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Guilin, un bosque de colinas kársticas

Existe un lugar en el suroeste de China que parece sacado de un libro de aventuras cuya trama discurre en los confines de la tierra. Se llama Guilin y es una pequeña (en términos chinos) localidad que destaca por su espectacular paisaje a base de colinas kársticas e inmensas y misteriosas cuevas.

Ana Pérez

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Actualizado lunes 10/11/2008 16:20 horas

Guilin, en la provincia de Guanxi, al suroeste de China, debe todo su esplendor a la generosidad de la madre Naturaleza. Una generosidad exacerbada en esta coqueta comarca rural, en la que la vista es incapaz de abarcar tanta belleza. Otra cosa es la ciudad, que no tiene el mínimo interés turístico a excepción de las Pagodas gemelas del río Shanshu y un par de sitios más. Acaso lo más llamativo sea el día a día de las hordas de chinos que viven en Guilin.

Miles de motos eléctricas (por fortuna están insonorizadas) invaden las calles desde primera hora de la mañana y es fácil toparse con puestos de comida callejera donde se puede ver a plena luz del día cómo matan una gallina y la preparan para vender. Trozos de carne cruda descansan sobre tenderetes improvisados mientras otros puestos venden ya la carne asada y lista para llevar (en bolsas de plástico semitrasparentes).

Pero sin duda, lo más interesante de Guilin está más allá del asfalto, donde comienza un bucólico bosque de montañas kársticas. La mejor forma de disfrutar del esplendor de Guilin es a través del río Li. De los 437 kilómetros de este magestuoso río, los 83 Km que separan Guilin de la pintoresca localidad de Yanshuo, son los más impresionantes. El plan perfecto es embarcarse en uno de los numeroso barcos que bajan el río cada día.

Orgullo nacional

Un relajante paseo en barco de unas cuatro horas y media de duración (el almuerzo está incluido) durante el que se disfruta de un festival visual difícil de superar. A ambos lados del río, miles de montañas kársticas dan forma a uno de los paisajes más pintorescos e inolvidables de China. Tanto es así, que desde tiempos inmemoriales ha servido de inspiración a artistas y poetas chinos. El orgullo nacional por esta zona es tal que ha quedado plasmada en la parte posterior de los billetes de 20 yuanes; al otro lado de la cara de Mao.

El orgullo nacional por esta zona es tal que ha quedado plasmada en la parte posterior de los billetes de 20 yuanes.

Pero no les falta razón al venerar semejante obra maestra de la arquitectura geográfica (las montañas crecen en forma de pináculo por efecto de la erosión química que se produce en las superficies calcáreas). La de Guilin es una de las zonas kársticas más grandes del mundo. Abarca un área de unos 500.000 kilómetros cuadrados que se extienden elegantemente por varias provincias del suroeste chino.

El descenso del río comienza en el embarcadero de Zhujiang, desde donde ya se aprecia el reflejo de las colinas en las aguas tranquilas y cristalinas del poco profundo río Li. Después vendrán Yangdi, Xingping, Xiaolong, Langshi o la Colina de los Nueve caballos pintados, sólo por mencionar alguno de los puntos más descados del recorrido fluvial. Este trayecto también puede realizarse en balsa de bambú, aunque es más recomendable dejar esta experiencia para trayectos más cortos en Yangshuo.

Una vez en Yangshuo, sorprende la cantidad de turistas occidentales que se concentran en tan poco espacio. Y es que en los últimos años, la ruta Guilin-Yanshuo se ha convertido en un lugar imprescindible a la hora de visitar China. Yangshuo es una zona rural en toda regla. Más allá de turistas, uno encuentra campesinos y pescadores extraordinariamente pobres que apenas sobreviven con lo que la tierra o el río les proporciona.

Remando en balsa de bambú

Esa típica imagen a contraluz del humilde pescador con el gorrito acabado en forma de pico que rema en su balsa de bambú al atardecer es de lo más común en Yangshuo. De hecho, es Yangshuo. Pese a esto, no encontrará mendigo que le moleste, porque ellos son felices con lo que tienen.

Otro de los escenarios que recuerdan al visitante que está en el corazón de la China profunda son los arrozales.

Y lo que tienen, tratan de rentabilizarlo al máximo. Tal es el caso de los pescadores que pescan con cormorán. Es una técnica típica de esta zona de China que consiste en que dichas aves acuáticas realicen el trabajo sucio de los pescadores. Para ello han sido previamente amaestradas y uncidas con un aro que les aprisiona el cuello para evitar que se zampen las capturas.

Con la presa entre el pico, el pescador, desde su balsa de bambú, engancha su remo a una cuerda conectada al aro que rodea el cuello del cormorán. De una sacudida, el ave está a los pies del pescador. Sin duda, un espectáculo cotidiano recomendable y del que también se puede disfrutar por la noche.

Otro de los escenarios que recuerdan al visitante que se encuentra en el corazón de la China profunda son los arrozales. Inmensos campos amarillos contrastan con la frescura del verde paisaje y el resplandor del cielo azul. Si uno se apunta a alguno de los tours que hay para adentrarse en los arrozales, el guía hará todo lo posible por convencer a las campesinas que desgranan las espigas en rudimentarias máquinas para que le dejen intervenir en el proceso. Eso sí, hay que estar preparado para quitarse los zapatos y pisar con fuerza la manivela que acciona la máquina. Una experiencia inolvidable.

En cuanto a las cuevas, son especialmente llamativas la Dragon cave, Buddha cave, Silver cave y Crown cave. Y puestos a aprovechar el viaje, conviene desplazarse unos kilómetros en dirección norte. Sus ojos se lo agradecerán cuando tenga de frente el Espinazo del Dragón de Longsheng. Estos irrepetibles bancales de arroz son una auténtica maravilla de la ingeniería agrícola china.

 
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