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Invierno al sol en Buenos Aires

¡Sin complejos! ¡Argentina es superlativa! La mano de Dios, la calidad del vacuno, la resistencia de los caballos y los labios de algún dirigente... Dios pensó, creó y salió Argentina. Y Buenos Aires no podía ser menos.

Texto y fotos: Pedro Madera

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Actualizado lunes 29/12/2008 10:24 horas

La capital argentina presume de superlativa. Dicen los porteños que en Buenos Aires tienen lo más grande, lo más sorprendente, lo más extremo y lo más cool, pero también los rincones y ambientes más nostálgicos no sólo del país, sino también de todo el Cono Sur. Los porteños alardean de tener la avenida más ancha del mundo (la 9 de Julio) y también la más larga (Rivadavia), el teatro lírico más importante de América Latina, y uno de los cinco más famosos del mundo por su acústica, el Colón. También el río más ancho del mundo, el de la Plata a su paso por Buenos Aires, que llega a tener 90 kilómetros entre ambos márgenes, y por su puesto, la mayor población de Argentina.

La navidades en Buenos Aires tienen también su punto megalítico. Pocas ciudades americanas tienen casi medio milenio de historia. Aquí se dan la mano las viejas tradiciones y las construcciones de diseño ultramoderno, la atmósfera cultural de una gran capital europea y el aire despreocupado de los nuevos espacios americanos, los enormes centros culturales y las propuestas tranquilas y románticas.

Entre grandes avenidas de inequívoco sabor americano, se descubren barrios genuinamente hispanos, y más que hispanos, españoles. La ciudad está estructurada en anillos concéntricos que toman como punto de partida el Congreso de la Nación y los colectivos (o autobuses) son la forma de ir de un lado a otro de la ciudad partiendo de su corazón geográfico, simbólico y sentimental: la Plaza de Mayo, testigo silencioso de la parte más oscura de la historia de Argentina.

Todavía quedan algunos grafismos que recuerdan a las famosas Madres de la Plaza de Mayo, y las vallas de protección están cada vez más alejadas del edificio. Porque todo se celebra en esta plaza, desde una manifestación hasta un concierto.

El símbolo del Obelisco

En el cruce de la avenida 9 de julio con la avenida de Corrientes se erige un obelisco levantado en 1936 para conmemorar los 400 años de la fundación de la ciudad a manos de españoles. El Obelisco, con sus más de 67 metros de altura, se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad. Junto a este símbolo se pone un gigantesco árbol de navidad que en muchas ocasiones es blanco como este año.

Como el calor aprieta... Mucha agua, calzado cómodo y en marcha. Nuestro viaje nos lleva hacia el oeste, por la Avenida de Mayo, todo un despliegue de fachadas mágicas, de historias y figuras importantes del pasado argentino. Nos encontramos con el Palacio del Congreso, uno de los conjuntos arquitectónicos más logrados de Buenos Aires.

Sus avenidas son como los bulevares parisinos; los viejos barrios, como los de Génova, y los edificios, como Madrid.

Estamos en el corazón de la ciudad, donde se concentra el universo administrativo y financiero diurno, y donde, al caer la noche, son los restaurantes, los pubs y los espectáculos los que toman el relevo, encabezados por el Teatro Colón (1908), el más importante escenario de América Latina y uno de los mejores teatros de ópera del mundo.

Es un tópico decir que los porteños son italianos que hablan español, se comportan como franceses y desearían ser ingleses, pero es cierto que Buenos Aires es una ciudad hecha por inmigrantes de todas partes, fundamentalmente europeos, que han aportado ese toque de clase y cultura del que tanto les gusta presumir. Sus avenidas son como los bulevares parisinos, los viejos barrios son como los de Génova, los grandes edificios, como los de la Gran Vía de Madrid.

Le ponemos un cierto aire de tango a la cosa y nos vamos hacia uno de los lugares más típicos de la ciudad: La Boca. Aquí estuvo el primitivo puerto de la ciudad, sus primeros habitantes, en su mayoría inmigrantes italianos, que construyeron sus casas de madera y zinc, pintándolas con sobrantes de pintura de los barcos. Esta colorida costumbre se conservó hasta nuestros días, e hizo de Caminito uno de los lugares más pintorescos de la ciudad. Aquí abundan los tópicos, con la pesada sombra de Maradona sobre La Boca, y cada rincón está hecho de nostalgia y tipismo, fundiéndose con el colorido de las fachadas.

