SUIZA
Si lo que realmente quiere es seguir viajando y anda pensando cómo protegerse de la crisis económica, lo más adecuado es probar el hotel de cero estrellas, un refugio nuclear habilitado como establecimiento de bajo coste que el año que viene abrirá sus puertas en la localidad suiza de Sevelen.
Los primeros clientes, unos quince, elegidos como conejillos de Indias, ya han probado las instalaciones siguiendo las normas de la casa. Nada más llegar y hacer el check-in, el huésped debe girar una especie de ruleta de la suerte para ver la habitación que le va a tocar. Los banñs son compartidos y recuerdan a los de un internado hasta en el turno establecido para las duchas. En el búnker las mujeres se duchan a las horas en punto y los hombres a las y media, haciendo honor a la puntualidad suiza.
El Zero Star Hotel, tal como ha sido bautizado, se basa en la idea de dos hermanos gemelos, Patrik y Frank Riklin, cuyo objetivo era aprovechar esta reliquia de la Guerra Fría que hasta ahora permanecia vacía. Tras el inicial escepticismo por parte de las autoridades locales, el Zero Star Hotel ha sido financiado por el municipio de Sevelen.
Las habitaciones son de distintas categorías: Standard, Komfort, First Class y Luxus (una cama rústica alpina para dos en una habitación). Las restantes habitaciones más económicas son salas repletas de literas que recuerdan más bien a un cuartel militar. Las otras, más reducidas, también se comparten pero con menos personas.
Y al que le toque en la ruleta las First Class o Luxus, deberá abonar la tarifa máxima de 20 euros. A cambio dormirá, si la falta de ventilación no se lo impide -recuerde que estamos en un búnker atómico-, con la garantía de que al día siguiente habrá café mañanero servido en la cama por un camarero de guante blanco. La hospitalidad está garantizada y los precios están fijados entre los 6 y 20 euros por noche, todo un regalo para los nostálgicos de la Guerra Fría.
El búnker no tiene ventanas, por lo que no se recomienda la pernoctación a las personas con claustrofobia. Gracias a las nuevas tecnologías, los hermanos Riklin han tenido el ingenio de simular las ventanas con pantallas de plasma que proyectan imágenes del exterior alpino mediante una web-cam.
Si es usted un sibarita y está acostumbrado a relajarse en spas, déjese de refugios atómicos porque el único lujo sensorial que encontrará en el búnker es una fuente llena de flores acuáticas que decora el baño colectivo. Para hacer honor a su categoría, el uso de agua caliente dependerá de la categoría de la habitación que le toque al cliente. No todas la tienen incluida y aunque la temperatura es agradable en el refugio, si llega a echar de menos la calefacción tendrá a su disposición una bolsa de agua.
El búnker, en su día secreto, se ha convertido en un hotel famoso y no paran de llegar reservas desde EEUU, Australia, China y Japón. «Lo que más me gusta de esta idea nuestra es saber que el que vaya a un hotel de cero estrellas no espera ningún lujo, sino más bien renuncia a su confort diario y eso hace que la gente esté contenta y no tenga nigún motivo de queja», afirma Patrik.
El propio alcalde de Sevelen, Roman Zogg, está encantado con las peticiones de reserva que llegan a raudales a través del email info@sonderaufgaben.ch y anima a los bancos y cajas a organizar sus seminarios en el refugio atómico. «En tiempos de crisis, es la banca la que tiene que dar el primer ejemplo» añade Herr Zogg.
Más información en: www.null-stern-hotel.ch.
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