El océano Pacífico es la más grande extensión de agua del planeta, bordeada por algunas de las playas más bellas del mundo y salpicada por islas que son la representación del Paraíso. Desde ellas, los atardeceres se visten de rojos brillantes y la calma desciende envolviendo al que las contempla. Estas son algunas sugerencias para contemplar los más bellos atardeceres.

En este idílico archipiélago de los Mares del Sur reposan los restos de Robert Louis Stevenson, el escritor escocés que tras viajar durante muchos años por todo el mundo, vino a encontrar su auténtica isla del tesoro en estas islas a medio camino entre Hawaii y Sydney. Cualquiera de sus playas es buena para situarse al atardecer y contemplar la puesta de sol, pero recomendamos lo alto del monte Vaea, donde se encuentra Vailima, la casa en la que el novelista escocés escribió sus últimas obras, ya enfermo de tuberculosis.
La casa está en las laderas del monte, cerca de Apia -la capital- y es la mejor casa de estilo colonial de la isla, convertida en residencia del primer ministro. Se sube por un camino que más bien es un túnel abierto en el bosque hasta la cima del Vaea, donde reposan sus restos y los de su esposa. Sus tumbas, pintadas de blanco, destacan en un claro desde el que se contempla el mar con la línea dibujada de los arrecifes. Es un lugar solitario, hermoso y conmovedor, perfecto para contemplar como el sol cae sobre el Pacífico. Otras sugerencias en la misma isla de Upulu son la playa de Saleapaga, frente al islote de Nu'utele; la de Mulivai; la playa de Fale o la del Regreso al Paraíso, un lugar idílico de arena rodeada por un bosque de palmeras en el que Gary Cooper rodó en 1951 la película del mismo nombre.
| Más información: www.samoa.travel.com.

Sólo el azar ha hecho que en Tonga no se hable español. Fueron los españoles quienes descubrieron en 1781 estas islas y las declararon posesión del Rey de España, pero todo quedó en papel mojado y Tonga siguió con sus propios reyes. Hoy, dos siglos después, siguen sufriendo el «síndrome del paraíso»: islas de escarpadas formas cubiertas de frondosa naturaleza y rodeadas por aguas cristalinas con jardines de coral en el fondo del mar, lagunas y playas. Sus tradiciones maravillosas combinan las danzas tribales con la hospitalidad deliciosa y refinada hacia el visitante.
En el archipiélago quedan islas deliciosas, ajenas al trasiego turístico. Como Eua, una isla para caminar y explorar sin prisas, que presume de ofrecer el más espectacular mirador al mar de todo Tonga, concretamente en Anokula, donde el rey construyó su palacio en 1983. Un impresionante acantilado cae desde más de 120 metros sobre la costa, ofreciendo un panorama espectacular. Es un lugar ligado, cómo no, a numerosas leyendas. También es un punto perfecto para contemplar las ballenas, entre mediados de junio y noviembre, o descubrir las espectaculares grutas que son uno de sus principales atractivos.
| Más información: www.tongaholiday.com, en www.pmo.gov.to y en la web www.tongatapu.net.to.

Existe un lugar más allá de las Antípodas: la isla Steward está al sur del sur. Contemplando el atardecer desde su Bahía de Sawdust, uno tiene la sensación de haber llegado al fin del mundo. Con alrededor de cuatrocientos habitantes y apenas visitada por los turistas, esta isla despojada y agreste, es un auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza. La isla Steward, que los nativos conocen como Rakiura, se encuentra a 30 kilómetros al sur de la Isla Sur de Nueva Zelanda, apenas separada por el estrecho de Foveaux. Estamos a sólo tres horas de avión de la Antártida y eso se aprecia en la naturaleza despojada y agreste de la isla.
Steward Island es uno de los pocos reductos donde podrá contemplar a los pájaros kiwis en su ambiente natural. También es un excelente lugar para ver alcatraces, focas, delfines y hasta pingüinos. Uno de los mayores atractivos de esta pequeña isla es el Parque Natural de Rakiura, en el norte. Desde allí merece la pena acercarse a la bahía de Sawdust, en la costa este, en la entrada más protegida a la isla. Al atardecer, el sol desciende casi sin fuerza y uno tiene la verdadera sensación de haber alcanzado el confín del mundo.
| Más información: www.stewartisland.co.nz.

Cuando uno se imagina disfrutando en el paraíso, normalmente lo que dibuja en su mente es un lugar como Vatulele. Pronunciado «Vah-too-lay-lay», quiere decir en fijiano Anillo de rocas. La isla está situada en la Costa de Coral, al sur de la mayor isla del archipiélago, Viti Levu. Uno de eso lugares que no se olvidan. Para puestas de sol mágicas, sin duda las del Vatulele Island Resort, uno de los más exclusivos de Fiji, situado en esta paradisíaca isla, a media hora de vuelo de Nadi. Es un balcón directo a los Mares del Sur, que se extienden más allá de la magnífica barrera de corral que forma un gran lagoon frente al resort. La cocina es excelente, el servicio muy personalizado y la propuesta de actividades enorme, pero lo que más llama su atención son sus villas, 19 en total, con jardín y piscinas privadas, salón, dormitorio, baño y bar particular.
Además del complejo hotelero, los únicos habitantes de la isla, apenas unos 900, viven en cuatro poblados dedicados a la pesca, sus pequeños huertos y a la artesanía de ropas de tapa, por las que es famosa la isla. Prácticamente al margen de la influencia occidental, son los compañeros perfectos para dedicarse al placer de contemplar cada tarde cómo el sol cae por el horizonte, formando parte del eterno ciclo de la tierra.
| Más información: www.vatuleleislandresort.com.

