar una propuesta distinta para el visitante.

Shenzhen cuenta con uno de los centros comerciales más grandes de China, llenos de imitaciones

¿Cómo es posible tanta réplica en tan poco espacio? Entre otras cosas, porque Shenzhen pertenece a la provincia de Guangdong, más conocida por ser el paraíso de las fábricas del Made in China y el lugar de las imitaciones por excelencia. De hecho, Shenzhen cuenta con uno de los centros comerciales más grandes de China, donde TODO son imitaciones y en donde incluso se pueden llegar a encontrar imitaciones de imitaciones. Es el centro comercial de Lo Wu, justo en la frontera con Hong Kong y en sus cinco pisos ofrece casi cualquier cosa que uno se pueda imaginar a precio de fábrica. Y con la posibilidad -casi obligación- de regatear.

El lado más desconocido de esta ciudad tecnológica son sus espectaculares playas. Dameisha y Xiaomeisha son las más populares, aunque suelen estar atestadas de turistas y locales. Xichong, sin embargo, sigue manteniendo su espléndida belleza natural. No en vano, casi todas las guías de viajes chinas la consideran una de las mejores y más extensas playas del país.

 
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