La pesada sombra de Maradona

La Boca nos invita a un paseo a ritmo de nostalgia, dejándonos envolver por el tango, esa música sensual que se acompaña de amargas letras, es el alma de los porteños. Sus sonidos, como melancólicos quejidos del bandoneón, reflejan el escepticismo, la tristeza e incluso el sentido del humor de los argentinos.

Dicen que el tango surgió como una mezcla de las habaneras, de la milonga y del candombe de los esclavos negros.

De oscuros orígenes, no se sabe muy bien cómo ni cuando nació el tango. Dicen que surgió a finales del siglo pasado como una mezcla de las habaneras que llegaban en los buques procedentes del Caribe, de la milonga de la pampa argentina y uruguaya y del candombe de los esclavos negros. El resultado fue un ritmo para bailar en un fundido abrazo, una música que encontró su primer éxito en los prostíbulos pero que a principios del siglo XX se puso de moda en los salones más elegantes de París, Londres y Roma, y en Argentina la oligarquía acepta esta música de lupanar. Nacen así los mejores conjuntos y las primeras orquestas pero aún faltaban las letras.

Por fin, en 1917 Carlos Gardel canta el primer tango-canción: se llamaba Mi noche triste. Su éxito fue rotundo y vendió en pocas semanas más de 100.000 discos y cientos de miles de partituras. Fue el principio de miles de historias para ser cantadas en forma de tango y surgieron otros muchos cantantes que nunca llegaron a ensombrecer la figura mítica de Gardel, engrandecida aún más por su trágica muerte en un accidente aéreo en 1935.

En Buenos Aires es imprescindible visitar al menos un club de tango, y si puede ser, el famoso Viejo Almacén (Balcarce con Independecia) que, construido en 1780, fue también hospital, bodega y restaurante hasta que a finales de los sesenta fue transformado en la tanguería más famosa, símbolo para muchos del espíritu porteño. Otra referencia interesante es La Casa de Carlos Gardel (Jean Jaurés, 735), Tanguería Corrientes Angosta (Lavalle, 750).

Entre galerías de arte

El polo opuesto a la Boca es el también céntrico barrio de Recoleta, saturado de adornos navideños. Lazos rojos y un obeso Papa Noel en cada esquina. Es una de las zonas más exclusivas de Buenos Aires, donde las fantásticas viviendas de estilo europeo se funden con buenos locales, galerías de arte, restaurantes y cafés en cuyas terrazas se sientan los porteños más elegantes a ver y dejarse ver. Su nombre se debe al Convento de los Padres Recoletos, convertido hoy en un centro cultural, pero el barrio es célebre sobre todo por su Cementerio, considerado por algunos el más bello del mundo por sus monumentos y panteones, algunos declarados Patrimonio Nacional.

Un barrio con solera es San Telmo, que tras sucesivos cambios, es el centro de tiendas de antigüedades de la ciudad.

Otro de los barrios con solera es San Telmo, el antiguo barrio portuario, que tras sucesivas transformaciones se ha convertido en el mayor centro de tiendas de antigüedades de Buenos Aires. Todos los festivos en la Plaza de Dorrego se reúnen más de 140 puestos que ofrecen sus mejores piezas de colección. Tanto por la cantidad como por la calidad de los objetos expuestos es el centro comercial de antigüedades más importante de América. Es el barrio de los clubes de tango.

Para tomar un respiro, se recomienda pasear por los bosques de Palermo, donde los lagos y jardines invitan al descanso. Buenos Aires es una ciudad para pasear, y no sólo en los Bosques de Palermo o en Palermo Chico, entre sus calles curvas y grandes palacetes.

Hoy Palermo es una zona de moda. En torno a los estudios de televisión hay todo un micromundo llamado Palermo Hollywood y Palermo SOHO, donde destaca una enorme cantidad de locales de vanguardia y restaurantes en casas recicladas que proponen todo tipo de alternativas gastronómicas.

 
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