Las Cook tienen el honor de ser las elegidas para llevar el nombre del famoso Capitán Cook que surcó estos mares desde 1768 hasta febrero de 1779, cuando fue asesinado por los hawaianos. El famoso navegante inglés dejó estos mares poblados de montes, bahías, volcanes, ciudades e islotes bautizados con su nombre en todo el Pacífico. Estas islas se han convertido en una meca para lunas de miel y viajeros ansiosos por descubrir el verdadero espíritu de los mares del sur. En su isla principal, Rarotonga, se atisba este espíritu de paraíso que preside el Pacífico Sur.
Aquí todo es casi perfecto: una vegetación que parece un cuidado jardín, magníficas montañas y lagos, agradables valles y playas blancas de esas que aparecen en los calendarios. Las puestas de sol están en consonancia y para prueba, la que se contempla desde el pico de Raemauru. Desde allí podremos descender para recorrer los rincones más bellos de la isla: Arorangi, en la costa oeste, primer pueblo misionero de la isla, el lago Muri, el puerto de Avana, Matavera o cualquiera de sus playas.
| Más información: www.cook-islands.com.

La costa oeste de la isla sur de Nueva Zelanda es una de las zonas menos habitadas del mundo y sin embargo, nada aquí resulta salvaje o peligroso. Se trata de una sucesión de fiordos de bella estampa que han sido preservados por los neozelandeses a base de no facilitar su acceso: bien en un crucero para entrar desde el mar, bien a pie a través de sus bien señalizados senderos. Pero merece la pena. Los cruceros que parten al atardecer por el Milford Sound, el más turístico de estos fiordos, permiten contemplar uno de los más bellos atardeceres del planeta, rodeados escarpadas rocas que alcanzan los 1.200 metros a ambos lados.
Entre los picos se encuentran The Elephant (El Elefante) a 1.517 metros, que semeja la forma de un paquidermo, y Lion Mountain, a 1.302 metros, con forma de un león agachado. El fiordo se adentra 15 kilómetros tierra adentro desde el mar de Tanzania y navegando por él resulta fácil descubrir focas, delfines o pingüinos, que son los visitantes más frecuentes de esta aguas. Ruyard Kipling dijo del Milford Sound que era «la octava maravilla del mundo». La escasa capacidad de alojamiento de la zona limita la estancia en los fiordos e incluso el senderismo a través del famoso Milford Track. Milford Sound está a 295 km de Queenstown (unas 3 horas y media de viaje), y a unos 120 de Te Anau, otro de los centros turísticos del sur.
| Más información: www.fiordland.org.nz.

Estamos en Nueva Caledonia, archipiélago en medio del Pacífico, un paraíso tropical, tranquilo, con un inconfundible aire francés. En este idílico rincón de los Mares del Sur las puestas de sol resultan muy recomendables, por ejemplo las que se contemplan desde las bahías de Kuto y Kanumera que rodean la península de Kuto. Cuando se pone el sol, el horizonte se cubre de colores imposibles y uno podría pensar por un momento que la tierra es un lugar perfecto. La Isla de los Pinos es la segunda isla de este archipiélago que tiene su centro neurálgico en la vecina Grande Terre, mucho más turística. Está a unos veinte minutos en avión, al sur desde Noumea.
En otros tiempos fue una penitenciaría (la crearon para albergar a unos deportados de la Comuna de París, en el siglo XIX) pero hoy es sobre todo un lugar al que acuden los submarinistas de todo el mundo. Sólo tiene una población, Vao, el típico pueblo de los Mares del Sur, con escuela, ayuntamiento, tiendas y una Misión presidida por una iglesia colonial. El tiempo parece detenido, aquí como en el resto de la isla. Los kunies, que son los habitantes de Los Pinos, viven aún de la pesca de langosta y de pescados, el cultivo de tubérculos y la fabricación de piraguas de vela triangular.
| Más información: www.nouvellecaledonietourisme-sud.com.

Desde el Parque Nacional de Haleakala, en la costa oeste de Maui (Hawai), se contempla una imagen que las cámaras apenas consiguen captar: el sol desapareciendo en el horizonte del Pacífico, allí, en medio de este infinito océano. Es una de las imágenes más románticas de cuantas se contemplan en Hawai y dicen que la puesta de sol más espectacular del archipiélago. El Parque Nacional de Haleakala incluye la llamada playa de Kaanapal y el mejor lugar para conocerlo es el Kaanapali Resort, en la misma costa.
Es uno de los más impresionantes hoteles de la isla, perfecto para la práctica de deportes acuáticos, senderismo entre volcanes o bosques subtropicales... Los más intrépidos pueden incluso subir a la cima del Haleakala, el pico más alto de Maui, a 3.050 metros sobre el nivel del mar. Muy cerca de allí se pueden contemplar las islas sobre el Canal Auau, una imagen que fue votada varias veces por los lectores de la Hawai Magazine como la playa con la mejor puesta de sol de las islas.
| Más información: www.haleakala.national-park.com.
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